Amelia es una joven que sufre una discapacidad visual; por la cuál, está perdiendo gradualmente la visión. Debido a su condición, y a su posición social, sufre acoso escolar por parte de sus compañeros; pero eso cambiará cuando conozca a Jaden, el nuevo estudiante que logra revolucionar la vida de Amelia y de los demás alumnos debido a su extenso prontuario delictivo. Ambos comenzarán una extraña e inocente amistad que los llevará a descubrir el amor; pero lamentablemente no todos son cuentos de hadas, porque la vida les tiene deparado la prueba más difícil que tendrán que enfrentar...
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Desencuentros.
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Desperté en cuanto el reloj sonó, luego me senté sobre la cama y quise abrir los ojos, pero debido a la terrible jaqueca que tenía, tuve que volver a cerrarlos. Anoche había llorado tanto que ahora sentía que mi cabeza estaba a punto de abrirse en dos.
Dando tumbos con los ojos entrecerrados, llegué hasta el baño en donde dejé que el agua tibia se deslizara por mi cuerpo ayudándome a aliviar un poco el dolor.
Cuando terminé de alistarme, bajé hasta la cocina en donde me encontré de frente con mi padre que iba de salida.
—Desayuna algo rápido que se nos ha hecho tarde. Yo te espero en el auto —no le respondí nada, solo me límite a asentir y luego hice lo que me ordenó.
Después de salir de casa fuimos todo el camino en silencio, él iba mirando hacia adelante, mientras yo iba observando por la ventanilla el mismo recorrido que hacemos a diario.
Al llegar al colegio se detuvo a un costado de la acera, detrás de una fila de automóviles de los cuáles bajaban los demás estudiantes.
—Quiero que te quede claro algo. Yo no apruebo que salgas con ese muchacho, ¿entendiste?
—Pero, papá...
—No diré nada más, tú sabes muy bien que hacer.
Abrí la puerta enojada y bajé del automóvil sin siquiera saludarlo. Si él iba a adoptar esa postura conmigo, yo haría lo mismo, ya que no estoy dispuesta a dar el brazo a torcer..
Al entrar al salón noté que Jaden aún no había llegado y cuando intenté regresar al corredor para esperarlo, el profesor de Historia venía entrando.
—Toma asiento Amelia, ya va a comenzar la clase —me ordenó.
De mala gana fui hasta mi pupitre en donde me quedé observando hacia la puerta, esperando que Jaden entrara por ella.
Pasaron alrededor de 15 minutos hasta que él finalmente llegó. Venía apresurado y tuvo que disculparse con el profesor por la tardanza, luego se encaminó hacia su lugar guiñándome el ojo en cuanto me vió.
Sonreí como una tonta con ese pequeño gesto, que sin quererlo, había logrado alegrar un poco mi mañana.
Cuando la hora del almuerzo llegó, estaba desesperada por salir del salón y así poder contarle a Jaden lo que había pasado con mi padre, pero cuando intenté acercarme a él, ví que los chicos del equipo de baloncesto lo rodearon en un círculo.
—Jade hermano, tenemos reunión con el entrenador. Mueve tú trasero o el viejo cascarrabias nos castigará a todos.
—Está bien, ya voy —él se levantó de su asiento y se acercó a mí —. Iré a ver que quiere el entrenador. Tú adelántate a almorzar, luego te alcanzo.
No tuve tiempo de decirle nada, solo pude asentir a lo que dijo y de inmediato se marchó dejándome con la palabra en la boca.
—¿Gusta acompañarme a almorzar, bella señorita? —Zhao apareció a mi lado ofreciéndome su brazo.
—Será un placer acompañarlo, amable caballero —lo tomé del brazo mientras le sonreía.
Después de salir del salón, los dos fuimos hacia el patio trasero en donde ya nos esperaban Jeffrey y Farid.
A pesar de que los chicos me hacían reír con sus tonterías, yo estaba muy impaciente porque Jaden no había regresado de su reunión con el entrenador, pero cuando la campana sonó, perdí las esperanzas de hablar con él sobre lo que había ocurrido.
