Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.
Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie
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EPISODIO 16: LA MARCA DEL CAOS
La noche bajaba sobre la ciudad como un manto azul oscuro cargado de murmullos. Los faroles de cristal de maná iluminaban los pasillos y callejuelas con un brillo suave, creando una atmósfera tranquila tras el día frenético de competencia. Pero Kael, Ryn, Leon y Densel no tenían intención de dormir todavía.
Habían pasado a la gran final. Y eso merecía celebración.
En la taberna había cuatro idiotas felices.
—Damas y caballeros —dijo Ryn alzando una jarra—, brindemos por el talento, la perseverancia y por supuesto… por mí.
—Qué sorpresa —suspiró Leon—. Ryn hablando de sí mismo. Jamás lo vi venir.
Densel soltó una carcajada. Kael solo sonrió. La alegría del momento era contagiosa, ligera, necesaria.
—No puedo creer que estemos en la final —dijo—. Fue duro, pero lo conseguimos.
—Duro para ti —respondió Ryn señalándolo—. Yo nací para brillar.
—Naciste para molestar —agregó Densel.
—Y lo hago excelente —dijo Ryn con una reverencia exagerada.
Kael sintió cómo al fin podía relajarse. No había entrenamientos, no había profesores exigentes, no había rivales… solo sus amigos y la sensación de que el futuro era prometedor. Pero la noche guardaba un giro. Uno oscuro. Uno inevitable. Un peligro mortal. El cazador llega y sus presas están medio borrachas. Una sombra cruzó el techo. No era un gato. No era un pájaro. Era una presencia demasiado pesada, demasiado hostil. El Éther dentro de Kael vibró. Algo peligroso se acercaba.
—¿Sintieron eso? —preguntó, mirando alrededor.
—Kael, por favor —dijo Ryn—. No arruines la celebración con tu paranoia.
Y justo entonces…
¡TUM!
Una figura cayó al suelo frente a ellos, partiendo el suelo y , levantando polvo. Un gigante. Un monstruo humano. Araldis. El cazador trol. Mercenario de Orion. Rango Acero. Su mirada los atravesó como cuchillas.
—Ustedes —gruñó— hicieron perder dinero a Orion. Y eso tiene consecuencias.
Ryn, por supuesto, no comprendió la gravedad del momento.
—Mira grandulón —dijo dando un paso adelante—. Estamos ocupados celebrando. Si quieres arruinarnos la noche, al menos trae regalos.
Leon puso una mano en su cara.
—Hermano… cállate.
Araldis sonrió. Una sonrisa lenta. Una sonrisa que nunca trae nada bueno.
—Muy bien. Seré breve.
El comienzo no fue una pelea , fue una paliza.
– Ryn recibió un golpe brutal que no pudo evitar , fue el primero en ser medio noqueado.
–Densel y Leon se lanzaron al mismo tiempo, pero en el dos VS uno Araldis todavía tenía una fuerza superior, la diferencia de rango era clara, dos patadas a cada uno y ya estaba gritando de dolor
–Kael activó el Ojo de Madruk sin pensarlo dos veces. Sus pupilas ardieron, su visión se volvió clara como cristal. Vio venir el primer golpe. Y el segundo.
Y el tercero. Los esquivó con precisión milimétrica.
—Tienes un regalo valioso, chico —dijo Araldis mientras aumentaba la presión—. No muchos pueden seguirme el ritmo.
Kael jadeaba, sintiendo sus músculos al límite.
—¿Qué… sabes de esto?
Araldis se detuvo un instante, como quien decide contar un secreto simplemente para aumentar la desesperación.
—Ese ojo, esa técnica … perteneció al guerrero de los elfos más fuerte que ha existido. Madruk. Un elfo cualquiera, hasta que el Éther lo eligió. Se convirtió en un semidiós. Tú tienes lo mismo… en versión barata. Ryn, Leon y Densel quedaron perplejos. Pero no tuvieron tiempo de reaccionar.
El mercenario liberó sus armas de fuego: espadas ardientes, lanzas incandescentes, látigos llameantes. La destrucción fue inmediata. Kael fue arrojado contra una pared. Ryn atravesó dos mesas. Leon se arrastró con el torso entumecido. Densel no logró ponerse de pie.
—Son débiles —dijo Araldis con total calma—. No entiendo cómo llegaron tan lejos.
