NovelToon NovelToon
Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18:Donde el mundo se abre

El lugar no estaba en los mapas turísticos.

No había señalización ni senderos marcados con cuidado. Se llegaba por intuición, siguiendo un camino de tierra que parecía perderse entre árboles antiguos. Ren lo había encontrado años atrás, cuando aún huía de todo sin saberlo, cuando caminar sin rumbo era la única forma que conocía de no desaparecer del todo.

Era una antigua cantera reconvertida por artistas locales: muros irregulares cubiertos de musgo, restos de piedra tallada que ahora servían de base a murales incompletos, esculturas que parecían emerger de la roca como si la tierra misma las hubiera empujado hacia la luz. Árboles jóvenes crecían donde antes hubo corte, raíces abrazando grietas, reclamando espacio con paciencia.

Aiden no lo conocía.

Y eso lo hacía perfecto.

Llegaron al atardecer. El cielo aún conservaba tonos cálidos, y la luz se filtraba entre hojas altas y superficies de piedra pulida por el tiempo, creando sombras largas que se movían lentamente con el viento. El aire olía a tierra húmeda, a pintura vieja, a agua corriendo cerca. No era un silencio vacío: era un silencio vivo, sostenido por el murmullo constante del arroyo escondido entre las rocas.

Ren se detuvo.

No porque estuviera cansado, sino porque algo dentro de él necesitaba hacerlo despacio. Apoyó una mano en la piedra más cercana, sintiendo el frío suave bajo los dedos.

—Aquí… —dijo, con una emoción contenida que le tensó la garganta— aprendí a quedarme quieto sin sentir culpa.

No miró a Aiden al decirlo. Miró el lugar, como si aún le debiera algo.

Aiden observó el espacio en silencio. No intentó analizarlo ni nombrarlo. Simplemente dejó que la sensación se acomodara en su pecho. Sintió algo extraño, parecido al reconocimiento. Como si el lugar no solo perteneciera a Ren… sino que los hubiera estado esperando.

—Se siente… honesto —murmuró finalmente.

Ren giró apenas el rostro. Sus ojos brillaban, no de tristeza, sino de algo más frágil: gratitud.

Caminaron despacio, sin apuro. Ren pasó los dedos por una pared cubierta de pigmentos deslavados, capas de color superpuestas a lo largo de los años. Aiden recorrió con la yema de los dedos una baranda de madera marcada por nombres, fechas, símbolos casi borrados. Arte dejado sin firma. Huellas sin dueño. Creaciones que no pedían ser vistas para existir.

Naturaleza reclamando lo suyo.

Se sentaron frente al agua. El arroyo corría con un ritmo constante, ni rápido ni lento, como un pulso que no se altera. El sol descendía poco a poco, y la luz dorada envolvía sus rostros con una suavidad casi irreal.

Ren respiró hondo.

Sintió el peso del momento abrirse frente a él, como una puerta que no quería forzar, solo cruzar cuando fuera el instante justo.

—No te traje para impresionarte —dijo por fin—. Te traje porque aquí… entendí que crear no tenía que doler.

Su voz tembló apenas al final.

Aiden lo miró con atención plena. No interrumpió. No sonrió de inmediato. Sus ojos tenían una suavidad nueva, una que Ren no había visto antes, como si algo se hubiera asentado en él.

—Gracias por traerme a un lugar que te salvó —respondió—. No como antes… sino como ahora.

Ren tragó saliva.

El viento movió las hojas sobre sus cabezas. Algunas cayeron lentamente al agua, flotando un segundo antes de seguir su camino. El sol comenzó a caer con más decisión, tiñendo las piedras de tonos ámbar y cobre.

Ren sintió el corazón acelerarse. No por miedo. Por claridad.

—Aiden —dijo, esta vez mirándolo de frente—. No quiero huir de esto. Quiero… elegirte. Sin ciclos. Sin miedo. Si hoy no hay promesas eternas, está bien. Yo quiero hoy.

Cada palabra salió con cuidado, como si las hubiera ensayado sin saberlo durante años.

Aiden no respondió de inmediato.

Se levantó despacio, como si no quisiera romper nada. Dio un paso, luego otro, y finalmente se arrodilló frente a Ren para quedar a su altura. Ese gesto, tan simple y tan cargado de intención, hizo que el pecho de Ren se contrajera.

—Yo no sé prometer para siempre —dijo Aiden—. Pero sé quedarme. Y sé cuidar. Y sé volver a elegirte mañana.

Ren sintió que algo le ardía detrás de los ojos. No lágrimas de dolor. Eran lágrimas de alivio, de descanso.

—Entonces… —susurró—. ¿Somos nosotros?

Aiden sonrió.

No fue una sonrisa grande ni triunfal. Fue tranquila. Verdadera. Una sonrisa que no necesitaba convencer a nadie.

—Somos nosotros.

Ren exhaló como si hubiera estado conteniendo el aire desde hace años.

Se inclinaron al mismo tiempo. El beso llegó lento, sin prisa, con una serenidad que los envolvió por completo. No fue un beso desesperado ni urgente. Fue largo, profundo, sostenido por la certeza de estar ahí por elección.

La luz dorada cayó sobre la piedra, el agua reflejó destellos suaves, el viento se aquietó apenas.

Y el lugar, como si entendiera, guardó silencio.

No como testigo de algo grandioso.

Sino como refugio de algo verdadero.

1
Esmeralda Johner
Excelente
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play