Los cuatro nos encaminamos hacia el interior del edificio y cuando pasamos por el comedor estudiantil, vimos a Jaden sentado en una mesa junto a los demás chicos del equipo de baloncesto mientras eran rodeados por las porristas, entre ellas Leslie y sus amigas.
No puedo describir la sensación de molestia que sentí en ese momento, pero también entendí que él ahora es parte del equipo y tendrá que pasar mucho tiempo con ellos.
Los chicos y yo nos dirigimos a nuestros salones en completo silencio, ninguno se atrevió a decir nada hasta no escuchar la explicación de Jaden.
Las siguientes dos horas tampoco pudimos hablar porque estábamos en clase y cuando la campana de salida sonó, los del equipo volvieron a acaparar su atención antes de que pudiera acercarme a él.
Estaba muy molesta, por eso tomé mi mochila y me dirigí hacía la salida sin esperarlo, pero cuando estaba a punto de llegar a la calle, sentí que me detuvieron sujetándome del brazo.
—Am, espera, ¿por qué te fuiste sin mí? —Jaden se veía agitado como si hubiera corrido para alcanzarme.
—¿Me estás preguntando en serio? —él asintió inocentemente —. Has estado todo el día con esos chicos y ni siquiera he podido hablar contigo.
—Lo siento. Lo que sucede es se acerca el torneo de verano y tuvimos que reunirnos para discutir el horario de los entrenamientos. Lamento no haber estado contigo durante el almuerzo.
—Es solo que... —solté un pequeño suspiro —. Quería hablarte de algo importante y no tuve oportunidad de hacerlo —le dije con tristeza.
—Vamos al parque a conversar —me tomó de la mano, pero cuando cruzamos el portón de salida, oímos que un vehículo se detuvo junto a nosotros.
—Amelia, sube al automóvil —mí padre me ordenó desde el interior.
—Hola, señor Anderson —Jaden lo saludó amablemente, pero mí padre ni siquiera lo miró.
—Debo irme —le dije en voz baja mientras iba soltando su mano.
—¿Qué paso? —volvió a sujetarme —. ¿Por qué se ve tan enojado?
—Ya sabe lo nuestro y no está de acuerdo —le susurré sin mirarlo.
—Amelia, sube ahora mismo —volvió a insistir.
—Hasta mañana —le dije con tristeza y luego me subí al vehículo.
En cuanto llegamos a casa, me encerré en mi cuarto porque no tenía ganas de estar cerca de mi padre después de lo que me había hecho.
Estuve durante varios minutos tumbada boca arriba sobre la cama mirando el techo mientras pensaba en lo injusto que estaba siendo al no dejarme estar con Jaden.
No entiendo cual es su desconfianza, siempre he demostrado ser una hija ejemplar y me he comportado bien en todo momento.
Entiendo que pueda tener miedo debido a mi condición pero tampoco puede encerrarme en una burbuja de cristal por el resto de mi vida.
Mientras divagaba en mis pensamientos oí el sonido de una motocicleta afuera de casa, por eso me levanté lo más rápido que pude y bajé hacia la planta baja temiendo lo peor.
Al llegar al pie de la escalera oí la voz de Jaden desde la entrada principal.
—Señor, vengo a hablar con usted —le dijo a mi padre que estaba de espaldas sujetando la puerta.
—No tengo nada que hablar contigo. Ya le dije a mi hija que no apruebo su noviazgo contigo y nada de lo que digas me hará cambiar de opinión —trató de cerrar la puerta, pero Jaden la sujetó evitando que lo hiciera.
—Por favor, señor. Solo déjeme hablar un minuto con usted, después de eso prometo irme y no volver a molestarlo. Al menos escuché lo que tengo para decir...
—Está bien, entra —mí padre se hizo a un lado dejando que mi novio entrara.
En cuanto lo ví, mis ojos se llenaron de lágrimas, mientras él me sonreía levemente.
—Jaden... —susurré.
—No te preocupes —me guiñó el ojo.
—Amelia, vete a tu cuarto —me ordenó mí padre.
Subí un par de escalones sin dejar de mirarlo hasta que la puerta del despacho se cerró detrás de él.
No sabía lo que Jaden iba a decirle a mí padre pero sea lo que sea, espero que pueda convencerlo de que nuestro amor es verdadero.
Continuará...
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