Ariana descubre que pertenece a un mundo de lobos oculto después de regresar a la manada que expulsó a su madre años atrás. Allí conocerá a Morgan Knight, un hombre frío y peligroso que cambiará su destino para siempre.
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Capítulo 20: Un sueño que rompía el alma
El autobús continuó su viaje durante varias horas.
Ariana permanecía sentada junto a la ventana.
No había dejado de llorar desde que salió de la manada Black.
El paisaje cambiaba lentamente.
Los inmensos bosques desaparecieron para dar paso a la gran ciudad.
Las luces comenzaron a iluminar las calles.
La joven respiró profundamente.
Aquella ciudad le traía muchos recuerdos.
Había vivido allí durante gran parte de su infancia.
Allí había crecido junto a su madre.
Allí había conocido a su padre.
Y también allí lo había perdido.
El autobús finalmente llegó a la terminal.
Ariana bajó con una pequeña mochila.
No llevaba muchas cosas.
Solo algunas prendas de ropa.
Y el dinero que su abuelo había escondido en su bolsillo.
Miró el cielo.
La luna apenas podía verse entre los edificios.
Respiró hondo.
—Llegué...
Tomó un taxi y le dio una dirección al conductor.
Después de unos minutos el vehículo se detuvo frente a una casa sencilla.
Era el hogar de su tía.
La hermana menor de su padre.
Ariana bajó lentamente.
Se quedó unos segundos mirando la puerta.
Sentía nervios.
No sabía cómo la recibirían.
Finalmente levantó la mano.
Y golpeó suavemente.
Unos segundos después la puerta se abrió.
Una mujer de cabello castaño quedó completamente inmóvil.
Sus ojos se llenaron de sorpresa.
—¿Ariana?
La joven sonrió con tristeza.
—Hola, tía.
La mujer la abrazó con fuerza.
—¡Cuánto creciste!
Después se apartó un poco para observarla.
Fue entonces cuando notó que estaba sola.
Frunció el ceño.
—¿Dónde está Carmen?
Ariana bajó la mirada.
—Se quedó con su familia.
La mujer sintió que algo no estaba bien.
Pero decidió no insistir.
—Pasa.
Ariana entró lentamente.
Todo seguía igual que años atrás.
Las fotografías de su padre todavía decoraban la sala.
Eso hizo que las lágrimas volvieran a aparecer.
Su tía lo notó.
Pero prefirió guardar silencio.
La llevó hasta una habitación.
—Puedes quedarte aquí.
Ariana sonrió.
—Gracias.
La mujer dejó la mochila sobre la cama.
Después se sentó frente a ella.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte?
Ariana permaneció en silencio.
No tenía una respuesta.
Porque ni siquiera ella sabía qué haría con su vida.
La tía volvió a preguntar.
—¿Unas semanas?
Ariana bajó la cabeza.
No respondió.
La mujer comprendió que había mucho dolor detrás de aquel silencio.
Se levantó.
Le acarició el cabello.
—Cuando quieras hablar...
Aquí estaré.
Ariana sonrió con tristeza.
—Gracias.
La puerta se cerró lentamente.
Y Ariana volvió a quedarse sola.
Los días comenzaron a pasar.
Intentaba ayudar en la casa.
Salía a caminar algunas horas.
Incluso buscó trabajo.
Pero nada lograba llenar el enorme vacío que sentía.
Cada noche miraba la luna desde la ventana.
Y siempre pensaba en el mismo lobo.
Se preguntaba si seguiría yendo al claro del bosque.
Si la estaría esperando.
Si estaría bien.
Aunque intentaba convencerse de que había tomado la decisión correcta...
Su corazón no dejaba de doler.
Una tarde sintió una fuerte presión en el pecho.
Se llevó una mano al corazón.
Respiró profundamente.
Pero el dolor no desapareció.
Al contrario.
Cada día aumentaba un poco más.
Su tía comenzó a preocuparse.
—¿Te encuentras bien?
Ariana sonrió para no preocuparla.
—Solo estoy un poco cansada.
Pero era mentira.
Su corazón latía demasiado rápido.
Y cada noche era peor.
Una madrugada el dolor la despertó.
Abrió los ojos sobresaltada.
Respiró con dificultad.
Volvió a quedarse dormida pocos minutos después.
Entonces comenzó a soñar.
Se encontraba nuevamente en el bosque.
Todo estaba cubierto por la luz de la luna.
El viento movía los árboles.
El silencio era absoluto.
Hasta que escuchó un aullido.
Un aullido lleno de tristeza.
Ariana comenzó a caminar.
Cada paso hacía que su corazón latiera más fuerte.
De pronto llegó al gran claro.
Y allí estaba.
El enorme lobo negro.
Solo.
Mirando la luna.
Sus ojos estaban llenos de dolor.
Levantó la cabeza.
Y lanzó otro largo aullido.
Era un sonido tan triste...
Que parecía romper el alma.
Ariana sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
Quiso acercarse.
Pero sus piernas no respondían.
El lobo volvió a aullar.
Después bajó lentamente la cabeza.
Una lágrima resbaló por su hocico.
Ariana extendió la mano.
—No...
Intentó llamarlo.
Pero su voz no salía.
El lobo comenzó a caminar lentamente.
Como si estuviera buscándola.
O esperándola.
Cada paso mostraba su tristeza.
Cada mirada parecía preguntar por ella.
Ariana comenzó a llorar.
—Estoy aquí...
Pero él no podía escucharla.
Entonces el lobo levantó nuevamente la cabeza.
Y lanzó un último aullido.
Un aullido tan lleno de dolor...
Que Ariana sintió que su propio corazón se rompía.
En ese mismo instante despertó.
Abrió los ojos de golpe.
Respiraba con dificultad.
Las lágrimas corrían por sus mejillas.
Se llevó ambas manos al pecho.
El dolor era intenso.
Su corazón latía con tanta fuerza que parecía querer salir de su pecho.
—¿Qué me está pasando...?
Susurró entre lágrimas.
Miró la luna por la ventana.
Y recordó al lobo negro.
Por primera vez desde que se marchó...
Comprendió que no solo lo extrañaba.
También sentía su sufrimiento.
Sin saber que, a cientos de kilómetros de distancia...
Morgan también estaba despierto.
Mirando la misma luna.
Y preguntándose si volvería a ver a la única mujer capaz de hacer latir su corazón con tanta fuerza.
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Gracias por leer un nuevo capítulo de El regreso de la Luna.
Aunque la distancia los separa, hay un lazo que ni el tiempo ni los kilómetros pueden romper. Dos corazones siguen latiendo al mismo ritmo... sin saber si volverán a encontrarse.
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Con cariño,
Luna Auol 🌸