NovelToon NovelToon
Pasado Y Caos

Pasado Y Caos

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Mundo de fantasía
Popularitas:231
Nilai: 5
nombre de autor: Reylocura@2004

Pasado y Caos es una novela de terror psicológico y suspenso que se mueve entre el dolor humano y lo inexplicable. Sigue a Evan, un niño marcado por una pérdida temprana, mientras el mundo a su alrededor intenta dar explicaciones racionales a hechos que parecen negarse a ser entendidos del todo.
La historia avanza entre recuerdos rotos, silencios incómodos y una presencia que nunca se muestra del todo, pero que se siente en cada página. No se apoya en el terror fácil, sino en la incomodidad de lo que persiste: la culpa, la memoria y aquello que se hereda sin querer.
Es una novela oscura, íntima y emocional, donde el verdadero miedo no siempre viene de afuera, sino de lo que uno guarda cuando deja de hablar.

NovelToon tiene autorización de Reylocura@2004 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La llave de los que recuerdan

Ecos del incendio

Los padres de Evan

El hospital olía a desinfectante y silencio.

Eran pasillos blancos donde las voces se apagaban como si nadie quisiera molestar a los que sufrían.

Camila Delver —32 años, cabello castaño recogido con prisa, ojeras tatuadas por el insomnio—

estaba sentada en la sala de espera, con las manos cruzadas tan fuerte que se marcaban sus uñas en

la piel.

Luis Delver — 35 años, obrero metalúrgico, manos curtidas, barba descuidada — caminando de un

lado a otro, incapaz de sentarse.

No hablaban entre ellos. Ya no podían.

Camila —No quiero verlo —murmuró, apenas audible.

Luis — Es tu hijo — contestó sin mirarla.

Camila — No… no lo es. Me mira como si supiera cosas que no tendría que saber. Como si me

juzgará.

Luis suspiró. Su voz se quebró al responder:

Luis — Al menos vos lo escuchás. Yo…

yo solo me siento a leerle, aunque ya no sé si escucha.

El matrimonio ya estaba roto antes del incendio, pero ahora, frente a un hijo que parecía llevar algo

extraño en la mirada, ya ni siquiera compartían el dolor, solo compartían el miedo.

Los padres de Aurora (el eco de los muertos)

El expediente policial no ahorraba detalles:

Marina  Halden, 30 años.

Fabián  Halden, 34 años.

Fallecidos en el incendio junto a su hija Aurora  Halden.

Pero Krauss pidió acceso a objetos recuperados.

Entre los restos ennegrecidos había un cuaderno escolar con dibujos de Aurora: muñecas con grietas,

casas sin ventanas, figuras con ojos cerrados.

En una libreta, Marina —maestra de primaria—. había escrito:

“Aurora habla sola por las noches. Dice que alguien le canta. Que tiene algo adentro. A veces me

despierta el sonido de sus uñas rascando la pared.”

Fabián — taxista nocturno — había dejado grabaciones en un casete viejo, confesando a un amigo:

“No sé si estoy perdiendo la cabeza. Mi hija me dice que no abra la puerta del baño de arriba.

Dice que no soy yo el que sale cuando vuelvo a mirarlo. Dios… ¿qué está pasando?”

Eran padres que amaban, pero también padres que callaban. Y en ese silencio, el monstruo creció.

Al leer esas notas, Krauss sintió que la herida no había comenzado en el incendio, sino mucho antes.

El pasado de Evan y Aurora

Evan Delver y Aurora  Halden tenían seis años cuando se conocieron.

Fue en 1997, en la escuela Lennox.

Jugaban bajo un árbol viejo en el patio. Aurora inventaba historias de criaturas invisibles;

Evan las dibujaba en sus cuadernos con trazos inseguros pero vivos.

Aurora — Si no me recordás, desaparezco. — le había dicho ella una tarde.

Evan — Yo nunca me voy a olvidar de vos — contestó él, serio, con esa inocencia brutal que tienen los

niños.

A veces, Aurora decía cosas que no cuadraba con su edad.

Hablaba como si supiera secretos demasiado pesados.

Otras veces reía, saltando charcos como cualquier niña.

Para Camila, Aurora era “demasiado rara”.

Para Luis, “una niña muy despierta”.

Para Evan, Aurora era el centro.

Y después de su muerte, también fue la grieta.

El juego de los secretos

Un día de verano en el patio de la Lennox.

El sol caía fuerte sobre las paredes

descascaradas y los chicos corrían entre charcos de la última tormenta.

Aurora y Evan estaban bajo su árbol favorito.

Ella llevaba un cuaderno con candado.

Aurora — Este es mi libro de secretos — dijo con solemnidad.

Evan — ¿Qué escribiste ahí? — preguntó Evan.

Aurora sonrió con misterio.

