Samanta, una joven mujer llena de ilusiones, descubre de la peor manera posible la infidelidad de su esposo de toda la vida. Rota y desesperada, decide dejar atrás su pasado y comenzar una nueva vida en otra ciudad.
Es en esta nueva ciudad Samanta conocerá a Marco, un hombre misterioso y encantador que parece aparecer en los momentos más oportunos. En dos ocasiones, Marco la rescata de situaciones peligrosas y esto crea un vínculo especial entre ambos.
Sin embargo, la atracción entre Samanta y Marco se vuelve un tormento cuando descubren que están destinados a no poder estar juntos. Marco se encuentra a punto de contraer matrimonio con alguien más y, aunque ambos intentan resistirse a la tentación, se sienten irresistiblemente atraídos el uno por el otro.
El mito del hilo rojo del destino, que dice que los hilos invisibles atan a las personas que están destinadas a estar juntas, parece hacerse real entre Samanta y Marco.
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Conexión de hermanos
Samanta entró a la casa con pasos sigilosos, tratando de no hacer ruido. La tenue luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, iluminando apenas el pasillo. Cerró la puerta con cuidado y se volvió para encontrarse con la mirada inquisitiva de su hermano Jonás, que estaba sentado en el sofá de la sala de estar, con los brazos cruzados.
-¿Dónde has estado, Samanta?- preguntó Jonás con una expresión seria en su rostro-Te he estado esperando.
Samanta tragó saliva, sintiendo la tensión en el aire.
-Fui a una cita con Marco, como te dije.-Jonás frunció el ceño.
-Pero deberías haber regresado hace horas. ¿Qué pasó? ¿Dónde estuviste?- Ella sintió el peso de la preocupación y el enojo en la voz de su hermano, a pesar de que ya no era una adolescente para tener que soportar un interrogatoriosemejante, comprendía la inquietud de su hermano. Después de todo se suponía que como las veces anteriores su cita no pasara la media novhe, y ya eran casi las cuatro de la mañana.
-La cita se alargó, perdimos la noción del tiempo. Estaba teniendo una conversación interesante con Marco, y no quería interrumpirla.- explicó ella.
Jonás se levantó y se acercó a Samanta, mirándola fijamente.
-No puedo evitar preocuparme por ti, Sam. Estás saliendo con un tipo nuevo, apenas lo conoces. Aunque parece ser bueno, no sé si puedo confiar en él.-Samanta bajó la mirada, sintiéndose culpable por preocupar a su hermano.
- Cariño, entiendo tu preocupación, pero necesito la oportunidad de conocer a Marco mejor. No es como si hubiera estado en un lugar peligroso o algo así.
Jonás suspiró y finalmente asintió.
-De acuerdo, pero, por favor, comunica mejor tus planes la próxima vez. No sabía si debía llamar a la policía o qué.
Samanta asintió con gratitud.
-Lo siento, hermanito. Te prometo que seré más comunicativa en el futuro.
El hermano y la hermana se abrazaron, disipando la tensión en la sala, luego de que se soltaron Jonás la llevó hasta la barra de la cocina, la hizo sentarse en una de las bancas y se puso a preparar café.
-¿Qué estás haciendo?- indagó Sam.
-¿Preparando café?- respondió él.
-¿Y... como para qué o qué?-volvió a preguntar ella.
- Porque ya hice el papel de padre enojado, nena.- respondió él con toda la actitud- Ahora me toca hacer el de hermano cómplice.
Samanta sonrió ante la ocurrencia de su hermano, era innegable que la relación con él no había cambiado, pese a los años y la distancia.
Así que, luego de afirmar con la cabeza, la muchacha notó un cambio en la expresión de Jonás. Parecía menos preocupado y más aliviado.
-¿Y cómo estuvo la cita?-preguntó Jonás con una sonrisa. Samanta sonrió - Hermosa, él se portó muy caballeroso. Fue un caballero durante toda la noche. Tuvimos una conversación muy interesante, bajo la luz de las estrellas.
Jonás asintió, visiblemente relajado. -Me alegra saber que se comportó adecuadamente. Me preocupo por ti, Sam, y quiero asegurarme de que esta vez estés con alguien que te respete.
La muchacha abrazó a su hermano nuevamente.
-Gracias por preocuparte, hermanito- le dijo cariñosamente.
-¿Y como es eso de las estrellas?- indagó con curiosidad.
-Bueno, yo le dije que me gustaba observarlas, y el planeó nuestra cita de esta noche, como un picnic en un lugar donde se podían divisar todas las estrellas en su esplendor- respondió ella con la mirada inundada de ilusión- Marco es diferente a cualquier otro chico que he conocido- agregó Samanta entre suspiros- Creo que esta relación tiene potencial.-Jonás sonrió con sincera alegría.
-Lo único que quiero para ti, es tu felicidad, Sam. Si te hace feliz, entonces estoy feliz también.
La conversación continuó mientras los hermanos compartían sus pensamientos y sentimientos. Jonás finalmente se dio cuenta que Samanta estaba tomando decisiones muy importantes, que al parecer estaba dispuesta a dejar atrás sus miedos del pasado, y él solo quería lo mejor para su hermana.
Después de compartir sus pensamientos y sentimientos, Jonás miró a su hermana con determinación en los ojos.
-Sam, quiero que sepas algo-comenzó diciendo el muchacho- no importa quién sea el hombre que se encuentre en tu vida, siempre estaré aquí para cuidarte y protegerte. Si alguien llegara a lastimarte nuevamente, de alguna manera, no importa quién sea, estaré allí para partirle la cara, sin dudarlo.
Samanta se emocionó por las palabras de su hermano.
-Gracias, cariño.- le dijo ella envolviendolo en un enorme abrazo- Significa mucho para mí saber que siempre puedo contar contigo, pase lo que pase.
Jonás devolvió el abrazo con fuerza. -Esa es mi promesa, Sam. Eres mi hermana y siempre estaré aquí para ti, sin importar qué.- finalmente, tras decir esas palabras le dio un tierno beso en la frente- Y ahora mejor nos vamos a dormir porque mañana hay que trabajar y mucho- terminó diciendo y de esa manera cada uno se fue a su habitación descansar.
Mientras tanto Marco iba manejando su coche, con rumbo a su casa, suspiraba de a ratos recordando los besos compartidos con la muchacha. Llegó a su departamento sintiéndose más que feliz, Samanta era su novia y eso lo hacía llenarse de orgullo.
Luego de entrar a su departamento se arrojó en la cama, cerró los ojos intentando dormir, cosa que le que imposible, no podía sacarse de la mente el recuerdo de los labios de la muchacha sobre los suyos, su calidez, su visible temor. Temor que él estaba más que dispuesto a erradicar para siempre.
Entre pensamiento y pensamiento el tiempo fue corriendo, cuando se dio cuenta ya era la hora de levantarse, así que se puso de pie, se dio una buena ducha y tras vestirse salió con rumbo a la editorial. Mientras sacaba el coche del estacionamiento le escribió a su amigo invitándolo a desayunar, y Damián que lo conocía perfectamente entendió que Marco tenía algo muy importante que contarle. Así que sin ninguna demora aceptó aquel desayuno, consiguiendo una sonrisa de su amigo al leer la respuesta, después de todo ellos no eran solamente amigos, eran casi hermanos...
Hasta ahora viene muy aburrida