soy Brenda Suárez 24 años y lo que más amo es es tiempo y bueno no a todos lo agrado ya que todo se me sale 🥰🥰🥰🥰
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capitulo 3
Estaba dispuesta a hacer sentir a mi madre orgullosa de mí, aunque sabía que ya lo estaba. Lo único que mi madre pedía era que durara en un trabajo para que nuestra estabilidad económica mejorara, y así lo iba a hacer.
Me había levantado muy temprano y mi madre quedó sorprendida.
—No lo puedo creer… te levantaste sin que yo te llamara —dijo—. No sé ni dónde hacer la raya.
—Para que mires, madre, que te prometo que voy a cambiar. Haré que te sientas orgullosa de mí.
—Yo ya estoy orgullosa de ti, hija mía. Siempre fuiste la mejor estudiante. Lo único en lo que fallas es que no duras en los trabajos —respondió—. Pero aunque no lo creas, sé que tienes razón. Solo te pido un poquito más de prudencia… y verás cómo nuestra situación económica mejora.
Cuando llegué a aquella empresa vi que había muchísimo más gente que el día de mi entrevista. A todo el que pasaba lo saludaba: algunos me contestaban y otros no. Todos corrían de un lado a otro.
Me encontré con la señora Dulce, que me regaló una sonrisa y me dijo que el señor ya me estaba esperando. Di un gran suspiro para calmar mis nervios. Tenía que controlarme: no podía ponerme nerviosa cada vez que lo viera, ni quedarme mirándolo como una tonta.
Cuando entré a la oficina de mi jefe, me di cuenta de que Dios había hecho a este hombre perfecto. Era tan espectacular… Nunca pensé que una persona pudiera tenerlo todo: belleza y riqueza. ¿Qué más le puede pedir a la vida?
Pero hoy no iba a perder el tiempo mirándolo. Yo no vine a verlo a él: vine a trabajar. Y si no hacía bien mi trabajo, estaba segura de que me iba a despedir. Y yo no iba a perder este empleo.
—Señorita Suárez, hoy se ve muy diferente a ayer. Así es como debe venir a trabajar.
Quise preguntarle qué tenía ayer y cuál era la diferencia con hoy, pero sabía que sería estúpido. Claro: hoy estaba mejor vestida. Tenía tantas ganas de responderle, pero decidí no hacerlo.
—Muchas gracias, señor. Pero yo siempre me miro bien.
Él levantó una ceja y me quedó mirando, y por un momento pensé que sonrió de lado.
Está bien: le prometí a mi madre que me iba a comportar. Pero tampoco voy a dejar que este estúpido me falte al respeto solo porque es mi jefe, es guapísimo y es millonario. Eso no me interesa. Lo único que quiero es conservar este trabajo.
—Vaya, señorita Suárez… tiene una autoestima muy alta —dijo.
—Quizás lo que voy a decir haga que me despida, señor Velázquez —respondí—, pero soy de las personas que creen que el amor empieza por uno mismo. Amarte al punto de saber quién eres y no depender de la opinión de los demás. Y si aceptas una opinión, que sea de alguien importante en tu vida. Si no, debes desecharla, porque si prestas atención a todo lo que dicen… serás completamente infeliz. Las personas siempre ven los defectos de los demás.
Tomé aire y seguí:
—Si yo fuera del tipo que se deja derrumbar por la primera crítica, estoy segura de que a mis 24 años ya tendría dos hijos y no seguiría siendo virgen. Muchas personas me han criticado por eso, sobre todo en los trabajos, cuando se enteran de que no he tenido novio… y que al que tuve, lo eché. Y tampoco he tenido relaciones.
Me quedé en silencio. Y luego añadí, con orgullo:
—¿Y sabe quién me enseñó eso? Mi madre. Desde pequeña me enseñó a quererme tanto que no necesito que los demás me digan que me quieren.
De pronto reaccioné a todo lo que le había dicho… y por nervios, me dio un ataque de hipo. Él estaba más arrogante que el día que lo conocí. Creo que empezaré a detectar cómo es realmente este hombre.
