Giovanna es obligada a casarse con un hombre que detesta. Ese hecho desencadena una serie de eventos qué la llevan a descubrir verdades qué habían permanecido enterradas.
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Capítulo 20
Entre sollozos, Micaela le cuenta su historia a Dante. La expresión en el rostro masculino refleja incredulidad.
- Intenté contactarte, me fue imposible. Me enteré de mi embarazo cuando tú ya ye habías marchado del país. Antes de saberlo estaba dispuesta a dejarme morir. Saber que esperaba un hijo, fruto de nuestro amor me dio las fuerzas qué necesitaba para seguir adelante.
- Me cuesta creer lo que me dices.
- A mí también me costó asimilar qué te habías ido. Días antes te pedí que habláramos con mis padres y me convenciste de que lo mejor era esperar.
- Antonio me tendió una trampa, falsificó estados de cuenta para simular un fraude. Tu padre perdió toda la confianza que tenía en mí. Después amenazaron con meterme a la cárcel y mis padres perderían su patrimonio. Lo peor fue recibir tu carta, eso me destrozó.
- Una carta qué escribí obligada. Jamás creí lo que decían de ti, sabía que te habían tendido una trampa. Apenas me casaron con Antonio supe qué él había orquestado todo.
- Veo que no me equivoque, desde que tuve a Giovanna frente a mí supe que era mi hija.
- Sí, ella es hija tuya.
- No puedo creer todo el daño que nos han causado. Me perdí de ver nacer y crecer a mi hija. ¿Lo amas?
- No, jamás lo hice. Tuve que acatar las órdenes de mi padre, de lo contrario no me habría permitido quedarme con Giovanna.
- Hay algo que no acabo de comprender, el matrimonio de nuestra hija con ese hombre.
Micaela desvía la mirada, no se siente capaz de decirle la verdad acerca de ese matrimonio.
- ¡No puede ser lo que estoy pensando! ¿La obligaron a casarse con ese tipo?
Micaela continúa en silencio y la paciencia de Dante se acaba.
- ¡Responde!
- Yo no quería, fue Antonio quien tomó la decisión.
- ¡Maldita sea, Micaela! ¿Qué clase de madre eres? ¿Cómo pudiste permitir que hicieran eso con tu propia hija?
- Déjame explicarte.
- No, no hay nada que puedas decirme qué justifique lo que hicieron. Te advierto que voy a hacer hasta lo imposible por rescatar a mi hija de la situación en la que la pusieron. No me importa lo que tenga que hacer ni a quien me deba de enfrentar. Ahora tiene un padre que la defienda.
- Dante, por favor. No cometas una locura.
- Locura es lo que le permitiste hacer a tu marido. Bájate, no quiero volver a verte.
- Escúchame, por favor.
- ¡Qué te bajes! ¡Bájate!
En cuanto Micaela desciende del auto, el chófer toma su lugar. Dante le ordena poner el vehículo en marcha y sacarlo de ahí lo más rápido posible
La conversación con la madre de su hija se repite una y otra vez en su cabeza. No concibe que hayan pactado el matrimonio de una chica de su edad como si estuvieran en la Edad Media.
Está furioso, si se hubiese quedado en Roma, nada de esto habría sucedido. De pronto se siente culpable, de no haberme marchado, no habría conocido a Olivia; Kiara y Kara tampoco hubiesen nacido.
Los recuerdos qué tenía de Micaela ya eran amargos, hoy siente por ella un odio que no había sentido antes. La considera una mujer despreciable, débil, carente de carácter.
Siente la enorme necesidad de proteger a Giovanna y lo primero es liberarla de ese matrimonio forzado.
Contacta a su abogado en Dubai, necesita alguien que lo asesore en Roma. No puede caer en ilegalidades, necesita rescatar a su hija lo antes posible.
Regresa al hotel y Olivia adivina por su semblante, que el encuentro con esa mujer resultó peor de lo esperado. Envía a las niñas a su habitación y se acerca a su esposo.
- ¿Qué sucedió? Cuéntame.
- Giovanna es mi hija. Según Micaela su padre la encerró por días y le fue imposible contactarme.
- ¿Y la carta?
- Dice haberla escrito obligada. Lo peor no es eso, repitió su historia con nuestra hija. Obligaron a Giovanna a casarse con ese hombre. ¿Te imaginas?
- No lo puedo creer. Pobre chica, no quiero pensar en lo que ha sufrido. Su actitud esa noche me decía que era imposible que estuviese enamorada de su esposo.
