NovelToon NovelToon
La Luz Rojo Carmesí Del Final

La Luz Rojo Carmesí Del Final

Status: En proceso
Genre:Acción / Escena del crimen / Terror
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Pesadillas terribles torturan la conciencia y cordura de un Hombre. Su deseó de proteger a los suyos y recuperar a la mujer que ama, se ven destruidos por una gran telaraña de corrupción, traición, homicidios y lo perturbador de lo desconocido y lo que no es humano. La oscuridad consumirá su cordura o soportará la locura enfermiza que proyecta la luz rojo carmesí que late al fondo del corredor como un corazón enfermo.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Ojos. Pt18.

Yo sigo leyendo, repasando informe tras informe, número tras número. Todo parece rutinario, hasta que algo llama mi atención. Patrones. Transacciones pequeñas, mínimas, casi invisibles… pero constantes. Reviso una hoja. Luego otra. Y otra más. Cada una lleva el mismo sello: LINA-V05 y Inversiones Liv.

Miles de movimientos diarios, cifras pequeñas que por sí solas no significan nada. Pero juntas…

—Héctor —digo sin levantar la vista—, esto es enorme.

—¿Qué encontraste? —pregunta, sorbiendo sus fideos.

—Cada centavo parece insignificante, pero si sumas las miles de transacciones que pasan a través de Inversiones Liv por día… son millones. Lavados sin dejar rastro fuera de estos documentos. Y todos llevan el código: LINA-V05.

Héctor se inclina hacia adelante, frunce el ceño y empieza a abrir más carpetas.

—Eso explica los nombres que vi —murmura—. No es solo Linova.

Abre un archivo digital, teclea con rapidez, y gira la laptop hacia mí. En la pantalla aparecen gráficos, flujos de dinero, empresas que se repiten una y otra vez.

—Mira esto. —extiende varios papeles sobre la mesa—. Las transacciones de Inversiones Liv no solo lavan el dinero de los Linova. Limpian fondos de cientos de empresas diferentes. Gobierno, milicia, corporaciones privadas… Todos.

—¿Todos? —repito en voz baja.

—Todos —dice, su tono es plano, sin emoción—. Los Linova no son solo la fachada del lavado de dinero. Son la jodida cabeza y sus tentáculos están por todas partes. El lavado que manejan podría mover más dinero que toda Cuatro Leguas junta. Y eso… probablemente significa que esto va más allá que solo nuestra ciudad.

El silencio vuelve, pesado. El viejo reloj en el muro marca las 9:59 a.m. Afuera, el ruido de los autos empieza a llenar la calle, como si el mundo siguiera girando sin saber lo que acabamos de descubrir.

Miro la vieja radio, la cinta que aún sigue dentro, y pienso en lo que Slim dijo: “Que alguien tenga los ojos para ver donde yo ya no podré ver”. ¿Qué quería decir, acaso sabía que se quedaría sin ojos? Y esa suplica al final; ¿Seré yo, el detective al que le suplica? O ¿esperaba que un conocido suyo de la comisaría lo encontrara?

Ni Héctor ni yo conocíamos a Slim. Talvez alguien más, pero en la comisaría solo somos cinco con grado de detective, serian tres, sin contar a Héctor y a mí.

Me da la sensación de que, sin quererlo, ya somos esos ojos. Y ya somos el detective que responderá su súplica.

—¿Crees que Slim se refería a mí? —pregunto sin apartar la mirada de la cinta, aún en la radio.

—¿A ti? —Héctor levanta la vista, sorprendido.

—Sí. En la grabación, le pide ayuda a un detective y espera que sea el quien escuche su grabación. ¿Y si ese “detective” era yo o… tu? Tal vez esperaba que alguno de nosotros encontrara esto. Solo cinco en la comisaría tenemos ese rango… y ninguno de los dos conocía a Slim antes de este caso.

Héctor se queda callado. Revuelve su sopa con los palillos, mirando el vapor subir lento, como si buscara respuestas ahí dentro.

