Antonio Kühne llega a la ciudad con un único propósito firmar un contrato con la familia Blackmore.
Émily Blackmore, universitaria, hija del empresario Joseph Blackmore. Creció con el amor de sus padres, pero con la llegada del nuevo socio de su padre todo cambiara.
secretos muy oscuros seran revelados, infidelidades, surgirá un amor netamente prohibido.
NovelToon tiene autorización de stefy.R para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 3
Mentira, no me impactó nada. Sigo viendo los locales hasta que un vestido corto, arriba completo y rojo, llama mi atención.
Cómo amo el color rojo.
Me enamoré apenas lo vi, y qué precioso está para ponérmelo ahorita en la cena.
Ya son las 5:00 PM, tengo que acelerar el paso.
Entro a la tienda viendo el resto de vestidos y hay muchos de novia; me encantan. Siento una decepción cuando veo ese vestido.
Todos los hombres solo buscan una sola cosa conmigo: tener intimidad. Y los otros que buscan una supuesta relación son infieles.
Apenas tengo 19 años, así que por eso no me preocupo, pero dudo que me pidan matrimonio algún día.
—Buenas tardes, señorita, ¿en qué la podemos ayudar? —levanta el brazo ordenando el vestido que traía en mano.
—El vestido rojo que está en el mostrador —le señalo.
—Sí, claro, en un momento se lo bajo para que se lo mida —se dirige hacia el vestido.
Su otra compañera me lleva hasta los mostradores.
—¿Café, señorita?
—No, muchas gracias —le agradezco mientras recibo el vestido.
Dios mío, qué vestido tan divino. Cómo se me pega en todas las partes, me resalta mucho el busto, y como es corto, se ve sexy, pero no muy atrevido de arriba.
No es por presumir, pero yo sé que me cargo un cuerpo lindo y sexy.
Lo que todos quieren probar, pero no cualquiera puede tener.
—Lo llevaré, pagaré con tarjeta —le digo entregándole el vestido.
—Listo, señorita, que vuelva pronto, un gusto atenderla —me sonríen y yo les devuelvo el gesto.
Regreso a mi casa, encontrándome a mi madre arreglando la mesa.
No la molesto. Ella es una mujer alta, esbelta, labios rosados, tez blanca, ojos color marrón y cabello castaño claro.
Sigo derecho a mi cuarto, y me doy cuenta de que hoy me siento rara. Ni siquiera he comido hoy, y no tengo hambre.
Más raro, viniendo de mí. Solo he comido dulce hoy.
Manos a la obra.
Me hago todo mi aseo personal, me voy a mi tocador y me pongo mis aretes y un hermoso collar de piedras. Me maquillo algo sutil, pero lindo.
—Emily —llaman en la puerta.
Abro y me encuentro con mi hermano Elaya, con ese semblante frío como siempre.
—Vamos, que ya llegó —me dice con su típico tono frío.
—Qué milagro, ¿por qué quieres bajar conmigo? Hazlo tú solo —le digo.
Me mira y alza la ceja.
No me dice nada. Este témpano de hielo, odio que sea así.
Bajo agarrada del brazo de él y doy la vuelta para llegar al comedor.
Miro al frente y lo que veo a continuación me eriza la piel: un hombre, con tatuajes, blanco. Lo miro y sigo caminando con mi hermano. Quedé muda.
Me siento en mi puesto y lo sigo detallando. Ruedo mi rostro y me miran esos ojos color gris, tiene unas cejas pobladas y unos labios tan besables, Dios mío.
No sé si me entiendan, pero es que este hombre es una maravilla. Me derrito. Y ese cabello negro…
Este es un hombre que huele a pura masculinidad, como me gustan.
Siento que solo nos quedamos él y yo un rato mirándonos, sin nadie alrededor, pero mi papá habla por primera vez, sacándonos de eso, no sé qué era, pero se sintió súper.
—Buenas noches, un grato gusto tenerte aquí, Antonio Kühne —dice mi padre, y yo trago en seco.
—Muchas gracias —dice súper seco, pero su voz me mata.
Es muy varonil. No puedo más con esto, estoy que me le lanzo.
Entiéndanme: un tipo tan bueno enfrente tuyo, que te guste todo lo que tiene…
¿Quién no estaría como yo?
—Estos son mis hijos: Elaya, Cristian y la pequeña Emily —nos señala a todos.
No responde; solo nos mira a cada uno. Mi padre se tensa y nadie ha dicho una sola palabra.
Mi padre da la orden para comer y todo se siente en silencio. Uno bien horrible.
Sigo comiendo, pero siento un calor aquí donde estoy.
Lo miro de reojo y sigue serio, pero no está comiendo.
—No quiero incomodarles, pero solo quiero hacer negocios y ya, para poder irme. No me apetece quedarme aquí, si me disculpan —dice con un tono tajante y serio.
Mi padre lo lleva al despacho y nos quedamos con mi madre, que solo dice que es un tipo desagradable por su conducta.
2 horas después
Veo que él sale del despacho de mi padre y lo miro por una última vez.
Él volteó hacia mí y…