El mundo no pertenece a los hombres. Pertenece a sus dueños.
Mientras los imperios mortales se desangran en guerras despiadadas e intrigas políticas por coronas de barro, los verdaderos hilos de Estirgia se mueven desde las sombras del plano divino. Doce Dioses Primordiales controlan el destino de la creación, y su voluntad se manifiesta en la tierra a través del Dogma: doce bendiciones místicas encarnadas en portadores mortales. Un poder absoluto capaz de reescribir la realidad, pero que exige un costo atroz: la erosión irreversible de la humanidad de quien lo canaliza.
En una tierra asfixiada por la traición, la necrosis y los caprichos de deidades implacables, las reglas del juego político están a punto de romperse. La guerra entre humanos es solo el preludio; el verdadero horror comienza cuando los peones divinos despiertan y Estirgia descubre el peso de la herencia de los dioses.
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Capítulo 18: El Eco de las Profundidades
El descenso a la Cicatriz del Mundo no fue una caminata, fue una caída controlada hacia las fauces de un gigante. A medida que la luz de Xylos-Vaga se convertía en una línea delgada sobre sus cabezas, la oscuridad del abismo empezó a cobrar vida propia.
El aire se volvió fétido, cargado de un olor a moho rúnico y carne descompuesta. Mathew, el cartógrafo, temblaba tanto que el tintineo de sus viales empezaba a irritar los nervios de Jake.
—Silencio —ordenó él, deteniéndose en un saliente que apenas medía dos metros de ancho— Ya vienen.
—¿Quiénes? No escucho na... —Mathew no terminó la frase.
De las grietas verticales de la pared de roca, como cucarachas saliendo de una alcantarilla, brotaron los Duendes Corruptos. No eran las criaturas cómicas de los cuentos; eran seres de piel traslúcida y ojos amarillos inyectados en odio, armados con dagas de hueso mojadas en veneno paralizante.
—¡Formación! —gritó Jake.
La emboscada fue total. Los duendes no cargaron de frente; se lanzaron desde arriba, usando sus garras para trepar por el techo del saliente.
—¡Yo me encargo de los de la izquierda, Jake! —exclamó Elara.
Jake vio una mancha de movimiento azulado: Elara en acción. Sus nuevas dagas rúnicas trazaron arcos de luz en la penumbra. Se movía con una fluidez aterradora, una danza de cuchillas que había aprendido en las calles de Tales pero potenciada ahora por la vitalidad que el Dogma le había otorgado. Un duende intentó saltar sobre su espalda, pero ella realizó una pirueta en el aire, hundiendo su arma en el cráneo de la criatura antes de tocar el suelo.
Jake no podía ser tan vistoso. Su trabajo era proteger al viejo y limpiar el centro. Llevó sus sentidos y reflejos al límite, moviéndose con una velocidad tan letal que los duendes parecían suspendidos en cámara lenta. Cada vez que su mano enguantada tocaba a uno, la neblina negra de la Muerte se filtraba por sus poros, colapsando sus pulmones instantáneamente.
Eran demasiados. Por cada cinco que caían, diez más salían de la oscuridad.
—¡Están tratando de rodearnos! —gritó Elara, pateando a un duende hacia el vacío.
—¡Mathew, muévete hacia el túnel! —le ordenó Jake, mientras usaba un pulso de energía para apartar a tres criaturas que intentaban morder los tobillos del cartógrafo.
Lograron empujar a la horda hacia una zona más estrecha, pero justo cuando la marea de duendes empezó a flaquear, el suelo bajo sus pies vibró. No fue un terremoto; fue un paso. Un crujido sordo, como si dos montañas estuvieran chocando entre sí.
De la oscuridad del túnel frontal emergió algo que hizo que incluso los duendes huyeran despavoridos.
Un Troll de Piedra.
Su piel era una costra de obsidiana y granito de tres metros de alto. Sus ojos eran dos brasas rojas hundidas en un rostro sin nariz. En su mano derecha arrastraba el tronco de un árbol petrificado que usaba como maza. Y no venía solo; un segundo Troll, algo más pequeño pero con cristales de érebo incrustados en sus hombros, apareció justo detrás.
—Maldición... —susurró Mathew, cayendo de espaldas— Es un nido de caza.
—Elara, el de la izquierda es tuyo —dijo Jake, sintiendo cómo su corazón martilleaba con fuerza— No busques cortes profundos, su piel es demasiado dura. Apunta a las articulaciones de las rodillas. Yo iré por el núcleo del grande.
—Entendido. ¡No te mueras, Jake! —respondió ella, lanzándose hacia adelante con una velocidad que desafiaba su propia anatomía.
El combate cambió de ritmo: de la rapidez frenética contra los duendes a la brutalidad aplastante contra los Trolls. El primer impacto de la maza del Troll contra el suelo levantó una nube de esquirlas de piedra que cortaron la mejilla de Jake. Él canalizó todo el poder bruto de sus músculos para bloquear un golpe lateral con el antebrazo, usando la resistencia de su capa de seda, pero la magnitud del impacto lo mandó a volar tres metros hacia atrás.
Eran fuertes. Demasiado fuertes para aventureros de Rango Plata.
Elara estaba en problemas; su Troll pequeño lanzaba ráfagas de energía oscura desde los cristales de sus hombros. Ella esquivaba, saltando entre las paredes del cañón, pero se estaba quedando sin espacio.
—¡Jake, la regeneración! —gritó ella.
Tenía razón. El corte que le había hecho en el talón al Troll se estaba cerrando con un sonido de rocas encajando.
[LETE]: —Están conectados a la tierra de la Cicatriz, Jake. Si no cortas su flujo de vida, podrías pelear con ellos hasta el fin de los tiempos. Usa mi poder. ¡Deja de jugar a ser un humano!
