Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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La versión que todos creyeron
Debía aprovechar la confusión de Elías, no como una opción, como una necesidad.
El silencio que siguió a su despertar fue más violento que cualquier grito, la habitación parecía demasiado pequeña para tantas miradas cargadas de juicio. Elías estaba sentado en la cama, con el torso inclinado hacia adelante, el ceño fruncido, respirando como si acabara de salir de una pesadilla de la que no recordaba el final.
Yo, en cambio, estaba perfectamente despierta.
Vi cómo sus ojos recorrían el cuarto una y otra vez, buscando una explicación que no llegaba, primero me miró a mí, como si yo fuera una pieza fuera de lugar, luego a su padre, rígido, decepcionado, después a los míos y por último… a Yubitza.
Ese fue el golpe final...
Ella no lloraba...
No gritaba...
No reclamaba...
Solo lo miraba como se mira algo que se ha roto sin posibilidad de arreglo.
Elías intentó levantarse de la cama, torpe, todavía desorientado.
—Yo… no recuerdo… —se pasó una mano por el rostro, desesperado—. Yubitza, por favor, déjame explicarte...Yo nunca—
No lo dejó terminar...
—No me hables —dijo ella, con una calma que dolía más que un grito—. No ahora.—
Ese fue mi momento, porque la confusión es como una herida abierta, si sabes dónde presionar, sangra sola.
Bajé la mirada, dejé que mis hombros se encorvaran apenas y apreté las manos sobre la sábana, como si recién entonces entendiera lo que estaba ocurriendo, inspiré hondo, dejando que mi voz saliera suave, temblorosa, cuidadosamente rota.
—Elías…—susurré— Por favor, no levantes la voz—
Él me miró, aturdido.—Araceli, yo no sé qué pasó, anoche… yo estaba en la fiesta, luego me sentí mal y… —tragó saliva—. No recuerdo venir aquí, no recuerdo—
—Lo sé —lo interrumpí con delicadeza—. Yo tampoco pensé que esto fuera a pasar.—
Mi madre soltó un pequeño sollozo ahogado, mi padre cerró los puños.
El padre de Elías dio un paso al frente.—¿Insinúas que mi hijo…? —empezó, furioso.
—No —dije rápido, levantando la vista por primera vez—. No insinúo nada, solo… —dejé que mi voz se quebrara— solo digo que ninguno de los dos planeó esto.—
Mentira.... Pero una mentira hermosa, redonda, fácil de tragar.
Elías me miró como si intentara reconstruir la noche a partir de mis palabras. Como si mi versión pudiera darle paz, lo vi aferrarse a ella sin darse cuenta.
—Yo jamás te haría daño —dijo él, desesperado—. Ni a ti, ni a Yubitza. Yo no—
—Nadie está diciendo eso —respondí, bajando la voz—. Pero lo que pasó… pasó.—
Y entonces, como si el destino necesitara una última estocada, mi madre señaló la cama con un gesto tembloroso.
—La sábana…—
No hacía falta decir más.
La mancha de sangre estaba ahí, innegable, silenciosa, acusadora, una prueba muda que nadie se atrevía a cuestionar, Elías la miró y su rostro se descompuso por completo, palideció, sus labios se entreabrieron sin sonido.
—No… —susurró—. Yo no recuerdo…—
—Eso no cambia nada —dijo su padre, con voz dura—. Los hechos son los hechos.—
Yo cerré los ojos, como si me doliera escuchar eso, como si me estuvieran condenando a mí.
—No quiero que esto se convierta en un circo —dije—. Ni en una cacería de culpables.—
Yubitza me miró entonces, directo a los ojos, sabía que algo no encajaba.
Siempre fue más inteligente de lo que yo quería admitir.
—Araceli —dijo despacio—. ¿Estás diciendo que… él estuvo consciente?—
Ese fue el instante más delicado, el más peligroso, el segundo exacto donde podía perderlo todo.
