En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 19: Valor el Demonio de la Devastación
El fuego del abismo nunca se apaga. Incluso ahora, bajo las profundidades más hondas del inframundo, las cenizas de aquella rebelión aún ardían. Allí, donde el cielo no existe y las almas gritan sin eco, Valor se alzó por primera vez.
El Rebelde del Inframundo que creía controlar todo Valor el de las espadas.
Mucho antes de que los dragones volaran sobre los cielos y los reinos humanos levantaran murallas, existía el trono negro del Rey Demonio, soberano absoluto del Inframundo. Y entre sus legiones se hallaba su más feroz general: Valor, el Guerrero de las Espadas. Su poder era temido, su voluntad inquebrantable. Pero el fuego de su ambición era demasiado grande, ¿para arder en la sombra de otro?.
> “¿Por qué servir… cuando puedo conquistar?”
Aquella simple frase marcó el inicio del fin. Las llamas de la rebelión consumieron las fortalezas del infierno. Legiones enteras de demonios se alzaron siguiendo a Valor, clamando por un nuevo orden. Durante nueve días y nueve noches, los cielos infernales se tiñeron de rojo. Pero al décimo día, el Rey Demonio desató su cólera. El trono negro rugió, y los cielos del infierno se partieron. Valor cayó derrotado, sus alas arrancadas, su ejército casi diezmado. Su castigo fue peor que la muerte: la expulsión. Fue arrojado fuera del Inframundo, a un mundo nuevo… el mundo de los mortales.
Ese fue el Nacimiento de la Devastación en el mundo mortal.
El impacto de su llegada fue sentido en todo el continente de Saderia. Montañas se derrumbaron, mares se alzaron, los cielos se tornaron de un rojo perpetuo. De la grieta que lo vomitó nació un valle que aún hoy se conoce como La Fosa Carmesí, un lugar donde nada crece y el aire huele a ceniza. Valor caminó entre los hombres, los elfos y los orcos, y donde pisaba no quedaba vida. Su poder era incontrolable, una furia divina mezclada con desesperación. No quería gobernar. Quería destruir. Eso pensaba en un principio.
> “Si los dioses me niegan el trono, haré que se arrodillen ante mis cenizas.”
Así comenzó la Devastación. En un solo año, tres reinos Tres reinos de razas fueron reducidos a polvo, reinos que hoy son tomados como leyendas, como El reino de los Hombres Bestia, el reino de la Ninfas y el reino de las Gigantes. Los océanos se tiñeron de sangre, los cielos se llenaron de humo. Los elfos huyeron a los bosques, los orcos se escondieron bajo tierra, los enanos sellaron sus ciudades subterráneas.
Solo una raza enfrentó al demonio sin retroceder: los Dragones.
Los Cielos Contra el Infierno marcó la tenacidad inquebrantable de los dragón y eso aumentó su ego como la raza dominante.
La Reina de los Dragones descendió de las alturas con su ejército de bestias aladas. El rugido de los dragones hizo temblar los continentes. La batalla entre Valor y la Reina duró tres lunas. Cada golpe de sus garras y su espada desgarraba la realidad misma. Los Dragones fueron los únicos en enfrentarse a Valor y su legión de Demonios , su tenacidad inquebrantable les valió para luchar la guerra más dura, que sólo se compraría a la guerra que llevarían acabó más de 3 siglos después. Eso aumentó su orgullo, aumentó su ego.
De aquel combate nacieron los desiertos ardientes, los mares helados y los volcanes eternos. El mundo fue moldeado por su odio mutuo. Ninguno venció.
Ambos se consumieron en su propio poder. Pero el demonio sobrevivió, aunque debilitado. La Reina se retiró a sanar sus heridas… y el mundo quedó al borde del colapso. Pero pese a que los dragones confiaban el pocas personas, confiaban en él.
Fue entonces cuando un hombre se alzó. El Rey Legendario Coleman. Entre los mortales surgió un guerrero que no pertenecía a ninguna raza mágica.
Un simple humano que blandía una espada que él mismo forjó, una hoja que contenía luz, oscuridad y voluntad. Su nombre era Coleman, el Rey del Reino de Eryndor conocido como "rey de la runa". Nadie sabe cómo un humano pudo desafiar a Valor. Algunos dicen que los dragones le enseñaron, otros que los dioses mismos guiaron su mano. Pero lo cierto es que su duelo duró siete días y siete noches. El rey Coleman marchando con una especie de Alianza entre humanos y Dragones y Valor con sus demonios.
El cielo ardía, la tierra lloraba.
Hasta que finalmente, Coleman clavó su espada en el corazón de Valor y pronunció las runas prohibidas.
> “Que tu furia duerma bajo el peso de tus pecados. Que el mundo olvide tu nombre.”
Así, Valor fue sellado. Su cuerpo quedó atrapado entre dimensiones, y su alma confinada en el vacío.
De la espada de Coleman, que absorbió parte del poder sagrado, nació la Espada Rúnica Coleman, el arma que siglos después llegaría a manos de Reinders.
Valor se convirtió en historia. Luego en mito. Y por último… en una leyenda que asustaba a los niños. Pero las leyendas nunca mueren. Solo duermen… hasta que alguien las recuerda.
En el presente el fin del Silencio había llegado El fuego se reavivó. Desde las ruinas de la mina donde el sello había caído, Valor emergió completamente libre. Su cuerpo era una mezcla de carne, metal y fuego. De su espalda brotaban alas rotas, envueltas en humo. Cada respiración suya incendiaba el aire.
Miró sus manos con una sonrisa que contenía siglos de rencor.
—El sello… roto.
—El aire… más dulce que la sangre.
—Los humanos… aún respiran.
Su risa retumbó como un trueno en todo el continente. Las montañas se agrietaron. Los demonios menores despertaron de su letargo, sintiendo la llamada de su señor.
—Me han encerrado demasiado tiempo—dijo Valor, mientras su sombra se extendía como un eclipse—.
—Es hora de terminar lo que empecé.
En ese instante, su poder se manifestó en el aire.
Un aura abrumadora que quebraba la realidad misma. Los cielos se oscurecieron, y la energía rúnica tembló.
Los sabios de Astrea y hasta los espíritus en los bosques sintieron su despertar. Todos sabían lo que eso significaba: El Demonio de la Devastación había vuelto… y su poder se encontraba en la cúspide del Cuarto Nivel del Rango Genio.
Valor alzó su espada forjada en fuego eterno, y con una sonrisa cruel declaró:
> “El infierno no me quiso…
así que haré del mundo mi nuevo trono.” El cielo se encendió en rojo.
El verdadero enemigo de todo el continente había regresado.