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La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fuego

Kevin despertó por el ruido incesante que provocaban las sirenas del pueblo. Abrió las cortinas de la ventana mirando el brillo anaranjado que iluminaba su habitación de hotel; el centro del pueblo wendigo estaba en llamas, los bomberos intentaban apaciguar el fuego y los policías trataban de mantener a la gente alejada de la zona de peligro. Muchas personas corrían gritando por el dolor mientras se quemaban vivas y los bomberos, junto a los paramédicos, hacían lo que podían para ayudarles, sin éxito alguno.

De pronto otra explosión ocurrió en una gasolinera cerca del hotel, mandando a volar varios carros en llamas. El rubio se puso su uniforme rápidamente para ayudar a las personas y bajó corriendo por las escaleras, ya que ocurrió una tercera explosión y esta vez fue en el generador de todo el pueblo, dejándolo a oscuras. Por suerte, el casco poseía la opción de visión nocturna, aunque el antiguo no lo necesitara.

—¡Hey!, no pueden salir —dijo el guardia a las puertas del hotel, al notar que Kevin corría en su dirección.

—Soy un cruzado, señor —respondió el australiano—, será mejor que comience a evacuar a la gente.

—Lo siento —dijo el guardia—, ¿cómo sabes que va peor todo?

—Es un puto ataque terrorista, ha habido tres explosiones a la vez, debo salir a luchar, escapen mientras puedan, vi donde ocurrieron los atentados, están quemando el maldito pueblo.

La calle era un caos, la gente corría despavorida aquí y allá mientras gritaba; muchos carros chocaban. Había gente que murió atropellada por el pánico de los conductores. Lo peor era que mientras él se acercaba más al centro del pueblo, el paisaje rojizo era terrible, al ver gente carbonizada en el suelo e incluso el fuego consumió todos los carros de bomberos junto a las ambulancias; una enorme mano de fuego aplastó un montón de edificios, asustando aún más a los sobrevivientes y un rayo anaranjado pasó por la calle detrás de la principal, destruyendo los carros de los civiles y electrocutando a la gente que huía.

—Son antiguos —dijo Kevin al salir del shock. Corrió asustado donde un oficial de policía para advertirle—: ¡Debemos escapar, van a destruirlo todo!

—Cálmate, chico, ¿crees que no me estoy cagando del miedo?, pero tú eres el cruzado aquí —dijo el hombre sin brillo en los ojos, quedando en shock también.

—Aguarde, se suponía que en este pueblo había treinta cruzados —dijo Kevin perdiendo los ánimos.

—Creo que, contigo, solo hay cuatro sobrevivientes —añadió el señor fumando un cigarrillo—. Supongo que se acabó, niño, ni siquiera sabemos cuántos terroristas son en verdad y tampoco hay señal; si alguien logra escapar, con el tiempo no soportará la carga emocional de este suceso.

—No sea negativo, señor, y busque una zona segura hasta que haya pasado el peligro —respondió el rubio.

—Mira la calle de salida, niño —dijo el hombre apuntando al final de la calle principal, que conducía a la carretera. Esta se encontraba en llamas y repleta de carros incendiados; allí se encontraba uno de los terroristas quemando a los pobres humanos que intentaban huir desesperadamente por la carretera, ya que lamentablemente no podían hacerlo por el bosque al estar repleto de monstruos. Por lo poco que podía ver el rubio, su enemigo les calcinaba con las manos.

—joder —dijo Kevin corriendo por toda la calle aún sin ver algo bueno. Todo era muerte, caos y sobre todo fuego; se impulsó con la poca arena de las zonas verdes, donde pasaba parecía como si estuviera volando. Cubrió todo su cuerpo de escamas como su segundo método de defensa, aparte del traje.

