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Justicia Y Amor.

Justicia Y Amor.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Malentendidos
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Plan en marcha.

La noche cayó con un peso distinto sobre la ciudad de New York.

No era una noche cualquiera.

Era el tipo de noche, en la que, las decisiones no tienen vuelta atrás, en la que los errores… se pagan con sangre y en la que la verdad… finalmente exige su precio.

El edificio donde trabajaba Isabella estaba casi vacío, las luces encendidas en su oficina eran las únicas que rompían la oscuridad del lugar, frente a ella, el expediente estaba abierto.

Ya no había dudas, ya no había excusas, su padre no solo había sido cómplice… Había sido pieza clave, el era quien encubrió el asesinato, manipulando pruebas que ayudaron a condenar a Valentino.

Y protegió a un hombre que fue capaz de matar a su propio hijo por poder.

Isabella cerró los ojos, el dolor seguía ahí, pero ya no la paralizaba, eso mejor le daba fuerzas, la impulsaba.

—Se acabó… —susurró.

Tomó el teléfono y marcó

—Necesito reunirme con el fiscal —dijo sin rodeos—.

—Tengo pruebas suficientes para reabrir el caso de Valentino Rossi…

Hizo una pausa y su voz se volvió más firme.

—Y para acusar a uno de los hombres más poderosos de esta ciudad.

Colgó.

Sus manos temblaban, pero no de miedo, sino de lo que estaba por venir.

—Lo siento, papá… —susurró.

Pero en el fondo sabía la verdad, no lo sentía de verdad, porque lo que él había hecho…no tenía perdón.

Por otro lado, dentro de Blackstone Prison, el ambiente era diferente, estaba más tenso que de costumbre, tenían más vigilancia.

Era el día y Valentino estaba de pie, esposado, pero por dentro ya se sentía libre.

Salvatore lo observaba desde unos metros.

—Recuerda —dijo en voz baja—.

—No eres tú.

Valentino asintió.

—Ya no.

El ruido de las puertas metálicas se abrió paso en el silencio.

—¡En marcha! Gritaron, los guardias.

Los reclusos comenzaron a avanzar, una atrás de otro, en fila, paso a paso, siempre controlados y muy bien vigilados.

Pero en medio de ese orden, había caos esperando, solo faltaba una pequeña señal para empezar todo

El traslado se realizaba en una zona restringida, los vehículos estaban muy bien equipados, los guardias eran más que los de costumbre, cada uno seguía el protocolo, todo parecía bajo control.

Hasta que dejó de estarlo, pues se escuchó un disparo, seco, preciso, el primer guardia cayó al piso, nadie sabía qué ocurría o de dónde salió ese disparo.

Los guardias se alborotaron, y gritaron de inmediato.

—¡AL SUELO TODOS!

El caos estalló al instante, se escucharon gritos de todos lados, disparos, los presos y los guardias corrían sin saber a dónde ir, o en dónde resguardarse.

En medio del caos, Valentino levantó la mirada.

—Ahora… —murmuró.

Salvatore lo miró.

Y asintió.

Todo ocurrió en segundos, un vehículo impactó contra una de las rejas, del auto salieron hombres muy bien armados, no eran improvisados, sabían lo que hacían.

—¡Muévanse!

Uno de ellos se acercó directamente a Valentino.

—Tú vienes con nosotros.

Valentino no se movió.

—No.

El hombre frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

Y entonces…todo cambió, Valentino se giró y golpeó con fuerza, rompiendo el equilibrio del hombre.

Salvatore intervino y desarmó a otro.

—¡No son ellos! —gritó el anciano.

Valentino lo entendió demasiado rápido.

—Esto no es un rescate…—Es una ejecución.

Los hombres no estaban ahí para ayudar a escapar a Valentino, sino todo lo contrario, estaban ahí para matarlo.

El tiroteo se intensificó, los guardias respondían, pero todo era un desastre, a pesar de estar bien preparados y de ser bastantes, se notaba que los otros tenían la delantera, estaban bien entrenados y se notaba que habían estudiado el terreno.

—¡Vete! —gritó Salvatore.

Valentino dudó.

—¡Ahora hijo!

El anciano tomó un arma, disparó y cubrió el camino.

—¡Correee!

Valentino retrocedió.

—¡No! No te dejaré sólo.

—¡CORREEEEEEE!

El grito fue desgarrador, y en ese instante Valentino entendió, Salvatore no iba a salir de ahí vivo.

El anciano lo miró y por primera vez…sonrió, fue una sonrisa auténtica, una sonrisa sincera y con voz casi apagada dijo:

—No pude salvar a mi hija…

—Pero a ti sí.

De pronto un disparo, luego otro, el cuerpo de Salvatore se tensó, el anciano no se dejaba caer, resistía mientras seguía disparando y luchando.

—¡VETE AHORA VALENTINO!

Valentino corrió, no por cobardía, sino porque entendía el sacrificio, porque sabía que ese momento… Lo cambiaría todo.

Mientras tanto en el apartamento donde Yaya vivía todo estaba en calma, demasiado en calma. Yaya estaba de pie, mirando por la ventana, pero algo dentro le decia que las cosas no estaban bien, era como un presentimiento.

De pronto Luca entró diciendo:

—Tenemos que irnos.

Ella giró.

—¿Qué?—Ahora?.

El golpe en la puerta no se hizo esperar, fue un golpe fuerte, violento.

—Abre —dijo una voz al otro lado.

Yaya retrocedió.

—Son ellos…

Luca apretó los puños.

—Lo sé.

El segundo golpe fue más fuerte, hizo que la puerta comenzará a ceder.

—¡Atrás! —ordenó Luca.

Yaya obedeció.

El tercer golpe rompió la cerradura, la puerta se abrió de golpe, dos hombres entraron, con armas en la mano.

—Se acabó el juego. Dijeron.

Pero no sabían…con quién se estaban metiendo.

Luca se movió, sus movimientos eran rápidos y precisos, desarmo al primero, golpeó al segundo, la pelea fue brutal, sin pausas, sin miedos, Yaya solo observaba impactada.

—¿Quién eres…? —susurró.

Pero Luca no respondió, estaba muy ocupado y no era el momento.

Por otra parte, Isabella caminaba hacia el edificio judicial, su corazón latía con fuerza, pero no dudaba, ya no.

Entró, subió y cuando abrió la puerta…se detuvo en seco, su padre estaba ahí, sentado en la silla, frente al escritorio, esperándola.

—Sabía que vendrías.

El aire se congeló.

—No tienes idea de lo que estás haciendo —dijo él.

Isabella lo miró.

—Sí la tengo.

—No seas tonta, estás destruyendo a tu familia hija.

Ella dio un paso adelante.

—Tú la destruiste primero.

El silencio fue absoluto.

—Ese chico… —continuó él—.—No significa nada, el no te merece, no te quiere, no confía en tí.

Las palabras dolieron, pero no la rompieron.

—Para mí… lo significa todo.

El hombre la miró y su expresión cambió, se volvió fría y peligrosa.

—Entonces tendrás que elegir.

Isabella apretó el expediente.

—Ya elegí, Padre...

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