Un listón morado. Un brazalete rojo. Y una regla que ninguno debe romper.
En la prestigiosa Academia Élite Amagi, la guerra entre chicos y chicas no es un juego: se dividen en pabellones opuestos, compiten por cada rincón del campus y nadie se atreve a cruzar "La Línea Roja".
Al frente de esta rivalidad están Aoi Kisaragi, la implacable y elegante presidenta de las chicas, y Ren Kageyama, el imponente y serio líder de los chicos. Para todos en el colegio, son rivales acérrimos que no se pueden ni ver.
Pero detrás de su mirada fría y su postura inquebrantable, Ren guarda el secreto más peligroso de la academia: lleva más de un año perdidamente enamorado de Aoi.
¿Qué pasará cuando un encuentro fortuito a solas amenace con sacar a la luz su secreto? En un internado donde amar al enemigo es una traición, mantener las apariencias será su batalla más difícil.
NovelToon tiene autorización de RealtiveRat para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Gran Sede Nacional (Parte 1: El Debate)
El sol de la mañana atravesaba los vitrales del gran auditorio de la Academia Élite Amagi. El ambiente no era el de una reunión cualquiera; era una cumbre oficial de alta tensión.
Sobre el escenario principal se extendía la mesa de debate. Frente a ella, las gradas estaban divididas al milímetro: a la derecha, todos los chicos luciendo sus brazaletes rojos; a la izquierda, las chicas con sus elegantes listones morados. En la cabecera del escenario presidían el Director Kenzo Shinohara y la Directora Chizuru Amamiya, acompañados por los delegados del Ministerio de Educación.
El Gobierno había otorgado un único cupo de representación nacional a la academia. El colegio debía elegir cuál de los dos eventos albergaría: La Exposición Nacional de Arte y Teatro o El Campeonato Nacional de eSports.
Aoi Kisaragi mantenía la espalda erguida, flanqueada por su vicepresidenta, Yumi Hayakawa, quien repasaba meticulosamente los documentos de la propuesta. Los ojos azul claro de Aoi transmitían una autoridad impecable, aunque por dentro sentía un ligero cosquilleo cada vez que cruzaba la mirada con el chico sentado en el extremo opuesto.
Ren Kageyama estaba reclinado en su silla con una postura relajada pero dominante, acompañado por su estratega y vicepresidente, Daichi Matsuda, y por el siempre eufórico Kenji Sato. La expresión seria y calculadora de Ren no dejaba traslucir nada de lo ocurrido la noche anterior en el balcón de la biblioteca.
Sin embargo, por dentro, Ren era un caos.
(Maldita sea... no dormí ni tres horas pensando en lo que pasó), se decía Ren a sí mismo, apretando disimuladamente el puño sobre su pierna para no perder la concentración. (Hoy el cabello le queda aún mejor que ayer. Y ese listón morado... enfócate, Kageyama. Si ven que te distraes, Daichi y los chicos van a pensar que estás cediendo terreno).
—Damos inicio al debate de selección —anunció Aoi, acercándose al micrófono para que su voz resonara en todo el auditorio—. El Pabellón Blanco defiende la sede de la Exposición Nacional de Arte y Teatro. Este evento traerá a los mejores exponentes culturales del país, enfocándose en la literatura, las artes plásticas y el análisis del drama romántico. Es una oportunidad histórica de prestigio.
Las chicas en las gradas aplaudieron con entusiasmo, animadas por Yumi y Hana desde la mesa. Aoi miró fijamente a Ren a través de la mesa.
—Por otro lado —continuó Aoi—, el Pabellón Negro pretende malgastar la sede nacional en... un torneo de videojuegos.
Las chicas soltaron risitas burlonas. Ren levantó la vista lentamente, se acomodó el brazalete rojo, se puso de pie y se acercó a su micrófono.
—¿"Malgastar", Kisaragi? —respondió Ren con una voz profunda, grave y sumamente dramática que retumbó por los altavoces.
Aoi alzó una ceja, desconfiada de la intensidad repentina de Ren.