—¡Oh, un antiguo! —dijo el terrorista mientras quemaba vivo a un anciano. El ente disfrutaba del dolor ajeno, burlándose de los gritos de agonía del hombre. Cada vez que Kevin se acercaba más podía ver mejor las características de su enemigo gracias a la luz del incendio; el pirómano tenía el cabello castaño y un tanto largo, sobresaliendo de la capucha de una sudadera negra; llevaba consigo una máscara negra que estaba rota en la parte del ojo derecho, indicando signos de pelea; sus ojos eran de color miel y tenía el iris rasgado como toda su especie. También un grupo de escamas rojas pasaba por ese mismo ojo.

El diseño de su máscara era sencillo, era solo una llama anaranjada en el centro. Su sudadera se asimilaba con algún tipo de monstruo con el que el usuario se sentía identificado, tenía dos ojos reptilianos a los costados de la capucha de color naranja y en el borde de esta dientes puntiagudos; también en los brazos estaban bordadas flamas azules que llegaban hasta el hombro, usaba pantalones estilo hip-hop de color azul, tenis grises con marcas negras y calcetas negras, que eran visibles gracias al diseño del pantalón.

—¡Déjalos en paz! —gritó Kevin manipulando la tierra del bosque cercano, apretando el cuerpo del castaño y golpeando el suelo seis veces seguidas hasta que lo lanzó contra un autobús en llamas.

—¡Cof!... veo que no eres... a quien estaba buscando —dijo el castaño, que se llamaba Tom y que se reincorporó escupiendo. Se impulsó creando una explosión detrás de él, dándole un puñetazo en la cara al rey de la arena y mandándolo a volar contra las personas; después de eso saltó contra el antiguo intentando ahorcarlo sin éxito alguno. —¡Dime cómo despertaste! —gritó mientras golpeaba repetidas veces su casco, rompiéndole el cristal.

—Tu puta madre te dirá eso —dijo Kevin envolviendo a Tom con arena desde su espalda y arrojándolo lejos, pero Tom se reincorporó rápido, emanando fuego de sus brazos mientras se reía con una risa psicótica, lanzaba bolas de fuego rápidamente y como Kevin esquivaba los ataques, estos llegaban a impactar en la gente que escapaba.

—¡Oh, maldición! —pensó Kevin al darse cuenta de las intenciones de Tom.

—O mueres ahora y ellos se salvan, o tú te salvas de mis ataques y ellos pagan el precio —dijo Tom con una voz ronca. Sin duda alguna el adolescente estaba disfrutando el espectáculo—. No entiendo por qué los ayudas, casi todos nosotros les odiamos, son seres altamente repudiables, atacan a alguien que sea distinto, que piense distinto; somos monstruos, chicos de la arena, temernos es lo que deben hacer.

—¿Quién eres y a quién buscas? —cuestionó Kevin mientras manipulaba la arena en el suelo para agarrar a su enemigo desde los pies.

—Solo alguien que le hace caso a un dios y buscamos a Kevin Strathman, pero veo que no está aquí —dijo Tom generando una enorme bola de fuego frente de él, que se apagó de repente para después de unos segundos salir disparado como una pequeña columna de fuego en dirección a Kevin. El australiano intentó bloquear ese ataque con una muralla de arena, pero el calor era tanto que cristalizó y derritió la arena, llegando a impactar en el pecho de Kevin, quien salió volando contra un árbol mientras su armadura se quemaba. El enemigo sacó un walkie-talkie de su bolsillo para hablar con el resto de sus compañeros—. ¡Eh, Fatuo!, el otro tipo no está aquí, me topé con un antiguo pero ya está muerto… Pues hazlo, no tengo problema con eso, ¡jajá!

—Carajo, sí que me dolió —pensó Kevin mientras intentaba respirar. Fue por pura suerte que estuviera vivo, pero necesitaba respuestas; miró a su alrededor y solo encontraba gente muerta, recordándole lo que le pasó a su ciudad hace años, no cambiando nada, ya que ni siquiera pudo ser de ayuda. De seguro que su madre seguiría decepcionada con él. Incluso llegó a preguntarse si Lisa le perdonaría si él moría en esta pelea—. ¡Al carajo! —dijo quitándose el casco para poder respirar, notando que hacía más calor. También se cuestionó cómo aquel antiguo sabía su nombre.

