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La Reina del CEO Loco

La Reina del CEO Loco

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Equilibrio De Poder / Juego de roles
Popularitas:77.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Tras años de haber estado perdida, Valentina Rojas aparece misteriosamente en la estación de policía asegurando que apenas recordó quien era. Ante esto sus tíos, quienes se habían quedado con toda la fortuna de sus padres, la buscan, pero solo para ser el reemplazo de su hija en un matrimonio acordado con los Alcorta, ya que todos saben que Dante Alcorta, su futuro esposo, se había vuelto loco después de un accidente.
Valentina acepta el matrimonio y al llegar a la mansión lo primero que hace es descubrir que en realidad Dante no está loco como todos creen y que todo se trata de una conspiración para apoderarse de toda la herencia Alcorta, pero valentina no permitirá esto, porque lo que nadie sabe, es que Valentina desde un inicio tenía planeado aceptar ese matrimonio y su regreso no fue una coincidencia. ¿Quién es realmente Valentina? ¿Por qué acepto el matrimonio con Dante?

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

El hombre, al que la vieja llamaba Goyo, se enfureció.

—¿Quién sos para decir eso? Valen es mi esposa desde hace casi diez años. El año pasado me dio un hijo. La encontré con otro, le di un cachetazo y se escapó.

No terminó.

Dante lo pateó.

Goyo cayó de frente y tardó en moverse.

Valenntina lo miró con sorpresa agradable.

Así que el enfermito también sabía pelear.

La vieja quiso tirarse encima de Dante, pero seguridad la sujetó.

—Te hice una pregunta —le dijo Dante a Vázquez—. Contestá.

El hombre sudaba.

—Señor, en la puerta no los dejaban pasar. Pero salió la señora Patricia, los escuchó, vio una foto de la señora Valenntina y autorizó la entrada.

Dante miró a Patricia.

—Así que esto es tuyo.

Patricia ya tenía el discurso preparado.

—Los vi perdidos, buscando a una chica con su foto. Me dio pena. Jamás imaginé que Valenntina realmente hubiera abandonado marido e hijo para casarse con vos.

Luego miró a Ricardo.

—La familia Alcorta no necesita aceptar una mujer usada, ¿no?

—Por supuesto que no —rugió Ricardo—. Ni una familia común toleraría un engaño así.

—¿Escuchaste, Valenntina? —Patricia sonrió—. Volvé con tu marido del campo. Esta casa no te quiere.

—¿Quién se atreve a echar a mi esposa? —La voz de Dante cortó la sala—. ¿Desde cuándo decidís vos en la familia Alcorta?

Iván dio un paso.

—Segundo hermano, no será tu madre biológica, pero es la esposa legal de papá y la señora de esta casa. No deberías hablarle así.

Dante se rio.

—Señora de la casa. Iván, si sos inteligente, decile a tu madre que esconda mejor la cola. Si no, hoy mismo la saco de la familia. ¿Querés probar?

—La casa Alcorta no es la misma de hace tres años —respondió Iván—. Ya no alcanza con tu palabra.

Ricardo intentó calmar.

—Son hermanos. No discutan por una mujer. Iván, respetá a Dante. Dante, Patricia también es tu madre...

—Cerrá la boca. Mi madre está muerta. ¿Una amante merece ese lugar? Qué risa.

Ricardo tembló de ira.

—¡Desagradecido!

Como no se animó a golpear a su hijo, apuntó a Valenntina.

—Desde que llegaste, esta casa es un desastre.

Patricia le hizo una seña a la vieja.

La mujer se tiró al piso.

—¡Los ricos nos roban la nuera y golpean a mi hijo! ¡Me muero acá mismo!

Goyo, ya recuperado, empezó a gritar con ella.

Dante iba a ordenar que los sacaran.

Valenntina lo detuvo.

—Esperá. La obra todavía no terminó.

La señora Villar se acercó y susurró:

—Si tu marido te defiende, dejalo. No te metas.

Valenntina le sonrió.

Era la única que había mostrado compasión cuando todos miraban.

Pero esto tenía que aclararlo ella.

No porque tuviera miedo.

Porque le interesaba ver las caras: Patricia con su veneno, Iván con su elegancia falsa, Ricardo con su cabeza hueca. Y esos invitados que cinco minutos antes querían ser sus amigos y ahora se escondían detrás de las copas.

Solo Dante se había parado delante.

Valenntina llevaba años peleando sola. Descubrir que alguien podía cubrirle la espalda le produjo una sensación rara. Casi tibia.

Aun así dio un paso al frente.

—Con chusmas profesionales no tenés práctica —le dijo a Dante—. Dejámelo a mí.

Se paró frente a la vieja.

—¿De verdad me conocés?

La mujer se levantó de un salto.

—¡Valen! Sabía que no ibas a desconocernos por plata. Desde los diez años vivís en mi casa. Te compramos, sí, pero te tratamos como hija. Tenés un hijo allá.

Valenntina frunció el ceño.

—Raro. Por el acento, ustedes son del norte. Según el expediente policial, cuando me perdí terminé en el sur.

La vieja giró los ojos.

—Primero al sur, después te vendieron al norte. Eras chica, no recordás.

Valenntina soltó una risa.

—Te mentí. Nunca estuve en el sur. Estuve en el norte.

La vieja quedó dura, pero siguió.