El pedante herido aparece , Shinro
—Quítate.
La voz vino desde la puerta. Rígida. Fría. Molesta.
Shinro.
Con las manos en los bolsillos, la expresión afilada y el ego igual de grande que siempre. Pero en sus ojos había algo distinto: Dolor. El tipo seguía siendo prepotente, pero ahora esa superioridad venía mezclada con el orgullo herido del día en que perdió contra alguien muy superior. Había perdido, y le ardía más que cualquier herida física.
—¿Tú… ? —dijo Araldis con aburrimiento—. Si viniste por una paliza, no tengo problema.
Shinro apretó la mandíbula.
—Hoy no estoy de humor para soportar idiotas —dijo—. Y tú eres el rey de los idiotas.
Ryn susurró:
—Se va a morir…
Shinro atacó primero, rápido y preciso. Lanzó golpes con rabia contenida. Pero Araldis lo mandó a volar con una sola patada. Shinro cayó arrodillado, escupiendo sangre.
—Patético —dijo Araldis—. Y encima arrogante.
Shinro gruñó. Sus manos temblaban. No por miedo. Por humillación.
—Voy a… voy a matarte —logró decir.
—Intenta levantarte primero —respondió Araldis.
Araldis preparó su arma final. Y Shinro tuvo un shock.
Un golpe en la mente. La realidad se curvó frente a él. Vio un templo oscuro. Una estatua morada de un demonio enorme. Con un símbolo ardiente en el pecho. Oscuro. Prohibido. Antinatural.
Una voz habló dentro de él:
“No necesitas al Éther del bien. Yo soy el otro camino. El que destruye. El que rompe. Shinro… tú eres mi elegido.”
Las venas de Shinro se iluminaron en violeta. Su camisa explotó. Su pecho ardió. Apareció un símbolo oscuro:
La Marca del Guardián del Caos.
Kael quedó paralizado.
—Shinro… tú…
—No me mires así —bufó Shinro, con su voz normal…
pero acompañada de otra más profunda—. No pienso explicarte nada.
Era poder nacido del orgullo roto. Shinro caminó hacia Araldis.
—Voy a demostrarte quién manda aquí.
Araldis retrocedió.
—¿Qué… habilidad es esa?
Shinro levantó una mano y el látigo de fuego del cazador apareció entre sus dedos.
—La tuya —dijo—.
Puedo copiar la habilidad del oponente…
y además… Apretó el látigo y este se multiplicó en docenas de látigos idénticos.
—Puedo romper y fragmentar todo lo que toco.
Araldis fue golpeado, arrastrado, enterrado en el suelo. Shinro lo dominó por completo. Pero antes de darle el golpe final… Araldis tenía una carta oculta. Araldis sacó algo de su cinturón. Un par de esposas negras.
—Drena-maná —escupió Shinro—. No me impresiona.
—No tienen que impresionarte —respondió Araldis, activándolas—. Solo tienen que apagarte.
Las esposas se cerraron sobre Shinro. La Marca del Caos titiló. Y Shinro gritó por primera vez en años.
—¡AAAAHHHH!
Cayó de rodillas. Kael sintió que se le helaba la sangre.
—¡SHINRO!
Araldis lo tomó del cuello.
—Mucho poder…
mucha arrogancia…
cero control.
Y empezó a destrozarlo. Justo cuando el golpe final iba a caer… Un destello plateado cortó la noche.
Araldis salió volando. Un segundo golpe dobló el suelo. Un tercero dejó al mercenario totalmente muerto. Todo en el lapso de un latido. Una figura apareció entre el polvo. Sania. Su cabello plateado brillaba. Su mirada mataba. Su aura oprimía, esa era la diferencia entre el rango Acero y Plata.
—¿Molestando a mis estudiantes…? Qué torpeza tan monumental.
Ryn levantó un dedo desde el suelo.
—Profesora… la amo.
—Cállate, Ryn —respondió Leon.
Sania suspiró, exasperada.
—Levántense. Todos. Esto es solo el principio.
Kael miró a Shinro, aún temblando, con la Marca del Caos latiendo débilmente. No sabía si compadecerlo… o temerlo. La noche seguía allí, silenciosa… Pero el destino de todos había cambiado. El Caos acababa de nacer.