Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
NovelToon tiene autorización de Maria Trinidad Raquel Reig Mateu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 18: RENACIMIENTO.
En la habitación 12, el único sonido era el zumbido del aire acondicionado y el goteo de un grifo. Joan yacía sobre las sábanas blancas, que parecían demasiado brillantes contra su piel aún cetrina.
Vicky vertió alcohol sobre una gasa. Sus manos temblaban, no de miedo, sino por el agotamiento residual de las descargas. Al tocar el hombro de Joan, notó que su piel ya no era gelatina; la solidez del músculo humano estaba regresando, pero el proceso era doloroso de observar. Debajo de la superficie, las venas de Joan emitían destellos azules erráticos, como cables que intentan conectarse tras un cortocircuito.
- Duele… —susurró Joan. Su voz aún tenía un eco metálico, pero sus ojos ya no eran de plata. Eran sus ojos. Marrones, cansados, llenos de lágrimas.
Vicky limpió la quemadura que la daga de plata había dejado. La marca tenía la forma de una estrella negra, un estigma que nunca desaparecería. Mientras pasaba la gasa, vio cómo una pequeña escama grisácea se desprendía del pecho de Joan, revelando piel nueva y sonrosada debajo. Él estaba "mudando" el horror.
Vicky se sentó en el borde de la cama y, por primera vez en horas, lloró en silencio mientras le vendaba el pecho, sintiendo bajo sus dedos el latido rítmico y humano de un corazón que ya no servía como batería para los Wytches.
Dos puertas más allá, el ambiente era más pesado. Ralph estaba sentado en una silla de madera, apretando los dientes mientras Annie examinaba el boquete en su hombro izquierdo.
- No te muevas —dijo Annie con firmeza, aunque sus ojos traicionaban su preocupación.
La herida de Ralph era un cráter de carne viva donde el incisivo había estado anclado. Annie aplicó un ungüento antibiótico, pero la infección de los Wytches no se rendía fácilmente. Alrededor de la herida, las venas negras habían dejado cicatrices que parecían grabados químicos, formando un patrón que recordaba vagamente a la estructura de un ala de mosca.
- Todavía puedo oír el clic-clic de sus patas cuando cierro los ojos, Annie —confesó Ralph, con la mirada perdida en el papel pintado de la pared.
Annie comenzó a envolver el hombro con vendas limpias. Al apretar el nudo, Ralph soltó un gruñido. Ella se detuvo y le puso una mano en la mejilla. Estaba ardiendo de fiebre, una fiebre que no era de este mundo. Aunque el diente se había ido, la "marca" en su hombro izquierdo palpitaba débilmente bajo el vendaje.
- Ya pasó, Ralph. Estamos fuera —le mintió ella con suavidad.
Sabía que no era del todo cierto. Mientras terminaba de vendar sus heridas, Annie notó que el brazo de Ralph todavía tenía una rigidez extraña, una fuerza muscular que no debería estar ahí. Le dio un sedante y esperó a que se durmiera, preguntándose cuánto de ese "clic-clic" era recuerdo y cuánto era una secuela que aún corría por sus nervios.
La oscuridad lo invadía todo, dio unos pasos y se detuvo al notar a otra persona parada ante él. Le observaba con asombro y a la vez extrañeza.
- ¿Ralph?
- Hola Joan, ¿qué hacemos aquí? ¿Y las chicas?
-Ralph creo que estamos muertos. – la voz apenada de Joan hizo que Ralph se desesperara.
Al final, vieron que se abría paso un punto luminoso que se ensanchaba hacia ellos. Los dos iniciaron la caminata hacia esa luz, era como si les llamara y ellos obedecían al llamado. Cuando llegaron a la luz, ante ellos un paisaje se expandió. Campos y campos de flores, con árboles frutales de toda clase. Pájaros revoloteando alegres sobre la luz fulgorosa del sol.
A la sombra de un centenario almendro dos hombres, con una sonrisa dibujada con orgullo, los miraban deseando culminar el reencuentro. Los dos jóvenes conforme se acercaban e identificaban a los dos hombres como sus padres, se sintieron felices. Cuando se vieron frente a frente los cuatro se abrazaron. Emocionados. Primero con sus padres y luego con sus respectivos tíos.
Habéis logrado una hazaña muy grande. Eliminar uno de los portales más peligrosos que había al servicio de los Dracon. – hablo Joe. – nos sentimos orgullosos de vosotros.
Gracias, padre. – agradeció Joan halagado. – pero el mérito está más en las chicas, Annie y Vicky que nos acompañan.
- Lo sabemos, Joan – aclaró su tío Scout. - Annie es la hija pequeña del Tío George y en cuanto a Vicky es la que cumple con los requisitos de la doncella del ritual.
- Así es, padre – intervino Ralph. – padre, puedo preguntarte ¿Qué ocurrió en Japón para que no regresaras con vida?