Aurora — Lo que no quiero… que nadie me robe. Si lo leo en voz alta, deja de ser mío.

Evan — Entonces nunca vas a contármelo.

Ella lo miró con ternura.

Aurora — A vos sí. Pero no con palabras.

Y tomó una ramita, dibujando sobre la tierra húmeda un ojo grande, cerrado, con lágrimas alrededor.

Evan sintió un escalofrío.

Evan — No entiendo.

Aurora — No hace falta que entiendas. Solo que lo recuerdes.

Evan — ¿Me prometes que nunca te vas a ir?

Aurora sonrió.

Aurora — Sí, lo prometo. Siempre estaremos juntos.

Él, con un lápiz mordido, dibujó al lado un sol y dos figuras tomadas de la mano.

Evan — Si vos desaparecés, yo voy a hacer que vuelvas dibujandote.

Aurora lo observó seria, demasiado seria para sus seis años.

Aurora — No dejes que me borren, Evan. Nunca.

Él asintió, sin saber que esa promesa iba a perseguir toda su vida.

Pasaron varios días, pero para los niños el tiempo era distinto: cada tarde parecía guardar un nuevo

pacto secreto.

La canción inventada

Tres días después, una tarde de invierno, Aurora y Evan estaban en el cuarto de Aurora.

La estufa eléctrica apenas se calentaba, y la ventana tenía un vidrio roto tapado con cartón.

Aurora, sentada en el suelo, jugaba con muñecas de trapo.

Eran muñecas viejas, con costuras abiertas.

Pero ella las vestía con retazos de tela como si fueran reinas.

Aurora — mirá, esta soy yo — dijo señalando una con un vestido azul—. Y este sos vos — le dijo otra,

más chiquita, con el pelo de lana desordenado.

Evan rió bajito.

Evan — Se parece a un espantapájaros.

Aurora —Bueno, entonces sos mi espantapájaros. — Aurora lo miró con picardía.

Siempre parado, siempre cuidando que nada malo entre.

Evan — ¿Y qué cosas malas pueden entrar?

Aurora guardó silencio un segundo. Luego, como si cambiara de tema, empezó a cantar con voz

suave:

si cierras los ojos, el mundo se esconde,

Si cantas bajito, nadie responde.

Pero si Sueñas, yo vuelvo a estar,

Aunque despierte y no pueda.

Evan la escuchó fascinado.

Evan — ¿De dónde sacaste esa canción?

Aurora — la inventé. — Aurora sonrió —. Solo funciona si la cantamos juntos.

Evan, tímido, tarareó con ella.

La habitación se llenó de un eco extraño,

Como si alguien más acompañara sus voces.

En ese instante, Evan sintió que Aurora era más que una amiga.

Era como un puente hacia algo que no entendía, pero que lo hacía sentir menos solo.

El recuerdo de Aurora no se apagaba en Evan, y fue el eco persistente que Krauss comenzó a

escuchar en cada palabra, en cada silencio del niño.

Evan y Krauss (primeras sesiones)

Dra. Silvina Krauss, 37 años, llevaba apenas seis días con Evan.

En su libreta escribió:

“Niño retraído. No responde a estímulos proyectivos. Lenguaje reducido. Sin embargo, anota frases

cargadas de sentido simbólico.”

Ese día,Evan estaba con los puños cerrados, las uñas marcaban la tela de la silla.

Krauss — Evan — dijo Krauss con calma — no hace falta que me hables. Pero si escribís algo, yo lo

voy a leer. Y lo voy a cuidar.

Él tomó el lápiz y escribió:

“Eso decía mi mamá también. “

Krauss — ¿Sueñas mucho, Evan?

Preguntó Krauss.

Él asintió.

Krauss — ¿Sueñas con Aurora?

El niño levantó la cabeza. Sus ojos brillaban.

Evan — Ella me canta.

Krauss respiró hondo.

“Transferencia psíquica. ¿Alucinaciones hipnagógicas o fenómeno traumático? Paciente comienza a

ver a Aurora en estado de vigilia.”

Al final de la sesión, Evan susurró algo que no estaba en la grabación:

Evan — Ella me dijo que si yo lloraba dormido, era porque todavía estaba conmigo.

El equipo médico redactó un informe.

Krauss lo leyó con el ceño fruncido, como si cada palabra pesara más que la anterior.

Informe psiquiátrico — paciente: Evan Delver.

Institución: Hospital Psiquiátrico Central —

Área Infantil — Juvenil.

Fecha: 22 de enero del año 2000

Paciente: Evan Delver

Edad: 9 años

Motivo de consulta: derivado por servicios de emergencia tras presenciar hechos violentos que

involucran la muerte de allegados.

Antecedentes

No se registran antecedentes psiquiátricos previos en Evan ni en familiares directos.

