Amira es la única hija del Archiduque Vahva, y como toda chica de su edad, su mayor deseo es casarse y tener hijos, ser una buena esposa y una excelente madre, pero su deseo tiene un gran obstáculo y es ese es su reputación y es que desde los 6 años se ha ganado el nombre de la “muerte coral”, debido a su color de cabello, y a que desde edad Amira ya era tan letal como su padre, un hombre que mataba a sus enemigos sin miramientos.
Amira, criada por su padre para tomar su lugar, era una de las mejores, por no decir la mejor, de todo el imperio de Ópalo, llevando con orgullo el nombre de su familia y acabando con aquellos que amenazaban al imperio y a sus habitantes sin contemplación.
A pesar de sentirse feliz con ser la sucesora de su padre, Amira deseaba formar una familia, pero los hombres huían de ella como si se llevara la peste, pero a pesar de eso Amira no pensaba rendirse hasta encontrar el verdadero amor, lo que Amira no sabe, es que ese amor está más cerca de lo que cree.
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Capítulo 11
Tras terminar la ceremonia, todos se trasladaron al palacio imperial, en donde se llevaría a cabo la fiesta posterior a la ceremonia, en dicha fiesta asistirían más personas, y es que asistirían las familias de aquellos que habían asistido a la ceremonia, así como otros nobles de menor rango que no habían tenido la oportunidad de asistir a la ceremonia pero si a la fiesta.
Mientras dentro del palacio se celebraba una fiesta, fuera de este había un festival para todos los pobladores, en donde había comida y juegos, algunos gratuitos por parte de la corona, y la celebración no se limitaba a la capital, todo el reino celebraba, con distintos regalos dados por la corona, como banquetes o algunos elementos nuevos de trabajo, todo el reino estaba de fiesta y eso se sentía en el ambiente.
Amira entro al gran salón del palacio acompañada de su padre, luciendo un hermoso vestido color azul claro con detalles en un tono de azul más oscuro, sin lugar a dudas lucia hermosa, y su padre, que usaba un tarje a juego con su hija, también lucia muy apuesto, la belleza de la pareja de padre e hija no paso desapercibida por los asistentes de la fiesta, ya que todos la miradas fueron hacia ellos en cuanto llegaron, pero rápidamente todas esas miradas dirigieron su atención en algo más por temor a ofender a Griff o a su hija, y que estos tomaran represalias en su contra, y es que el temor que los presentes tenían hacia el archiduque Vahva y su primogénita era tal que todos los asistentes de la fiesta se alejaron de ellos en un intento de tener el menor contacto posible con la pareja y así evitar cualquier mínimo problema.
- Otro fiesta, otra aburrida noche, si no fuera la boda de Oliver hubiera buscado una excusa para no asistir – le dice Amira a su padre algo desanimada, y es que todas las señoritas de su edad evitan su mirada y los hombres se alejan de ella como su llevara la peste.
- No te pongas así hija mía, se que estos eventos no son los más entretenidos para nosotros, pero quien sabe este tal vez sea diferente – le dice su padre, lo que Griff no sabe es que en breve se arrepentirá de sus palabras.
- ¿Diferente en que?, pasare toda la noche sola, hasta que Oliver y su prometida se desocupen para estar conmigo, y si llego a bailar solo será contigo o con el emperador – se queja la joven.
- ¿Y que hay de malo en bailar conmigo?, entiendo que sea molesto para ti bailar con el idiota de Marcelo, pero yo – le pregunta su padre, fingiéndose ofendido.
- No tiene nada de malo, pero has sido mi pareja de baile desde que tengo 3 años, creo que ya esta llegando el momento de que esto cambie – le responde Amira a su padre.
La conversación padre e hija se ve interrumpida por el incremento de murmullos en el salón, y Amira sin dudarlo fija su vista a donde todos los demás invitados la tienen, y puede ver la razón de tanto alboroto, y como culparlos, su reacción es entendible, y es que quienes acaban de hacer su entrada es nada más ni nada menos que los duques Rigdom, quienes son la tercera familia más influyente del imperio, solo después de la familia imperial y del archiducado Vahva.
El ducado Rigdom era conocido por su riqueza, producto de distintos negocios que el ducado tenia dentro y fuera del imperio, dicho ducado sin lugar a dudas era uno de los pilares del imperio, y es que su riqueza superaba a la del archiducado Vahva y se acercaba demasiado a la del mismísimo emperador, y si bien su fuerza militar no era rival ni para la familia imperial, ni mucho menos para el archiducado Vahva, sin lugar a dudas eran una familia poderosa.
Amira reconocía a la pareja ducal, pero no al joven que los acompañaba este era un hombre de una edad parecida a la suya, de cabello azul oscuro, casi de color negro, y ojos de color amarillo con algunas vetas de verde que los hacían parecer más oscuros de lo que en realidad eran, era sin duda un hombre muy apuesto, algo que Amira podía apreciar desde donde se encontraba.
- ¿Es el hijo de los duques Rigdom? – le pregunto Amira a su padre, por lo que la peli coral sabia, el hijo de los duques Rigdom había abandonado el imperio a una temprana edad para estudiar en el extranjero.
- Así parece, no sabia que ya había vuelto – le contesta su padre y ambos ven como el joven Rigdom es rodeado por varias señoritas que buscan si atención, pero quien podía culparlas, Herman Rigdom era un excelente partido para cualquiera, no por algo, aun sin estar en el imperio, era de los solteros más codiciados.
Amira veía con algo de tristeza como Herman hablaba animadamente con una de esas señoritas, y si bien Amira no sabia de quien se trataba, la dama era hermosa, y parecía que ambos ya se conocían, así que con resignación desvió su mirada, todo apuntaba a que Herman Rigdom ya tenia a alguien en mente para casarse, una lastima, ya que Amira se sintió atraída por el joven desde que lo vio.
Amira no tuvo mucho tiempo de seguir dándole vueltas al asunto de Herman, por que las puertas principales se abrieron, y las trompetas sonaron, dándole entrada a la nueva pareja imperial, quienes volvían de su paseo por la ciudad.
La pareja entro de la mano, y sin dudarlo tomaron su lugar al lado de la actual pareja de emperadores, y uno a uno los presentes pasaron a dar sus felicitaciones a la pareja, siendo los últimos Amira y su padre.
- Felicidades amigo, tienes mucho que agradecer, ya que si fuera por ti nunca hubieras logrado casarte con una mujer tan bella como Iliana – le dice Amira a Oliver mientras lo abraza.
- Es lo bueno de ser de la realeza, para nosotros solo lo mejor – le responde Oliver, a la vez que se separa de su amiga para abrazar a su esposa.
- Jajaja – se oyó la risa del emperador, a quien se le hacia muy divertido oír hablar a la pareja de amigos.
El emperador era un hombre de 51 años, de cabello rubio y ojos rojos, a decir verdad además de los ojos, Oliver no se parecía mucho a su padre, ya que el joven era la viva imagen se su madre.
- Verlos hablarse así, me recuerda tanto a mi a mi amigo en el juventud – dice el emperador.
- ¿Solo en la juventud? por que esposo mío, ni tu ni el archiduque han cambiado nada desde que los conocí – dice la reina, causando la risa de todos.
Y mientras el grupo de amigos hablaba y reía, a lo ojos del resto de los invitados, esta interacción solo remarcaba aun más la cercana relación que había entre la familia imperial y el archiducado Vahva, algo que aliviaba a todos, por que de haber una mala relación entre ellos, el resultado para el imperio podría ser catastrófico.