—El Campeonato Nacional de eSports traerá a los mejores jugadores profesionales del país —continuó Ren, cerrando el puño con una fuerza heroica mientras miraba hacia el techo como un líder militar—. ¡No son solo videojuegos! ¡Es la oportunidad de ver a nuestros ídolos en persona, de sentir la adrenalina de los eSports a metros de distancia y de poner a nuestro colegio en el mapa juvenil de la nación! ¡Es... el sueño de todo el Pabellón Negro!
El auditorio entero contuvo el aliento.
De pronto, todo el sector de los chicos estalló en un grito unánime de conmoción total. Kenji Sato cayó de rodillas en primera fila llorando de la emoción, mientras Daichi se ajustaba los anteojos intentando contener sus propias lágrimas.
—¡¡¡SÍIII! ¡¡¡NUESTROS ÍDOLOS, PRESIDENTE!!! —gritó Kenji secándose las lágrimas. —¡¡¡Ver a los pro-gamers de cerca es nuestro sueño! ¡Él sí nos representa!!! —¡¡¡POR EL HONOR DEL PABELLÓN NEGROOO!!!
Aoi, Yumi y todas las chicas se quedaron completamente petrificadas, mirando al bando masculino con rostros de absoluto shock, incredulidad y vergüenza ajena.
—¿Pero qué... qué les pasa? —susurró Aoi a Yumi, sin dar crédito a lo que escuchaba—. ¡Están haciendo un drama nacional solo para conocer a unos chicos que juegan en computadora!
Para colmo, en la mesa directiva, el Director Kenzo Shinohara se quitaba las gafas secándose una lágrima con un pañuelo de seda.
—Sublime... —susurró el Director Shinohara con la voz quebrada por la emoción—. Traer a los ídolos de la juventud... Qué palabras tan llenas de pasión, joven Kageyama. Me ha llegado al corazón.
—¡Señor Director Shinohara, por favor, no se deje manipular por esta ridiculez! —protestó la Directora Chizuru Amamiya, llevándose las manos a la cabeza.
Aoi apretó los labios con fuerza. Ver cómo la fachada seria de Ren lograba conmocionar a todos con un argumento tan absurdo la volvía loca.
—Dado que ambas propuestas tienen un apoyo masivo en sus respectivos pabellones —intervino el delegado del Gobierno—, la decisión no se tomará hoy por decreto. Se abre oficialmente un periodo de campaña de tres días. Todo el alumnado votará en las urnas al final de la semana para decidir cuál de los dos eventos se realizará en la Academia Élite Amagi.
Un murmullo de emoción y rivalidad estalló en ambas gradas. Aoi y Ren se levantaron al mismo tiempo para firmar el acta de inicio de campaña.
Al momento de sujetar el bolígrafo sobre la mesa, los dedos de Ren rozaron accidentalmente la mano de Aoi.
Fue un contacto de apenas un segundo, pero ambos sintieron un chispazo inmediato. Aoi retiró la mano de golpe, acomodándose el listón morado de su cuello para disimular su sonrojo repentino, mientras que a Ren se le erizó la piel debajo del brazalete rojo.
(¡Tranquilo, Kageyama! ¡Solo fue un roce, no te delates!), se gritó Ren mentalmente.
—Prepárate, Kageyama —dijo Aoi en un susurro audaz para que solo él la escuchara, mientras sus ojos azules lo desafiaban—. Las chicas ganaremos esta elección. La cultura se impondrá sobre tus jueguitos.
Ren recuperó su sonrisa calculadora y le devolvió la mirada.
—No te confíes, Kisaragi. Mis chicos darán la vida en esta campaña.
—Ya lo veremos —añadió Aoi antes de retirarse junto a Yumi—. Por cierto, no olvides que esta noche inician los patrullajes nocturnos obligatorios. Nos vemos a las diez en el patio central.
Ren sintió que el corazón le daba un vuelco completo.
(¿Patrullar a solas con ella... en mitad de una guerra de campañas?), pensó Ren, tragando saliva mientras la veía marchar. (Esto va a ser un desastre para mi corazón...)