Sin historial de consumo de problemática de sustancias de ningún familiar cercano (padre y madre)

Escolaridad: acorde a la edad, buen rendimiento previo a los sucesos traumáticos.

Contexto familiar: pérdidas recientes de alto impacto emocional (divorcio de sus padres. fallecimiento

de padres y amiga cercana)

Sintomatología actual

Ansiedad intensa: crisis de angustia, palpitaciones, sensación de ahogo.

Disociación: episodios de desconexión con la realidad, percepción de extrañeza del entorno.

Insomnio severo: dificultad para iniciar y mantener el sueño; pesadillas recurrentes relacionadas con el

evento traumático.

Depresión: ánimo bajo, apatía, pérdida de interés en actividades antes placenteras.

Estrés postraumático: recuerdos intrusivos, flashbacks, hipervigilancia, evitación de lugares o

estímulos asociados al trauma.

Diagnóstico presuntivo

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Episodio depresivo moderado

Trastorno de ansiedad con síntomas disociativos.

Trastorno del sueño secundario a TEPT.

Plan terapéutico inicial

(atención esto no es para consumo de personal reales, esto es solo para la historia)

Sertralina 50 mg/día, VO (por la mañana). Incrementar dosis progresivamente según respuesta clínica.

Clonazepam 0,5 mg VO, nocturno. Puede administrarse 0,25 mg adicional en caso de crisis de

ansiedad diurna.

Quetiapina 25 mg VO, 30 minutos antes de dormir. Ajustable a 50 mg si persiste insomnio.

Prazosina 1 mg VO, nocturno. Aumentar progresivamente hasta 3 mg según persistencia de

pesadillas.

No farmacológico:

Psicoterapia cognitivo — conductual (foco en traumas).

Técnicas de relajación y respiración.

Terapia familiar (cuando sea posible).

Evaluación esperada

A corto plazo : reducción de la ansiedad, mejoría del sueño

A mediano plazo: disminución de pesadillas y flashbacks.

A largo plazo: integración del trauma, reducción de conductas evitativas y mayor estabilidad

emocional.

Observaciones clínicas

El paciente muestra apego selectivo hacia figuras de apoyo (psicólogo tratante, tutores temporales),

pero tendencia al aislamiento social. Se recomienda estrecha vigilancia debido al riesgo potencial de

ideación suicida, aunque no se han manifestado verbalizaciones activas al momento de la evaluación.

Firma y sello

Firma: Dr. Smithson

Médico psiquiatra — matrícula n° 230

El tratamiento (pastillas y resistencia)

El equipo médico sugirió un tratamiento farmacológico.

Pastillas mínimas, para ayudarlo a dormir.

Krauss lo explicó a Luis y Camila:

Krauss — no es una solución. Solo ayudará a que su cuerpo descanse. El descanso puede abrir

camino al equilibrio.

Camila aceptó enseguida. Luis negó con la cabeza.

Luis — No quiero dejarlo. Quiero a mi hijo de vuelta.

La primera vez que intentaron darle la pastilla, Evan cerró la boca con fuerza. Se tensaba como un

animal atrapado.

Al final tragó.

Durmió profundamente.

Al despertar, escribió en su libreta:

“No me dejes solo cuando sueño. “

Los sueños de Aurora (el espejo)

Esa noche, Evan soñó con el cuarto de Aurora. Ella cantaba:

Duerme el ojo que no ve,

que en la sombra va a crecer.

No la llames, no lo toques,

que en tu nombre va a nacer.

Aurora lo miró fijo.

Aurora — ¿vos todavía me recordás?

Evan — Si.

Aurora — entonces sigo siendo real.

Si me recordás, sigo existiendo.

Pero si me olvidás… alguien más ocupará mi lugar.

El espejo del cuarto reflejaba a Aurora.

Pero en el reflejo, sus ojos no eran de ella: eran negros, cerrados, como si alguien más se escondiera

detrás.

El monstruo no pedía sangre.

Pedía memoria.

Y Evan tenía demasiada.

Krauss, los padres y el espejo agrietado

Una tarde, Krauss reunió a los padres en su consultorio.

Krauss — su hijo no está inventando — dijo con firmeza —. Describe detalles que no podía conocer.

Lugares, conversaciones privadas de la familia  Halden.

Camila — ¿Qué significa eso? — preguntó Camila, furiosa.

Krauss dudó. Luego Bajó la voz

Krauss — significa que Aurora no está del todo ausente.

Camila — ¡No diga eso! —. ¡No lo repita!

Luis se cubrió el rostro con las manos. Camila lloró en silencio.

Esa noche, Evan se miró en el espejo de su cuarto.

El vidrio vibraba con su respiración.

No vio a un monstruo.

Vio a Aurora.

Ella le sonrió.

Y desde su propia garganta escuchó la voz:

Aurora — Si abrís la puerta, Evan… yo puedo volver.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play