Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 19: El juego comienza
El silencio que cayó en el vestíbulo fue inmediato.
Las palabras del guardia dejaron a todos inmóviles.
“Una mujer que dice conocer la verdad sobre sus madres.”
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Una mujer? —preguntó.
El guardia seguía de pie cerca de la puerta.
—Sí, señora.
Adrián frunció el ceño.
—¿Dijo su nombre?
El guardia negó lentamente.
—Solo dijo que era urgente hablar con ustedes.
Sebastián cruzó los brazos.
—Esto se vuelve cada vez más extraño.
Lucas soltó una pequeña risa.
—O cada vez más interesante.
Camila miró a Adrián.
—¿Qué hacemos?
Adrián guardó silencio unos segundos.
Luego habló con voz firme.
—Hazla pasar.
El guardia inclinó ligeramente la cabeza y salió.
El silencio volvió a llenar el vestíbulo.
Camila sintió una mezcla de nervios y curiosidad.
Después de todo lo que habían descubierto esa noche…
Otra pieza del rompecabezas acababa de aparecer.
Salazar observaba la escena con una leve sonrisa.
—Parece que el destino también quiere jugar esta partida.
Sebastián lo miró con frialdad.
—No necesitamos tus comentarios.
Salazar levantó ligeramente las manos.
—Solo estoy observando.
Lucas caminó lentamente por el vestíbulo.
—Esto empieza a parecer un juego muy bien organizado.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lucas respondió con calma.
—Cada pista aparece exactamente cuando la necesitamos.
El silencio cayó.
Camila pensó en todo lo que había pasado.
Las noticias.
Las fotografías.
Los documentos.
El edificio.
Todo parecía una cadena perfectamente planeada.
—Alguien nos está guiando —murmuró.
Adrián la miró.
—Sí.
—Pero no sabemos por qué.
Sebastián respondió con tono serio.
—Tal vez lo sabremos pronto.
En ese momento la puerta principal se abrió nuevamente.
Todos miraron hacia la entrada.
Una mujer entró al vestíbulo acompañada por el guardia.
Camila la observó con atención.
Era una mujer de unos cuarenta años.
Cabello oscuro.
Rostro serio.
Sus ojos recorrieron la habitación hasta detenerse en Camila.
—Así que tú eres Camila Torres.
Camila frunció el ceño.
—Sí.
La mujer dio unos pasos hacia adelante.
—He estado buscándote.
Adrián habló con voz fría.
—Primero di quién eres.
La mujer lo miró.
—Mi nombre es Laura Mendoza.
Sebastián levantó una ceja.
—Ese nombre no me suena.
Laura respondió con calma.
—Trabajé con sus madres.
El silencio fue inmediato.
Camila sintió que el corazón le dio un salto.
—¿Las conocías?
Laura inclinó ligeramente la cabeza.
—Sí.
Adrián la observó con atención.
—¿En qué capacidad?
Laura respondió sin rodeos.
—Yo era parte del equipo que investigaba el fraude.
Sebastián frunció el ceño.
—Eso no aparece en los informes.
Laura soltó una pequeña risa.
—Porque mi nombre fue eliminado.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Por quién?
Laura respondió con calma.
—Por la misma persona que borró gran parte de la investigación.
El silencio volvió a caer.
Salazar observaba todo con interés.
—Esto se vuelve cada vez más interesante.
Laura lo miró.
—No esperaba verlo aquí.
Salazar sonrió ligeramente.
—Yo tampoco esperaba verte.
Camila frunció el ceño.
—¿Se conocen?
Laura respondió con calma.
—Digamos que compartimos enemigos.
Adrián cruzó los brazos.
—Si trabajabas con nuestras madres…
Su voz se volvió más dura.
—Entonces dinos qué pasó realmente.
Laura guardó silencio unos segundos.
Sus ojos recorrieron el vestíbulo.
Como si estuviera recordando algo.
—Lo que pasó esa noche no fue un accidente.
Camila sintió que el corazón le latía más fuerte.
—Eso ya lo sabemos.
Laura negó ligeramente.
—No saben todo.
Sebastián habló con tono serio.
—Entonces dilo.
Laura respiró profundo.
—Sus madres estaban muy cerca de descubrir la verdad.
Camila frunció el ceño.
—¿Sobre el fraude?
Laura respondió:
—Sí.
Adrián dio un paso adelante.
—¿Quién estaba detrás?
Laura lo miró.
—Un grupo de inversionistas.
El silencio llenó la habitación.
Lucas levantó una ceja.
—Eso suena muy general.
Laura continuó.
—Un grupo que usaba empresas falsas para mover dinero ilegal.
Camila cruzó los brazos.
—Eso ya lo sabíamos.
Laura negó lentamente.
—Lo que no saben…
Hizo una pausa.
—Es que ese grupo estaba dirigido por alguien que ustedes conocen.
El silencio fue inmediato.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Quién?
Laura miró a Adrián.
—Su familia estuvo involucrada desde el principio.
Adrián frunció el ceño.
—Eso ya lo dijo Salazar.
Laura giró la cabeza hacia él.
—Salazar solo conoce una parte de la historia.
Salazar sonrió ligeramente.
—Me intriga escuchar el resto.
Laura volvió a mirar a Adrián.
—El fraude no fue iniciado por tu familia.
El silencio cayó.
Camila frunció el ceño.
—Entonces ¿quién lo inició?
Laura habló con voz baja.
—Un socio cercano a tu padre.
Adrián sintió que algo no encajaba.
—Daniel Rivas.
Laura levantó ligeramente la mirada.
—Sí.
Sebastián habló con tono serio.
—Pensábamos que él solo sabía algo.
Laura negó lentamente.
—No.
Camila sintió un escalofrío.
—Entonces él…
Laura terminó la frase.
—Fue quien comenzó todo.
El silencio fue absoluto.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Eso cambia muchas cosas.
Camila miró a Adrián.
—Entonces Rivas es el hombre que estamos buscando.
Laura respiró profundamente.
—Sí.
Adrián habló con voz firme.
—¿Dónde está?
Laura guardó silencio unos segundos.
Luego respondió.
—En el edificio de la fotografía.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Entonces mañana…
Laura negó lentamente.
—No.
Camila frunció el ceño.
—¿No?
Laura habló con una calma inquietante.
—Está allí ahora.
El silencio fue inmediato.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Cómo lo sabes?
Laura respondió con voz baja.
—Porque acabo de verlo.
Camila sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
—Entonces podemos atraparlo.
Adrián habló con voz firme.
—Vamos ahora.
Salazar soltó una pequeña risa.
—Eso sería muy imprudente.
Adrián lo miró con frialdad.
—No te pedí tu opinión.
Laura levantó la mirada.
—Antes de que decidan ir…
El silencio volvió a caer.
Camila la observó.
—¿Qué pasa?
Laura habló lentamente.
—Hay algo más que deben saber.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Laura respondió con una frase que hizo que el aire se volviera frío.
—Rivas no está solo.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Quién está con él?
Laura respondió con voz baja.
—Alguien que ustedes jamás sospecharían.
Camila frunció el ceño.
—¿Quién?
Laura levantó la mirada lentamente.
Y lo que dijo después hizo que todos se quedaran en silencio.
—Valeria Montenegro.
El silencio llenó el vestíbulo.
Camila sintió que el mundo se detenía.
Porque si Valeria estaba involucrada…
Entonces todo lo que había ocurrido desde el principio…
Había sido parte del mismo juego.
Y ese juego…
acababa de comenzar.