Negué con la cabeza, dejando que una lágrima resbalara por mi mejilla.
—No —respondí—. Digo que estaba confundido, que no se sentía bien, que me pidió ayuda.—
Eso era verdad, solo no toda la verdad.
—Yo solo… —tragué saliva— yo pensé que estaba haciendo lo correcto.—
Mi padre asintió lentamente.
—Esto no puede salir de esta habitación —sentenció—. Hay reputaciones en juego, familias, empresas.—
El padre de Elías respiró hondo, luchando entre la furia y el orgullo.
—Mi hijo no es un irresponsable —dijo—. Pero tampoco vamos a fingir que esto no ocurrió.—
Miró a Elías con dureza.—Asumirás las consecuencias.—
Elías abrió la boca, pero no salió sonido alguno, estaba atrapado, lo sabía, yo también.
Yubitza dio un paso atrás, como si el aire se le hubiera vuelto irrespirable.
—¿Eso es todo? —preguntó, con la voz rota—. ¿Van a decidir sobre nuestras vidas como si no importara lo que sentimos?—
Nadie le respondió, porque en este mundo, los sentimientos siempre fueron secundarios.
Yo la mire con ojos llorosos,—Yubi… —susurré—. Perdóname.—
Ella me miró como si no me reconociera.—No —dijo—. No me pidas perdón, dime la verdad.—
La verdad, esa palabra siempre me había parecido peligrosa.
—La verdad —repetí— es que anoche todo se salió de control.—
No mentí, solo elegí qué parte contar, Elías se pasó las manos por el cabello, desesperado.
—Yo te amo —le dijo a Yubitza—. Tú lo sabes, yo jamás—
—Ya no sé nada —respondió ella—. Y eso es lo peor.—
Salió de la habitación sin mirar atrás y algo dentro de mí se quebró…y se fortaleció al mismo tiempo.
La puerta se cerró y el silencio volvió.
—Esto debe resolverse hoy —dijo mi padre—. Antes de que alguien más se entere.—
—¿Qué estás sugiriendo? —preguntó Elías, con voz apagada.
Mi padre lo miró fijo.—Un compromiso, una boda,—
La palabra cayó como una sentencia, Elías me miró entonces.De verdad me miró.
Como si recién ahora entendiera que yo no era solo una espectadora de su desgracia.
—Araceli… —dijo—. ¿Tú quieres esto?—
Ahí estaba la pregunta, la única que importaba y por primera vez desde que empezó todo, dije algo completamente honesto.
—No —respondí—. Pero tampoco puedo fingir que no pasó, tú te llevaste mi pureza,—
Lo vi rendirse, no de forma dramática, no con lágrimas.Sino con ese gesto sutil de los hombres que entienden que ya no tienen opciones.
—Haré lo que tenga que hacer —dijo.
Mi madre suspiró aliviada, los padres de Elías asintieron.
Yo bajé la mirada otra vez, ocultando la victoria que me quemaba el pecho.
Porque mientras todos creían estar salvando el honor, yo estaba asegurando mi futuro.
Y mientras Elías intentaba recordar una noche que nunca entendió del todo,
yo ya estaba escribiendo la versión que el mundo aceptaría como verdad.
No me sentí poderosa...
No me sentí feliz...
Me sentí necesaria...
Porque en este juego cruel llamado sociedad, alguien siempre tiene que cargar con el papel de villana.
Y yo…
yo ya había aprendido a usarlo mejor que nadie.
sería increíble que Araceli le dijera y le entregará al Elías sin reclamos comí siempre eso la aria arder más a la Yubitza 😂
le dije les dije desde el primer capítulo la autora quiso o hizo que odiaríamos a la equivocada🤭🤭🤭
y yo estoy en esas por que en el primer capítulo como le eche más a Araceli pero ahora amo su frialdad
ojalá también sepa que tiene a una empleada traidora en su casa 😡