—No importa norte o sur. Sos nuestra nuera. Goyo, llevate a tu mujer.

El hombre extendió la mano.

Valenntina se la atrapó.

Crack.

El alarido llenó el salón.

—Si la mano está sucia, mejor no usarla.

Le soltó la muñeca rota y miró a la vieja.

—Acabás de decir que me compraron de chica. En Argentina, comprar, retener o trasladar personas es trata. Da cárcel. No sé si tus huesos aguantan tres años encerrados. Y si investigan casos previos, puede ser bastante más.

La vieja dejó de llorar.

Ellos eran profesionales. Habían usado ese teatro para llevarse mujeres más de una vez. Patricia les pagó bien y pensaron que sería solo un escándalo de fiesta.

No esperaban leyes, cámaras ni una mujer capaz de partir huesos con dos dedos.

—Valen, ¿vas a mandar presa a tu suegra por plata? Goyo, vámonos. Esta mujer no tiene corazón.

Quisieron escapar.

Valenntina les bloqueó el paso.

—¿Irse? No. Ya llamé a la policía. Me interesa saber a cuántas personas se llevaron con esta actuación.

Seguridad los sujetó.

Valenntina giró hacia los invitados.

—Si en la calle ven a una mujer o a un chico arrastrado por desconocidos que dicen ser familia, no crean de una. Detengan la situación y llamen a la policía. A veces una persona no puede defenderse aunque grite.

No sonó a discurso. Sonó a recuerdo.

La señora Villar fue la primera en aplaudir.

Después siguieron otros.

Patricia sonrió a la fuerza.

—Qué horror. Jamás pensé que podían ser delincuentes. Solo quise ayudar.

Iván le acercó la salida.

—Fue un malentendido.

Ricardo soltó el aire. Al menos la vergüenza de la familia parecía salvada.

Nadie pidió disculpas a Valenntina.

Como si una mujer casi arrancada por tratantes pudiera volver a sentarse y comer postre.

—Patricia —llamó Dante.

Ella iba a retirarse.

—¿Sí?

—Disculpate.

Patricia creyó haber oído mal.

—Soy tu mayor. La esposa de tu padre.

—Disculpate.

Ricardo vio a los invitados volver a mirar.

—Dante, no hagas papelones. Se arregla en casa.

Dante ni lo miró.

—Papá, quería guardarte la cara. Pero si una mujer humilla a mi esposa en público y yo no le exijo justicia, ¿qué clase de marido soy?

Ricardo buscó otra vía.

—Valenntina, decile algo.

Esperaba que lo calmara.

Valenntina sonrió.

—La disculpa de palabra se queda corta. Mejor una carta pública en redes.

Patricia se puso verde.

Iván endureció la mandíbula.

—Eso es demasiado.

—¿Demasiado? —Valenntina ladeó la cabeza—. Hace un minuto casi me arrastran para venderme. Eso no les pareció tanto.

Ricardo la señaló.

—Antes Dante era arrogante, pero me respetaba. Desde que vos apareciste, se volvió peor. Seguro lo envenenás contra su familia.

—Basta —dijo Dante.

El salón se heló.

—Hasta ahora seguís defendiendo a Patricia. ¿De verdad sabés quién es? ¿Creés que es buena porque te deja salir con mujeres y nunca te reclama?

Iván se metió delante de su madre.

—Mi mamá cuidó esta casa años. Cuando estuviste enfermo, te atendió. Nunca la llamaste mamá ni tía. ¿Ahora encima la atacás en su cumpleaños?

Muchos invitados conocían a Patricia como la madrastra paciente. Dante, en cambio, siempre había tenido fama de frío. La balanza social empezaba a moverse.

Dante se rio.

No fue una risa alegre.

—Los tres años de "cuidado" de Patricia no los voy a olvidar jamás.

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Jharumy Liviapoma manchay
Excelente
Jharumy Liviapoma manchay
Espero te encuentres bien, y puedas actualizar, un abrazo 🫂
Maria Elena Ortega
yo lo pensé,usted lo dijo
H. Parra
Hola Irina, buen día. espero que te encuentres bien. por favor no nos dejes a mitad de esta maravillosa y extraordinaria obra de tu talento, por favor por favor. gracias
Lidia
jaja si esta en Buenos Aires y en un pueblo paga en dólares la reparación de un neumático que fantasioso
Lidia
Interesante
H. Parra
oh pensé que estaba completa la historia.
H. Parra
demasiado buena está historia
H. Parra
jajaja 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤭🤣🤣🤭
Elizabeth Vargas
Autora Irin porfavor actualiza 100 cap son muy pocos éxigo más porfa
H. Parra
buenísimo, este Sebastián y dante me matan de risa🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
H. Parra
ay Sebastián si que moriste pronto en tus sueños, ja🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
H. Parra
autora eres lo máximo para crear está historia👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
H. Parra
waooooi waoooo waoooo🤭
H. Parra
amo a este par de protagonistas🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
H. Parra
súper 👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏 gracias autora. tienes tremendo talento. me encanta que no tantas vueltas para seguir la historia ☺️
H. Parra
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣demasiado divertida, muy interesante 🥰
H. Parra
está historia es la mejor de todas las que he leído 👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
H. Parra
rebuenisima historia
H. Parra
jajajaja ahora sí se armó la grande
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