Felipe estaba sorprendido. Vaya que la chica era sincera. Pensó, por un segundo, en despedirla… pero luego entendió que hacerlo sería darle la razón. Pasó la mano por su cabellera, la quedó mirando fijamente y dijo:
—Por Dios, señorita Suárez… ¿se puede callar? He conocido personas imprudentes, pero usted… jamás.
La miró durante un largo rato. Brenda se intimidó. Estaba segura de que la despediría.
Pero él pensaba otra cosa: ¿Y si lo que dijo la gordita es verdad?
Y aunque no pudo evitar notar sus curvas, se dijo a sí mismo que ese no era su gusto. No podía imaginarse algo así en su cama.
Recordé entonces las veces que mi madre me decía: “Levanta la cara, no bajes la mirada, porque los ojos muestran seguridad”. Y no entendía por qué la estaba bajando. Así que la levanté… y lo miré directo a los ojos.
Vaya que el hombre era espectacular. Si no fuera tan arrogante, sería capaz de hacer el amor con él aunque no me amara. Pero, ¿quién se va a meter con alguien que se cree el rey del mundo?
Cuando miré todo lo que me había asignado, quedé sorprendida.
Dios mío… ¿desde cuándo este hombre no tiene secretaria?
Era demasiado trabajo. Deberían pagarme el triple, pensé. Gracias a Dios, solo lo pensé.
Mientras Franco caminaba por el pasillo, vio a una mujer curvilínea. La observó un largo rato. No la había visto antes en la empresa. ¿Será la nueva secretaria que mi primo contrató?
Lo sorprendió, porque su primo nunca contrataba mujeres así. Él siempre quería todo perfecto y superficial. Y aunque tenía la regla de no tocar a ninguna empleada… le encantaba observar su belleza.
Se acercó. La saludó con educación. Brenda volteó y quedó frente a él. Se sorprendió: ¿todos los hombres aquí eran así de guapos?
Con una sonrisa tímida, dijo:
—Mucho gusto, mi nombre es Brenda Suárez. Soy la nueva secretaria del señor Velázquez.
Franco la miró de arriba abajo con sonrisa coqueta. Ella se puso roja.
—Sí que eres una belleza —le dijo—. ¿Sabes dónde está mi primo Felipe?
Fue ahí cuando Brenda entendió quién era. El primo del jefe más egocéntrico, amargado y prepotente que he conocido. Se contuvo de mandarlo al diablo. No podía hacerlo.
—Está en su oficina, señor Franco.
—No me digas “señor”. Para ti, soy solo Franco.
Entró a la oficina de su primo sin tocar, como siempre. Se sirvió un tequila.
—¿Por qué no me dijiste que contrataste una belleza? —dijo—. ¿Ya viste el trasero que tiene? Y esos ojos… y esa boca… Primo, estoy dispuesto a casarme con esa mujer.
Felipe levantó la mirada del computador.
—¿Desde cuándo te gustan las mujeres gordas?
—¿Y quién dijo que no me gustan? Para mí no es gorda: es curvilínea. La mujer perfecta. Esas sí tienen de dónde agarrar.
Felipe apretó la mandíbula.
—Te prohíbo acercarte a mi secretaria. No quiero despedirla por tu culpa.
—¿O será —respondió Franco— que a ti te gustó?
—Claro que no. Me gustan las mujeres delgadas. Y esa… seguro su mamá le da toda la sopa.
Franco lo miró, sorprendido. Nunca había visto a su primo tan arrogante… y menos con una mujer.
Ahora con el tema de Jinena, si tienen pruebas, ya que vieron en las cámaras del restaurante que fue ella quien la drogo, por que no la denuncian. Y que paso con el divorcio? No que en tres días ya iba a estar divorciado?
falta de signos de puntuación y mala redacción o traducción no se, hace que la trama se
pierda y
no sepa uno quien habla ni nada, hay muchas cosas de
redacción, gramática y ortografía para corregir. Hay que revisar antes de enviar los capítulos