Jake apretó los dientes. Su neblina negra se volvió más densa, envolviendo sus manos hasta convertirlas en garras de sombra pura, mientras las venas oscuras de su brazo latían con furia. Si quería ganar, tenía que dejar de usar solo sus músculos. Tenía que usar el Dogma para desconectar a esas montañas vivientes de la fuente que las mantenía en pie.
—¡Elara, ahora! ¡Distracción total! —ordenó él.
[REGISTRO DE COMBATE EN CURSO]
• Enemigos: 2 Trolls de Piedra (Rango B / C+)
• Estado de Elara: Al límite de sus fuerzas / En posición de distracción.
• Estado de Jake: Integración con la Diosa en rápido aumento por el estrés del combate.
[SITUACIÓN CRÍTICA]
• El camino de regreso está bloqueado por los duendes restantes.
• Mathew está en estado de shock.
• El Troll líder se prepara para un ataque de área.
El estruendo del tronco petrificado chocando contra las paredes del cañón resonó como un trueno en un espacio cerrado. El suelo vibraba tanto que mantener el equilibrio era una tarea heroica. La fuerza bruta de los Trolls de Piedra estaba superando la capacidad de respuesta física de ambos; cada vez que Elara lograba un tajo preciso, la roca se sellaba en segundos.
—¡Jake! ¡No puedo seguirles el ritmo! —gritó Elara, esquivando por milímetros un pisotón que fracturó el suelo. Sus dagas rúnicas brillaban con una intensidad febril, pero el cansancio empezaba a notarse en sus hombros.
La mente de Jake trabajó a una velocidad hiperanalítica, procesando cada variable del entorno. Analizó las paredes del túnel: piedra caliza erosionada por el vapor fétido y debilitada por los nidos de los duendes. No iban a matarlos con acero, no allí.
—¡Elara, hacia las estalactitas del techo! ¡Usa las dagas para golpear los nervios rúnicos de la piedra! —le ordenó, mientras bloqueaba con su brazo cubierto por la capa de seda un barrido del Troll líder. El impacto lo entumeció hasta los dientes.
—¿Vas a derrumbar el túnel? ¡Nosotros también estamos dentro! —exclamó Mathew, abrazado a su mochila de pergaminos.
—¡Es eso o ser el postre de estas montañas! —respondió Jake.
Jake se concentró. No usó la Muerte que brotaba de su izquierda, sino el destello de la Vida de su mano derecha. Envió un pulso dorado de su Dogma hacia los cimientos del techo, detectando las "venas" de la estructura rocosa. Necesitaba que el colapso fuera selectivo.
—¡Ahora, Elara! —gritó.
Ella saltó, apoyándose en la rodilla del Troll más pequeño como si fuera un escalón. En el aire, giró y lanzó sus dagas imbuidas de una fuerza que solo alguien con el alma reforzada podría poseer. El impacto rúnico en el punto exacto del techo provocó una reacción en cadena.
—¡CORRAN! —rugió Jake.
Tomó a Mathew del cuello de su túnica y lo lanzó hacia la sección más profunda del túnel. Elara aterrizó a su lado y corrieron como si el mismísimo Emperador les pisara los talones. Detrás de ellos, un estruendo ensordecedor ahogó los rugidos de los Trolls. Toneladas de roca, tierra y nidos de duendes cayeron de golpe, sepultando a las bestias bajo una montaña de escombros.
La onda expansiva los lanzó hacia adelante, envolviéndolos en una nube de polvo asfixiante.
Cuando el estrépito cesó, solo quedó el sonido de sus respiraciones agitadas y el goteo lejano de agua subterránea. Estaban en una oscuridad casi total. Jake miró hacia atrás: el camino por el que vinieron, la ruta hacia la superficie de Xylos-Vaga, estaba completamente sellado por metros de roca sólida.
Habían sobrevivido a los Trolls, pero ahora estaban atrapados en las entrañas de la Cicatriz del Mundo.
—Lo... lo logramos —jadeó Elara, envainando sus dagas. Su ropa estaba cubierta de polvo gris, pero sus ojos brillaban con la adrenalina de la victoria— Aunque ahora no tengo idea de cómo vamos a salir de aquí.
—Solo hay un camino —dijo él, encendiendo una pequeña llama de energía en la punta de sus dedos. La luz reveló un pasadizo que descendía aún más, hacia donde el aire era más cálido y el olor a azufre más intenso— Hacia abajo.
Mathew se levantó temblando, revisando sus recursos recolectados.
—Esto es el Sector Sur-Profundo... No hay mapas de esta zona. Se dice que aquí es donde los Señores de la Piedra descansan antes de subir a la superficie.
[LETE]: —Excelente jugada, Jake. Has encerrado a los perros, pero has entrado en la perrera. Siente la vibración... la integración está empezando a hervir. Hay algo aquí abajo que no es piedra, ni es troll. Es... hambre.
Caminaron con cautela. Elara se mantuvo cerca de él, con la mano en el pomo de su daga. Habían dejado de ser escoltas; ahora eran exploradores en un territorio que Xylos-Vaga solo conocía por leyendas.
[RESUMEN DE SITUACIÓN]
• Estado del Camino: Bloqueado (No hay retorno inmediato a Xylos-Vaga).
• Ubicación: Cicatriz del Mundo - Profundidades Desconocidas.
• Aliados: Elara (Extenuada físicamente), Mathew (Aterrorizado pero útil por su conocimiento).
[PANEL DE ESTADO: EL ERRANTE]
• Fatiga: Alta, cuerpo al límite de su resistencia actual.
• Recursos: Cristales de Érebo (5), Monedas de Oro (10).