Meghan Whitmore, hija del recién electo presidente de Estados Unidos y brillante abogada, siempre ha vivido entre poder y estrategia. Desde la muerte de su madre y su hermano, ella se convirtió en el mayor apoyo de su padre... y en su punto más vulnerable.
Cuando una amenaza logra infiltrarse en la Casa Blanca, su seguridad se refuerza con un nuevo jefe de protección: el capitán Ethan Cole, un militar frío y disciplinado que solo cree en el deber. Lo que comienza como una misión profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.
Pero mientras las amenazas se vuelven más personales y secretos del pasado salen a la luz, Meghan y Ethan descubrirán que el mayor riesgo no está en los enemigos externos... sino en cuando los sentimientos comienzan a ganar terreno y todo el país los está observando.
NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 15
CINCO AÑOS -
Han pasado tres meses desde que Ethan llegó a mi vida con su traje oscuro, su voz firme y esa costumbre insoportable de anticiparse a todo.
Tres meses desde que alguien me mira como si siempre estuviera evaluando riesgos.
Y, aun así, esta noche me siento completamente sola.
La residencia está en silencio. Técnicamente no es un toque de queda oficial… pero lo parece. Seguridad reforzada, accesos limitados, personal reducido.
Papá ya está descansando. Hoy fue un día largo para él.
Para mí también.
Me siento en el borde de la cama con una fotografía entre las manos.
Cinco años.
Cinco años desde el accidente.
Cinco años desde que mamá y Chris dejaron de volver a casa.
Paso el dedo por el marco.
La foto es de una tarde en la playa. Mamá riendo, el cabello suelto al viento. Chris lleno de arena hasta las rodillas. Yo fingiendo indignación porque me habían enterrado los pies.
—¡Chris, deja de echarme arena! —me escucho decir en mi memoria.
—¡Es arte moderno! —respondía él con su voz aguda y orgullosa.
Mamá reía.
—Déjala en paz, campeón.
—¡Tú siempre la defiendes!
—Porque ella es mi niña.
Cierro los ojos.
Puedo escucharla.
—Meghan —decía cuando yo me frustraba estudiando—, no tienes que ser perfecta. Solo tienes que ser valiente.
—¿Y si no puedo?
—Entonces respira… y vuelve a intentarlo.
Abro los ojos y la habitación se siente demasiado grande.
Demasiado vacía.
Otra foto.
Chris el día que aprendió a montar bicicleta.
—¡Mira, Meg! ¡Sin manos!
—¡Pon las manos en el manubrio o papá te va a matar!
Se cayó igual.
Se levantó riéndose.
Siempre se levantaba riéndose.
Aprieto la fotografía contra mi pecho.
Cinco años.
Y aún hay noches en las que el dolor no se siente más ligero.
Solo más silencioso.
Me levanto abruptamente.
No quiero llorar aquí.
No quiero que alguien toque la puerta y me vea así.
Camino hacia el armario.
Saco ropa negra. Sudadera amplia. Pantalón oscuro. Gorra. Cubro mi cabello. Me desmaquillo rápido.
Me miro al espejo.
No parezco yo.
Eso ayuda.
Respiro hondo.
Sé que es una estupidez.
Sé que si Ethan descubre esto probablemente quiera encerrarme bajo llave.
Pero esta noche no quiero ser la hija del presidente.
No quiero ser la figura pública.
Quiero ser solo una hija que necesita visitar a su madre.
Salgo de mi habitación con cuidado.
Los pasillos están más vigilados de lo habitual.
Cambio de ruta dos veces.
Bajo por una escalera de servicio que aprendí a usar cuando tenía quince años y quería escapar a la cocina por postre a medianoche.
Irónico.
Paso por un punto de control secundario cuando el guardia recibe una llamada por radio. Aprovecho el segundo de distracción.
Sigo.
Mi corazón late rápido.
No por miedo.
Por decisión.
Salgo por una puerta lateral destinada al personal.
El aire nocturno me golpea el rostro.
Estoy afuera.
Sola.
Sin convoy.
Sin escolta.
Sin Ethan.
Camino varias cuadras antes de pedir transporte privado desde una aplicación secundaria que nadie asocia conmigo.
La ciudad se siente distinta cuando no está rodeada de sirenas y luces oficiales.
Me hundo más en la sudadera.
Sé que estoy lejos.
Sé que estadísticamente es improbable que alguien me reconozca así.
Pero no es solo eso.
Necesitaba sentir que podía moverme sin permiso.
Que podía ir a verlos sin protocolos.
Apoyo la cabeza contra la ventana mientras el vehículo avanza.
—Mamá… —susurro apenas audible.
Cinco años.
Y todavía duele como si fuera ayer.
No sé qué dirá Ethan cuando descubra que no estoy.
No sé cuánto tardarán en notar mi ausencia.
Pero esta noche…
solo quiero ser Meghan.
La hija.
La hermana.
La que aún necesita arrodillarse frente a dos lápidas y decir que los extraña.
Y no pienso detenerme.