Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Cama
Ainara, después de colocar su poca ropa en el placard de su exsuegra, donde se quedaría durante un par de semanas como acordó con Ozias, fue a la habitación de su cuñada.
Después del terremoto, muchas vidas transitaban nuevas etapas. El terremoto destruyó muchos momentos felices y dejó finales tristes. Ainara, a pesar de tanto sufrimiento, tenía un corazón noble.
—Hola, Asia —saludó a su cuñada, que estaba sentada en la cama.
—¿Qué mierda haces aquí? Vienes a burlarte, ¿verdad?
—Aunque no lo creas, Asia. Vine a cuidarte.
—Yo no necesito de tus cuidados, Ainara. Hazme el favor, y lárgate —dijo Asia, muy enojada.
—Quisiera irme. Y no sabés cuanto lo deseó, pero la vida de tu sobrino está en riesgo y eso es lo que más me importa. Tu hermano ni voz tuvieron el valor de cuidar a mi hijo. Podría hacer lo mismo, pero ese pequeño ser no tiene la culpa. Tiene derecho a vivir. Yo no pude salvar a mi hijo, pero si tengo la posibilidad de salvar una vida inocente, lo haré.
—¿Me estás echando la culpa de lo que le pasó a tu hijo?
—No, Asia. Pero es hora de que te des cuenta la gravedad de tus acciones. Estás afectada, y aun así no cambias.
—¿Me odias?
—Debería hacerlo. Vos y tu hermano me hicieron mucho daño. Me sacaron de mi casa como a un perro. Muchas veces te dije que tu hermano me violaba y me golpeaba. No te importó. Sé que no tengo nada que hacer aquí, pero la vida esta siendo noble contigo por ponerme una vez más en tu camino.
—¿Debería agradecerte por eso?
—No hace falta. La vida lo hará por vos.
—Quiero estar sola.
—Está bien. Si necesitas algo puedes llamarme.
Asia no respondió nada. Se quedó sola en la habitación, se miró en el espejo y contemplo su rostro. Tenía el pelo despeinado, había bajado de peso más de lo normal, lo que más odiaba era no tener movilidad en sus pies. Golpeó la cama con mucha bronca, deseaba haber muerto como su madre que vivir postrada en una silla de ruedas. Ainara del otro lado escuchaba su llanto, se lamentaba por ella.
Esa noche Ainara no podía dormir. La cama era gigante. Estaba tan acostumbrada a la cama pequeña del hospital. Los últimos meses de su vida la había pasado las noches en una cama de hospital. Ahora extrañaba ese olor que suelen tener los hospitales. Extrañaba los ruidos de los carritos de las enfermeras que y las visitas diarias de los médicos preguntándole cómo estaba. Ahora solo sentía silencio. Intentaba dormir, pero cada que cerraba los ojos le venía malos recuerdos y, entre las sábanas empezó a llorar.
Asia tampoco podía dormir. Tener control de nuestras vidas no significa que seamos libres de detener el viento, sino de direccionarlo. Se tapó la cabeza con la colcha para dejar de oír ruidos.
A la mañana siguiente, Ainara se levantó muy temprano, preparo el desayuno y se lo llevó a Asia. Asia aún estaba en su cama, pero al escuchar que la puerta se habría se sentó y vio Ainara, que venía con una bandeja llena de comida.
—No quiero comer— dijo de mala gana.
—Buenos días, Asia. Entiendo como te sientes, pero si no comes, vas a empeorar.
—Anoche te escuché llorar. ¿Por qué llorabas?— comentó Asía, recibiendo la bandeja.
—No sé a dónde pertenezco, ni tampoco sé qué es lo mío. Desde que perdí a mi hijo también me perdí yo. Si estoy aquí es porque estoy intentando entender qué es lo que quiere la vida de mí. Todos se preguntan cómo pude sobrevivir al terremoto. Cuando me encontraron todos dijeron que debería haber muerto, pero supongo que la muerte no quiso llevarme. Por favor, ayúdame a encontrarle sentido a la vida. Sé que estas en malas condiciones, pero si te esfuerzas puedes salir de esta y volver a ser esa mujer hermosa.
—Ahora entiendo por qué mi mamá te quería mucho. Siempre cuidaste de ella con mucho cariño. Ella estaba dispuesta a llevarte a la policía para que le pusieras una denuncia a Ozias, pero yo se lo prohibí. Discúlpeme.
—Todo que me hizo Ozias fue cruel. No sé si algún día logre perdonarlo, pero quiero romper todo lazo con él. Le dije que cuidaría de ti con la condición de que me devuelva lo que me robó y que me firme los papeles del divorcio.
—Era obvio que había algo en medio. Era difícil que vendrías por mí.
—Vos y yo nunca fuimos amigas. Aunque me hubiese gustado.
—Siempre fui un problema para vos, ¿verdad?
—No, Asia. Quizás nunca tuvimos la oportunidad de conocernos.
—Siempre pensé que te creías mejor que yo: por tu educación, por tu forma de vestir con esa ropa cara, por tener todo lo que yo no tenía. Vienes de una familia muy rica. Quise ser como vos. Tal vez ese fue mi error. Me creía perfecta sin darme cuanta de que me estaba bebiendo veneno poco a poco y que eso ya me estaba matando.
—Es bueno reconocer que nos hemos equivocado. Ambas podemos volver a comenzar.
—Gracias, Ainara.
Asía acepto la ayuda de Ainara. Al día siguiente, juntas fueron a ver al médico. Asia empezó un tratamiento para mejorar su condición. Al principio costaba, pero con el pasar de los días empezó a dar unos pasos. Ainara la ayudaba a bañarse y a cambiarse todas las mañana, además de prepararle los alimentos. Ambas empezaron a tratarse mejor. Ainara no quería ver a Ozias, por eso le pidió a Asia que le pidiera a su hermano que no viniera mientras ella permanecía en la casa y que los papeles del divorcio lo tratara con su abogada.
Ozias estaba dispuesto a firmarle los papeles del divorcio, pero no a devolverle la empresa. Mintió cuando dijo que la empresa estaba en quiebra. No estaba dispuesto a peder la posición que había obtenido gracias a su esposa. Estaba decidido a seguir mintiendo.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.