—Tal vez… —dice, con voz baja— tal vez Slim tenía la misma mierda que tienes tú.

Levanta la vista, serio, me mira directo a los ojos.

—Quizá te vio en sus sueños. Como tú lo viste morir en los tuyos.

—¿Qué diablos estás diciendo? —suelto, algo molesto.

—No lo sé, hermano. Pero esto ya dejó de ser un simple caso de lavado de dinero. Todo se está volviendo demasiado raro.

Antes de que pueda responderle, mi teléfono vibra sobre la mesa. El número del teniente parpadea en la pantalla. Contesto de inmediato y pongo el altavoz.

—¿Qué pasa, teniente? —digo.

Su voz suena grave, cansada, pero alerta.

—Necesito que tú y Héctor vengan a la comisaría, ahora. Tenemos que hablar.

—¿Sobre qué? —pregunto, aunque ya puedo sentir el nudo en el estómago.

—Sobre algo que pasó anoche… después de que ustedes salieran.

Lo primero que pienso es que nos descubrieron. Que alguien habló. Que ya saben que entramos a la Casa 47 sin orden. O peor: que saben lo que encontramos… y que el lugar ya no existe. Miro a Héctor. Él levanta las cejas, esperando que el teniente diga algo más.

—¿Qué ocurre, jefe? —pregunta.

—Prefiero no gritarles por teléfono —responde—. Estoy rodeado de gente. Hablamos aquí.

Corta.

El silencio que queda pesa más que cualquier palabra. Héctor deja la sopa a medio terminar.

—Genial. Suena a que nos jodimos.

—No lo sabremos hasta que lleguemos —respondo, levantándome.

Tapamos las cajas con unas sábanas viejas. No tengo cortinas, así que cualquiera podría ver desde la calle lo que guardamos. Le doy una última mirada al departamento. La radio, la cinta, el humo estancado… todo parece observarnos.

—Vámonos —digo finalmente.

Me guardo la cajetilla y el encendedor, camino a mi cama y tomo mi placa que aun duerme sobre la almohada, me la cuelgo al cuello. Héctor toma su abrigo del respaldo de la silla y se lo coloca, guardando de inmediato su laptop.

Camino a la entrada, tomo mi abrigo. Me lo coloco y me aseguro que mi libreta de sueño siga en su bolsillo. Salimos del departamento y bajamos directo por las escaleras.

Doce pisos después llegamos a la recepción. El chico de recepción está sentado, con los codos sobre el mostrador y la mirada fija en la puerta. Su atención no está en nosotros, sino en mi coche estacionado afuera. Cuando pasamos, levanta la mano en un saludo nervioso. Yo le devuelvo el gesto, sin detenerme.

Afuera, el cielo se vuelve gris. Las nubes de lluvia empiezan a tragarse el sol de la mañana. Cuatro Leguas vuelve a su tono habitual: plomo, humedad y desconfianza. Subimos al coche. Nadie dice una palabra en el camino. Héctor sigue tecleando en su laptop, sus dedos moviéndose al ritmo de la lluvia que comienza a caer.

1
favita
me encanta la historia muy genial el detective
melani99
🥰
sofialopez2010
favuloso
jomijomi2012
Muy buena, que siga
jomijomi2012
Que increíble el relato, hasta me dio penita la polilla de papel😔
manueles
Me encanta, que siga contando la historia 😻😻😻
manueles
Que hermoso, parese un poema😻
jotape
Donde habrán quedado mis alas de papel 😔
entomomoyan
Yo nací sin mis alas de papel, al igual que el detective 😔
latifa
yo igual ya no tengo mis alas de papel 😭
XintaRo
👍
latifa
ingreible quiero leer mas
jotape
😻
Anon
Esta muy buena la historia
Anon
Nadie pisa el sur sin consecuencias 😎
Anon
El héroe oscuro del distrito sur 😻😼
Anon
/Casual//Determined/
Anon
😻😎😼
Anon
👏/Good/
Anon
Esto esta muy bueno 🙀 esta muy buena la historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play