La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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Santos, ¿qué haces aquí?
Si papá no nos dice la verdad, tendré que hacerlo yo, dijo Santos.
Qué necio eres, hermano, es obvio que a él no le interesamos para nada.
Estás equivocado, él nos ha ayudado en todo. ¿Qué más quieres que haga? No se la pongas tan difícil.
Deja de decirme lo que debo o no hacer. Yo hago lo wue me dé la gana, y ahora ve a dormir, ya que no está el abuelo ocupa su cama. Mañana te ayudo a sacar todo lo que no sirva.
Santos se fue al cuarto que antes era de su abuelo. Solo aventó las cosas al suelo y se acostó.
Al día siguiente era domingo, Alex le ayudaría a limpiar.
¿Sabes, hermano?, yo no te voy a juzgar si quieres llevar una relación con tu padre, yo aún no sé que hacer, dijo Alex al día siguiente mientras limpiaban el cuarto.
Había tres cajas grandes. Cada una estaba rotulada de la siguiente manera:
Conservar, Donar, Tirar.
Estaban separando las cosas, cuando llegó Marco acompañado de sus otros hijos.
Hola, ¿se puede pasar?, dijo con la mayor educación.
Marco, pase, dijo Santos sin poder ocultar su alegría.
Vamos a ir al estadio, hoy juegan los Rayados contra América, ¿quieren venir con nosotros?
Santos volteó a ver a su hermano.
Lo siento, yo no puedo, estoy muy ocupado, y creo que mi hermano también, dijo Alex sin paños calientes.
Santos no esperó a que Marco contestara y dijo: Yo sí voy, después de todo, nunca se acaba el quehacer doméstico.
Alex solo se encogió de hombros.
Alex, ¿seguro que no quieres venir también?, dijo Alex poniéndole la mano en el hombro.
Él saltó como si lo hubiera picado un alacrán. ¡No me toque!, mi abuelo tiene poco de muerto, y usted solo piensa en divertirse, ¿cree que así lo vamos a perdonar por su abandono?
Nadie podía imaginar que Alex dijera tal cosa.
Marco tardó varios segundos en hablar. ¿Abandono?, ¿de qué hablas?
Alex, no; Santos trató de persuadirlo para que no hablara.
Pero este no le hizo caso y soltó todo lo que tenía en su corazón, y tantos años odiando a su padre.
¿Qué esperas para decirnos a Santos y a mí que tú eres nuestro padre biológico?, ¿que abandonaste a nuestra madre cuando más te necesitaba?
Los otros hijos de Marco se quedaron perplejos.
Por favor, espérenme en el auto, enseguida voy.
Sí, papá, dijeron todos.
¿Cómo sabes que fue así?, nosotros estábamos en situación de calle. Solo pasaron las cosas, ella se fue y no la volví a ver. Creo que sus padres se la llevaron a la fuerza. Ambos éramos muy jóvenes, dijo Marco en su defensa.
Ella era una niña, tú abusaste de ella. Y luego la abandonaste, ¿por qué no la buscaste por mar y tierra? Tu juventud no es pretexto para no saber lo que hacías, dijo Alex, en verdad le salía lumbre por los ojos.
Hijos...
No nos llames hijos, no lo somos. No te reconozco como padre, y no trayes de engatuzar a Santos para que te acepte, por lo que veo él no piensa como yo.
Por favor, Alex, sé que no hice lo suficiente, pero en mi defensa digo que no sabía nada de ustedes. Jamás imaginé que tenía dos hijos. Yo tenía 15 años en ese momento, no tenía hogar, ni familia.
Como haya sido, mi madre murió sola, en esa casa donde mis abuelos la tenían, prácticamente secuestrada. ¿No es así, hermano?
Santos estaba callado, no quería decir nada que afectara su relación con Marco ni Alex, se sentía entre la espada y la pared.
Yo... siento que necesito a mi padre conmigo, perdóname, Alex, pero mi padre significa tanto para mí como tú. Por favor, no me obligues a decidir. Los amo a los dos, y también a mis otros hermanos.
Marco y Santos se abrazaron ante la mirada de odio de Alex.
En cambio, Marco sintió como si le quitaran un peso de encima.
Por fin sus hijos sabían la verdad. Batallaría mucho para conseguir que Alex lo perdonara, pero al menos ya sabía la verdad.
¡Váyanse ya!, rugió Alex. Y cuando iban saliendo, ¡eres un traidor, Santos!
Santos movió la cabeza con tristeza, pero a la vez sintió alivio al ver a Marco y poderle decir papá.
Pero la felicidad aún no formaba parte de ellos, porque varios días después, Alex le recriminó a Santos su proceder, y lo corrió de la casa.
Vete, aquí no hay lugar para los traidores, dijo Alex de una manera que no admitía réplica.
Pero esta casa también es mía, no puedes correrme.
Claro que te corro, agarra tus cosas y lárgate.
Santos guardó todas sus pertenencias en una caja grande y salió de ahí con cajas destempladas.
Sentía mucha tristeza porque amaba a su hermano, no le guardaba rencor.
Él sabía que pronto recapacitaría. Alex no era malo, solo que estaba decepcionado de Marco. Aunque sabía que no era culpable del todo.
Fueron las circunstancias, aun así, Marco debió luchar por Juanita.
El nuevo día sorprendió a Santos dormido en la pequeña escalinata del restaurante, usando la caja y una chamarra como almohada.
Cuando llegaron Cristina y Édgar (ellos tenían su casa, no vivían allí), lo despertaron.
Santos, ¿qué haces aquí?, preguntó Cristina, pegándole suavemente en el hombro.
¿Eh?, perdón, no tenía a donde ir, dijo Santos, levantándose de inmediato.
¿Cómo?, ¿y tu casa?, insistió Cristina, caminando atrás de la casa, seguida de Édgar y Santos.
Es una larga historia, mejor hablamos más tarde, ¿ok?
De acuerdo, date un baño para empezar el trabajo.
Un poco más tarde, Santos estaba perfectamente arreglado para empezar un nuevo día.
Gisela se presentó a las ocho, qué madrugadores son. ¿Y Alex, Santos?
En su casa supongo, dijo él, su cara no mostraba expresión alguna.
Cada quien se ocupó de lo suyo. Obvio Marco estaba en su despacho.
A las nueve en punto Alex ya estaba ahí. Buen día a todos.
Buen día.
Buen día.
Respondieron todos.
Sara llegó poco después.
Ella se acercó a Alex, y le dio un beso en la mejilla, igual que a Santos.
Al parecer, nadie se dio cuenta de que Alex y Santos no se hablaron. Ni Cristina, ni Édgar que lo habían visto dormido afuera se dieron cuenta.