- Necesito sacarla de ahí lo antes posible. Ya llamé a nuestro abogado y él me ha recomendado a alguien aquí. Estoy furioso, Olivia. ¿Por qué Micaela permitió algo así? Te juro que si no la odiaba antes, ahora lo hago- empuña ambas manos y su esposa las toma con cariño.
- Amor, te entiendo. Lo más importante ahora es liberar a tu hija de ese matrimonio y para eso necesitas mantener la calma. Hay que actuar con prudencia.
- Lo sé, pero me cuesta mucho mantenerme ecuánime. Quiero moler a golpes al maldito de Antonio, volcó todo el odio que me tiene en un ser inocente.
- Te comprendo, yo estoy en shock. No puedo comprender como una madre accede a intercambiar a su hija cómo si de una cosa se tratase. Necesitamos enfocarnos en buscar la manera de invalidar ese matrimonio lo más rápido posible.
- Cuando eso suceda y si ella mi hija acepta, me gustaría llevarla a Dubai con nosotros. Si tú estás de acuerdo, por supuesto.
- Es tu hija, jamás me opondría. Va a necesitar mucho apoyo para superar lo que ha vivido y nada mejor que viniendo de su padre.
- Eres un ángel, amor mío. No sé qué haría sin ti.
Dante abraza a su esposa, tenerla cerca lo calma y es lo que necesita en estos momentos.
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Micaela camina de regreso al salón de belleza. Está alterada después de su encuentro con Dante. Ha sido una mujer débil y cobarde, incapaz de defender a si hija del hombre que le fue impuesto como marido.
Decide dejar la visita al salón para otro día, sube a su auto y conduce hasta su casa. No puede olvidar la mirada de desprecio qué Dante le dedico al saber que no tuvo la fuerza para defender a Giovanna.
Una vorágine de emociones se han hecho presentes desde la noche en que volvió a verlo. En aquel instante la sorpresa fue la protagonista, pero también la emoción y de alguna manera la decepción al verlo con otra mujer.
Sí, en el fondo siempre tuvo la ilusión de que el día en que se reencontrarán, su amor seguiría intacto. Él se convertiría en su héroe, rescatándola de un matrimonio violento y sin amor.
Al llegar a casa, se encierra en su habitación. Las imágenes de Dante con su esposa la noche de la cena no dejan de aparecer. Es evidente cuánto la ama, mejor dicho, la venera. En el pasado esa mirada de amor era para ella.
Llora amargamente, por lo que algún día fue y hoy es historia. Si tan solo hubiese sido más valiente, quizá todo habría sido distinto.
Recuerda el día de su boda con Antonio. Fue un día horrible; su padre le recordaba a cada instante qué tenía que sonreír, era de suma importancia guardar las apariencias. Ella deseaba desaparecer de la faz de la tierra.
Antonio se mostraba feliz, sonriente y amable con todos. Y cómo no hacerlo, casarse con ella era algo similar a ganarse la lotería.
No tardó mucho en conocer la verdadera cara de su esposo. Esa misma noche se encargó de demostrarle lo cruel y sádico qué podía ser. No respetó su estado e hizo con ella lo que quiso, pensó que su bebé no sobreviviría, pero aun antes de nacer, Giovanna demostró su fortaleza.
El inicio de su matrimonio dio paso a la pérdida total de voluntad. Debió adaptarse a las exigencias de Antonio; convertirse en una esposa sumisa y abnegada, carente de opinión y de decisiones propias.
Rememorando todo esto, se da cuenta de que ha hecho con su propia hija lo que sus padres hicieron con ella. Se horroriza al comprender lo que Giovanna debe de estar sufriendo al lado de Teodoro.
La culpa se apodera de ella, más no sabe qué hacer para liberar a su hija. Agobiada se dirige al despacho de Antonio, quizá entre sus documentos encuentre algo que le sea de utilidad.
Busca durante un par de horas, asegurándose de dejar todo tal y como lo encontró. No hay nada, seguramente guarda los documentos importantes en la caja de seguridad que tiene en la empresa.
Necesita encontrar la manera de entrar ahí y hacerse de la clave. Se niega a seguir de brazos cruzados observando como ese hombre continúa arruinando la vida de todos a su alrededor.
Ángelo y Rafael tienen la ventaja de haber nacido hombres y nunca sufrirán por las mismas injusticias qué su hermana; sin embargo, no quiere que se conviertan en el tipo de hombre que es su padre y en sus manos está evitarlo.