- Eso te corresponde a ti averiguarlo, hijo mío. Sé que no fue fácil para ti aceptar mi muerte ni la de tu madre, pero tenían un propósito y tú eres quien debe desvelarlo para honrarnos y devolver la dignidad de nuestro linaje ante el AMO.
¿Y cómo lo hago? – inisitió desconfiado.
Hijo mío, vas por el buen camino. Sigue a los latidos de tu corazón, te llevarán a la verdad.
Lo mismo te digo hijo – añadió Joe – tu también tienes la misión de llegar a la verdad de tu linaje. Te eduqué y enseñé para que llegado el momento cumplieras con tu cometido.
Gracias, padre, Tío vuestras enseñanzas y educación han sido de mucha utilidad desde que dejé atrás el hogar.
- Chicos, no olvidéis algo muy importante. Vuestra misión es trascendental cumplirla, pero más valioso es no dejar atrás a las personas que realmente os aman. – les recordó Daichi Scout.
- Así lo haremos padre – aceptó Ralph.
- Ahora regresad, proteger a Annie y Vicky está por encima de los tesoros del AMO. Pronto tendréis noticias de Sally. – se despidió Joe.
Joan quiso preguntarle por su hermana, no hubo oportunidad, su padre y tío se desvanecieron.
La Luz del cartel de Motel parpadeaba, una brisa se levantó levantando el polvo de la tierra.
El ventanal abierto se abría y cerraba con ritmo, pero sin llegar a golpear contra el marco.
Los sollozos de Vicky se oían ahogados en el pecho de Joan. No quería dormirse, por si al despertar lo había perdido para siempre.
Se aferraba a su cuerpo con una ternura genuina y cálida a la vez, su cuerpo emitía un aura rosada que envolvió al cuerpo frío de Joan. Una luz dorada apareció detrás y se unió al aura rosada. Ambas envolvieron a Joan, sus heridas se fueron curando a una velocidad sobrenatural, su cuerpo quedó totalmente regenerado e intacto. “Cuídala”. La voz se oía como un susurro tierno en sus oídos.
Sus brazos rodearon a Vicky, ella se percató del movimiento y alzó la mirada. Cuando vio que estaba despierto, sonrió adornada con unas lágrimas cristalinas.
- ¿Estás mejor?
- Sí – ella se apartó para dejarle que se incorporara. Joan se quitó el vendaje. Vicky al verlo se alarmó.
- No te lo quites, tu herida – quedó sin palabras al ver que no tenía ni rastro de sus heridas. – Joan, tenías las marcas de tus heridas y no están.
He sentido una quemazón suave, supongo que habrá sido cosa del AMO. – ella le miraba incrédula, pero Joan sonrió y la abrazó con dulzura. – Gracias, por cuidar de mí.
- Tú cuidas de mí todos los días. – su tono suave rozaba el enamoradizo.
En la otra habitación, Annie se había levantado para cerrar la ventana, hacía un momento un escalofrío la invadió tras quedarse en ropa interior para darle calor a Ralph, al que notaba muy frío. Justo en el momento que finalizaba su tarea, alguien la cubría con una manta.
Te vas a enfriar. – la voz paralizó a Annie. Pues creía estar en un sueño. Se volteó y le vio con su hermosa sonrisa.
- ¡Ralph! – se puso a llorar abrazada a su pecho desnudo. – creí que te morías.
Todavía no me ha tocado ese boleto. – bromeó, la tomó en brazos – anda vamos a la cama que te vas a resfriar. – la tumbó y arropó con la manta. – Descansa mañana nos espera un día largo.
Al amanecer llegaron a la zona fronteriza México, conducía Joan. A la altura de una de las cabinas de seguridad fronteriza, se detuvo ante la cola esperando su turno. Vicky le tomó con cariño la mano, que posaba en el puño del cambio de marchas, para colocarla entre las suyas.
Les tocó el turno, mientras se acercaba lento al puesto. Joan mirando al agente, que les observaba bajo sus gafas de sol de la marca Rayban. Con un sombrero beige a juego con su traje de policía. Tenía las manos puestas en jarra.
- Chicas, ni se os ocurra mirarle a los ojos. – advirtió Joan, Ralph abrazó a Annie para ocultar su rostro mientras que Vicky bajó la mirada. El hombre sudoroso, indicó a Joan que bajara la ventanilla.
- ¿A dónde vais? - dijo mirando a las chicas, Vicky con la mirada baja hacia la mano de Joan entre las suyas, la tomó con fuerza, Annie seguía refugiada en el pecho de Ralph amorosamente.
- Vamos de escapada ... - y le enseñó un carné de identidad, el policía lo miro y se puso nervioso, luego miró a Ralph y dio un paso hacia atrás. - ... solo serán unos días intensos.
- Disfrutadlos, pero cuidado no despertéis al AMO...
- Por supuesto. El AMO debe seguir durmiendo.