—¡Oh!, pero si eres tú a quien buscaba... para matarlo —dijo Tom alegremente—. Thompson nunca sabrá qué te ocurrió y continuará con nuestros planes.

—Por ser un maldito enfermo genocida estás arrestado. —Se escuchó la voz del oficial de policía que había hablado con el australiano anteriormente. Fue el único sobreviviente del centro, ya que este siguió a Kevin para darle apoyo. El hombre le disparó cuatro veces en la espalda a Tom sin ningún resultado. El chico le miró con desprecio, volteando a ver al hombre.

—Debe ser una jodida broma —dijo Tom seriamente, sacando un bastón negro que colgaba de su espalda. De ambas puntas emergieron espadas delgadas con las que apuñaló el estómago del hombre, quien gritaba por el dolor vomitando sangre. Esa imagen le recordó a Kevin el mismo momento en el que el hombre rana asesinó a su madre.

—Debo levantarme —pensó Kevin, levantándose bruscamente del suelo—. No puede suceder otra vez, ¡no de nuevo! —El australiano se desplazó con la arena mientras creaba una lanza hecha de arena cristalizada que arrojó contra el castaño, quien por el impacto se dislocó el brazo izquierdo, ya que la lanza quedó incrustada en el hombro izquierdo. El psicópata cayó un par de metros alejado del anciano, llorando por el dolor.

—¡Hijo de …! —gritó Tom quemando su hombro y creando tres aves fénix de fuego que volaron como misiles teledirigidos hacia Kevin, quien las esquivó rodando en el suelo, mientras corría alrededor de su adversario buscando un punto ciego. Detrás de él iba dejando pequeñas púas de arena que se iban cristalizando por el calor y que estaban a punto de ser lanzadas contra el pirómano cuando el castaño, cansado de ver correr al rubio, saltó dos metros con su espada doble en mano y la encendió en llamas hasta impactar en el suelo, creando una onda de fuego que arrojó a Kevin por los aires.

—Vas a decirme para qué quieren a Thompson —ordenó el oficial de policía aún vivo. Este no tenía ni idea de quién era Jean y solamente lo hacía para darle tiempo a Kevin de volver a pelear, ya que sabía que no sobreviviría a la noche al no haber un hospital cercano. El hombre le apuntó con un táser que se derritió por el calor que provocó Tom y este se acercó con un aura maligna.

—No le concierne a una rata, pero es un catalizador para recuperar esa «cosa» para nuestro dios —contestó Tom—. Si hago esto él podrá quitarme esta maldición. —Siguió mientras se tocaba la sien con su dedo índice de la mano derecha—. Una maldición que tu especie me provocó —dijo Tom incinerando al policía vivo. Este daba alaridos de dolor, retorciéndose hasta quedar hecho cenizas.

—¡Nooo! —gritó Kevin, rodeando con arena el tórax de Tom y presionándolo hasta que se rompieron sus costillas, provocando que sangrara por la nariz y no pudiera respirar, pero este le apuñaló el estómago con su doble espada, impidiendo que Kevin se acercara para herirle de muerte con una espada espartana que guardaba en su armadura.

—Ya… es tarde... mi compañero quemará todo —dijo Tom, indicando el cielo mientras sonreía debajo de la máscara—. Y, como siempre, no quedarán testigos.

En el cielo nocturno volaba un humanoide de dos metros de alto con dos alas escamosas en su espalda. La oscuridad impedía ver su rostro o su apariencia real. Hizo un ademán retirando la enorme columna de fuego del centro del pueblo; esta se presionó en una pequeña esfera de fuego cerca de la mano del ser, hasta que, mientras iba cayendo, recuperaba su tamaño original, como una enorme bola de fuego que volvía cenizas todo el pueblo. Kevin se zafó del arma enemiga para tomar forma de arena y esconderse varios metros bajo el suelo del bosque, mirando desde abajo cómo se desintegraba la ciudad, incluyendo a Tom, quien reía frenéticamente alzando los brazos.

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