El miedo….. cualquier persona lo tiene Dicen que los niños son más miedosos pero es eso verdad? O solo lo usan de excusa para no aceptar los miedos de los adultos , fantasmas, zombis o cualquier género que se vea un viernes por la noche con comida ¿Dirías tus miedos?…. Tal vez los ruidos de tu casa sean reales…
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Amuleto
El amuleto no era bonito.
No brillaba. No tenía nada especial a simple vista.
Era una pieza de madera oscura, áspera, con marcas talladas que no formaban un dibujo claro… pero tampoco parecían aleatorias. Como si alguien hubiera intentado copiar un símbolo sin terminar de entenderlo.
Aun así…Se sentía.
Lo llevaba colgado bajo el buzo, apoyado contra la piel, y desde que había salido de la casa de Tomás no había dejado de notarlo.
No molestaba.
Pero tampoco desaparecía.
Era como una presencia constante.
—No se lo saquen —había dicho Tomás—. No los va a proteger del todo… pero les va a dar tiempo.
Tiempo.
No sabía cuánto.
Pero lo necesitábamos.
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...Jueves — 7:42 am...
El aire de la mañana estaba frío.
Más de lo normal.
O tal vez era yo.
Caminé hacia la escuela con la mochila más pesada de lo que debía. El dibujo seguía adentro. El recorte también. Y ahora… el peso de todo lo que sabíamos.
pero la noche anterior dormí mejor sin sentir nada o tener alguna pesadilla.
Doblé en la esquina.
El sendero al bosque apareció a mi derecha.
Como siempre.
Pero no era como siempre.
No lo miré de inmediato.
Seguí caminando.
Un paso.
Dos.
Tres.
El amuleto se entibió levemente.
Me detuve.
Lentamente giré la cabeza.
El sendero estaba igual.
Tierra.
Sombras.
Árboles demasiado juntos.
Pero había algo más.
No visible.
No claro.
Solo… una sensación.
Como si hubiera profundidad de más.
Como si el camino no terminara donde debería.
—No —murmuré, casi automático.
Apreté el amuleto con la mano, debajo de la ropa.
El calor aumentó apenas.
No doloroso.
Pero presente.
Como una advertencia suave.
Desvié la mirada.
Y seguí caminando.
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...7:55 am...
La escuela, Ruido, Movimiento y Normalidad.
Entré.
Y lo primero que noté…Fue el silencio.No externo.Interno.
Hunter no estaba.No lo sentía.No lo percibía.Nada.
Me quedé quieta en la entrada unos segundos.
Escuchando.Esperando.Pero no había susurros.
Ni miradas invisibles.Ni esa sensación constante de estar acompañada.
—Funciona… —murmuré.
—¿Qué cosa?
Giré.
Sofía estaba ahí.También llevaba el amuleto.
Lo noté enseguida.
Se lo acomodó apenas bajo la remera.
—Esto —respondí en voz baja.
Ella dudó un segundo.
—Sí…
Silencio.
—Yo tampoco lo siento —agregó—. A Illimani.
Nos miramos.
Por primera vez desde que todo empezó…
Estábamos solas.
De verdad.
Y eso debería haber sido un alivio.
Pero no lo fue del todo.
Porque si ellos no estaban…
Era porque algo los mantenía lejos.
No porque hubieran desaparecido.
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...8:10 am — Aula...
Nos sentamos.
El aula tenía la misma luz de siempre. Medio apagada. Con ese tono gris que hacía que todo pareciera más lento.
Abrí el cuaderno.
No para escribir la clase.
Para pensar.
—Patrones —dije en voz baja.
Sofía apoyó el mentón en la mano.
—Edad.
Asentí.
—Infancia… todos empezaron de chicos.
—Y el bosque —agregó.
Escribí.
Bosque
La palabra quedó ahí.
Pesada.
—Pero eso no sirve —dije—. Medio pueblo pasó por ahí.
Sofía asintió.
—Tiene que haber algo más específico.
Silencio.
El profesor hablaba.
No escuchábamos.
—Conexión previa —dijo ella.
Levanté la vista.
—¿Cómo nosotras?
—Sí.
Escribí.
Contacto temprano
El lápiz raspó el papel más fuerte de lo normal.
—Y nombres… —murmuré.
—¿Qué?
—Les damos nombres.
Sofía frunció el ceño.
—O ellos se los dan…
Silencio.
—Hunter… Illimani…
El aire pareció tensarse apenas.
Miré alrededor.
Todo normal.
Demasiado normal.
—No deberíamos decirlos mucho… —agregué.
Sofía asintió.
—Tomás dijo que nombrarlos los fortalece.
Cerré el cuaderno un poco.
Como si eso ayudara.
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