Después de que Massimo cometiera el gran error de engañar a Martina y la perdiera para siempre tuvo que seguir viviendo, o simplemente sobreviviendo.
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Veintiuno
Massimo despertó a media tarde, no recordaba cuantas veces le había hecho el amor en la mañana a Lía ni cuantas veces la había escuchado gritar su nombre, pero sí sabía una cosa, necesitaba más de ella, aquello no había sido suficiente.
Cuando abrió los ojos la chica no estaba en su cama, no supo en que momento se fue de su lado ni a dónde habría ido, pero la iba a encontrar.
- Bea¿Dónde está Lía?- le preguntó al no encontrarla por ninguna parte de la casa.
- No lo sé, cuando llegué me había dejado una nota diciéndome que tenía que salir.¿Y tú cuando regresaste?- el hombre la miró extrañado sin saber de que le hablaba- ¿No tenías una reunión temprano?- le aclaró ella la duda.
- Ah sí, pero al final la suspendieron.
- ¿Sabes si Lía cambió las sábanas de tu cama?- el hombre sonrió.
- No, pero déjame esas, me gustan las que tengo puestas ahora.- Bea levantó una ceja pero no dijo nada- ¿Que tal fue la vacuna de Dante?
- Nada que no hiciera olvidar un helado y el caballo de un tiovivo, ahora está durmiendo. - el hombre volvió a sonreir.
- Iré a verlo un momento, después voy a comer algo, hoy ni siquiera he desayunado.
- ¿Eso quiere decir que no has salido de la habitación en todo el día?
- Nop- le contestó como lo haría un adolescente y a la chica le pareció que algo no andaba bien.
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Ya era tarde en la noche y Lía estaba sentada al borde de su cama en el convento, de donde nunca debió salir, había llorado toda la tarde y también había estado con el padre Arsenio, necesitaba paz y pensar, ella hizo una promesa y la había roto, y ahora ya no tenía marcha atrás.
Temprano habló con Bea y le dijo que estaría unos días fuera, si le decía que no pensaba regresar ya habría venido a buscarla.
Su teléfono había estado encendiéndose una y otra vez anunciando que Massimo la llamaba, no había contestado ni una y ahora se escuchaba el sonido de WhatsApp que no paraba, uno tras otro entraban los mensajes de voz que ella no escuchaba y así estuvo hasta la madrugada.
Massimo salió de su habitación al día siguiente demacrado y hecho un desastre, con un enfado de los mil demonios y nadie sabía porqué, no había descansado nada en toda la noche caminando de un lado al otro de la habitación recriminándose el haberse dormido y que ella se hubiera ido de su lado sin que él se diera cuenta, en todas esas horas pasó de un estado anímico a otro; estuvo enfadado, triste, ansioso, deprimido y ahora otra vez enfadado y por suerte nadie fue por su cuarto a molestar o no habría terminado bien.
- Massimo Lía me llamó anoche- le dijo Bea a modo de información sin saber que con aquello iba a tocar un avispero- Dice que va a demorar unos días fuera.
- ¿Te llamó a ti y a mi no puede cogerme el puto teléfono ni una vez? La he llamado mil veces y otras tantas le puse mensajes y nada, yo no valgo una mierda para ella.- Massimo gritaba sin control y Bea caminó hacia atrás asustada antes de escuchar un vaso caer al final de la cocina.
- Massimo- le gritó Alessio que llegó corriendo al escuchar el escándalo- ¿Qué te pasa?¿Estás loco?- y el hombre solamente lo miró y salió de allí como alma que se lleva el diablo antes de seguir lanzado cosas.- ¿Qué pasó, qué le dijiste?- el hombre abrazó a la chica que temblaba del susto.
- Nada, que Lía iba a estar fuera unos días y se volvió loco de pronto.- sollozó la chica en el pecho de el hombre.
- Ya, no pasa nada, me parece que sé lo que tiene.- le pasó la mano por la espalda y la besó- Voy con él ahora¿Ya estás bien?¿Te puedo dejar sola?
- Sí, no te preocupes, ve a ver que le pasa antes de que mate a alguien.
- Ve a tu habitación un rato si quieres, después regreso.- y le dejó un pequeño beso en los labios antes de irse.
Cuando Alessio entró en el despacho Massimo estaba enviando un mensaje de voz que se imaginó que fuera a Lía por la forma en la que gritaba.
- Dame el teléfono Massimo- le dijo a su amigo y este paró de gritar para mirarlo- Dámelo Massimo o borra lo que acabas de grabar antes de enviarlo.- el hombre miró otra vez la pantalla y le entregó el dispositivo sin chistar y Alessio borró la última grabación.
- No quiere hablar conmigo.
- Y lo mejor que se te ocurre es gritarle y amenazarla.
- Ya no se me ocurre nada, desde ayer le he pedido, suplicado, gritado, ordenado y hasta la amenacé con hacer desaparecer el convento si no regresaba y ni los ha escuchado, no le importa.
- ¿Te acuerdas de lo que es ella verdad?¿No has pensado que puede estar asustada de lo que sea que hiciste?- y Massimo se pasó la mano por el pelo como si quisiera espantar sus demonios con ese gesto.
- Ya no sé nada, ya no sé nada.- repitió mientras caminaba de un lado al otro del despacho buscando la calma que no lograba encontrar.
Mucho rato no había pasado cuando el teléfono de Massimo que había quedado sobre el escritorio comenzó a sonar y el hombre corrió hasta él con la esperanza de que ella fuera quien llamaba, pero lamentablemente era Giulia para informarle de un problema y que debía de viajar.
- Quizás eso es lo mejor, cuando regresemos la vuelves a llamar y seguramente ya te contesta.- Alessio trataba de ahuyentar cualquier estado de ánimo negativo de su amigo, lo que iban a resolver era importante y lo que menos necesitaban era que él estuviera a la defensiva.
- De todas formas tengo que ir, sea lo mejor o no, pero antes tengo que hablar con Bea, le debo una disculpa, ve arreglando tus cosas en lo que yo la veo.- Alessio asintió.
- Debe estar en su habitación, no la asustes más de lo que ya está, dile que en un momento estoy con ella.- y ambos hombres salieron del despacho pero con rumbos diferentes.
LEÍ TODOS EN ORDEN HASTA LLEGAR A ESTA.
QUE SIGUE????
gracias por compartirla
muchas felicidades y muchísimas bendiciones
necesitan hablar y ayuda profesional para sanar ya que se aman y tienen una hija y otro en camino