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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 21 Pasar de los días
Narrador
Han pasado diez días desde el inicio del viaje de Eliza y Fernando; han conocido bellos lugares de Roma. Roma es el centro de todo el reino, la capital principal del pueblo Grosti. Cada pueblo, ciudad y lugar es gobernado por distintos cargos, pero Grosti es reinada por el rey Carlos y Will.
Mientras Eliza conoce más sobre la historia de Roma, Fernando se convence más de que ella es una mujer muy hermosa. Sin duda, a pesar de los años, nunca se apagó lo que sentía por ella. Y es que, aunque por amor a su amigo se alejara de ella, nunca dejó de querer a Eliza. Se casó, pero nunca dejó de pensar en ella. Ahora que ambos están libres de compromisos, Fernando se ha propuesto conquistarla; esta vez no piensa dejarla ir.
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Durante estos diez días, Will y Diana han trabajado de maravilla. La mano de Will ha comenzado a mejorar gracias a sus cuidados. A pesar del golpe tan duro, Will no sufrió fractura; de seguro fue por la ira que lo tenía mal y sacó la fuerza de Sansón.
La herida ya tiene costra, una muy grande que, gracias a los cuidados de Diana, no se infectó. Posiblemente debió necesitar puntos, pero con todos los ungüentos medicinales ha cerrado completamente. Diana ha llevado el almuerzo para ambos, así que en estos días han tenido muchas pláticas.
—¿Tú has preparado esto? —le pregunta Will mientras retira el plato que cubre el cordero.
—¡No he sido yo! Bueno... ¡ayudé bastante en prepararlo! —responde sonrojándose.
—Gracias por traerlo. Creo que debo pagarte una buena cantidad; todos los días me has traído comida.
—¡Me cae muy bien, emperador! Trabajo con usted y me gusta compartir.
—¡Gracias, Diana, por el gesto! —responde mientras prueba un bocado.
Diana lo examina mientras Will come y se muerde el labio inferior. "Me gusta, me gusta mucho", piensa mientras toma un sorbo de su copa de vino.
Al día siguiente es lo mismo. Diana arregla la mesa donde comerán mientras Will observa por su ventana. No ha visto a Eliza desde hace días y su coraje por lo que vio lo dejó aún más molesto. Claro que no se quedaría con la duda de qué fue de ella y del idiota —que es como ahora lo llama—; le informaron que se fue de viaje a Roma y eso le molestó, ya que, aunque fuera en familia, estaría cerca de él. Pero ella ya muchas veces le había dejado todo claro a Will. Simplemente, él era el que insistía.
Will no sabe que, en realidad, no es un viaje de familia; es un viaje de "amigos".
—¡Emperador, puede venir a sentarse!
—Ya no me llames emperador. Llámame Will.
—¡¿Qué?! —responde Diana asombrada.
—Puedes llamarme por mi nombre y tutearme.
Diana lo ve con asombro y celebra para sus adentros.
—Claro... Will —habla nerviosa.
Él le sonríe y toma asiento. Pero Diana lo observa; lleva días así... raro, callado y no de muy buen humor.
—¡Will! Me da pena llamarte por tu nombre.
—No tengas pena, me agradas.
Diana sonríe de felicidad.
—Si se puede saber, claro... ¿te sucede algo? Te he visto muy extraño.
Will suspira.
—No es nada —responde sin ganas.
Diana asiente, sabe que está mintiendo, pero no desea insistir; sin embargo, luchará para saber qué es lo que le pasa.
Diez días más tarde
"Han pasado veinte días sin ver a Eliza", piensa Will mientras se encuentra nuevamente en su despacho. Al parecer no ha regresado de su viaje y se pregunta: "¿Acaso se ha enamorado de él?". Posando su mano en el cristal, cierra los ojos y recuerda esa noche donde el idiota posaba su mano en su pecho; el coraje lo tiene al límite, desea quebrar otro cristal.
—¡Will! ¿Estás bien? —pregunta Diana mientras coloca un recipiente con frutas sobre la mesa.
—Eh... ¡sí!
—Es que te estaba hablando, pero no respondías.
—Lo siento.
Diana asiente sonriendo.
—¿Te gustaría ir a mi palacio mañana? —pregunta Will comiendo fruta.
Diana lo ve con los ojos abiertos. "¿Acaso es un sueño?", se pregunta.
—Claro, si quieres pediré que te preparen un banquete; es en agradecimiento por tus atenciones.
—Yo... ¡claro! Sería un honor —habla con asombro.
—Bien, ¡te veo mañana! —responde Will tomando su capucha.
—¿Ya te vas?
—Sí, iré a cabalgar.
Diana asiente viendo cómo Will se marcha. Al estar sola, sonríe de felicidad.
...----------------...
—¡Qué hermosa sala! —habla Diana.
Will preparó el banquete para ella en agradecimiento por su caridad. Al terminar de almorzar, la invitó a una copa de vino en su enorme salón. Will siempre ha estado solo y le agrada la compañía de Diana.
Will preparó el banquete para ella en agradecimiento por su caridad. Al terminar de almorzar, la invitó a una copa de vino en su enorme salón. Will siempre ha estado solo y le agrada la compañía de Diana.
—¡Me alegra que te guste! —responde él poniéndose de pie.
—¡Es increíble que aún no le hayan solicitado que se vuelva a casar! —habla Diana como si fuera un tema cualquiera.
—¡Ni lo digas, que las paredes escuchan! —habla Will sonriendo con coquetería.
A Diana le encanta ese gesto, porque estos días él ha estado muy callado.
—¡Pero no le caería mal a tu hogar un toque femenino! —dice ella observando todo alrededor.
Will sonríe de lado. Toma un sorbo de vino observando por la ventana; sigue pensando en Eliza, preguntándose si ya se habrá acostado con ese idiota o si ya se besaron con pasión. Mueve su copa y el vino da vueltas en el interior.
—¡Will!
—¡Dime!
—¿Sabes que puedes contar conmigo? Te he vuelto a hablar y no respondes.
—Perdón... yo simplemente estaba pensando y...
—¡Prometo ser tu confidente! Anda, cuéntame. Prometo no decir nada. ¿Qué es lo que te tiene así?
Will respira profundo, soltando el aire.
—¡Prometo no decir nada! Es más, ¡te lo juro! —ella levanta la mano en señal de promesa.
Will vuelve a negar y a sonreír. Diana ahora es la que comienza a reír con una enorme sonrisa en el rostro.
—Está bien, te lo diré.
Will se da la vuelta, viendo hacia el ventanal, observando la casa de Eliza a lo lejos. Diana lo mira con adoración, detallando su fisionomía: es alto, atractivo, de cabello largo y espalda ancha. Sonríe como una tonta, hasta que...
—Es una mujer—suelta Will, y la sonrisa de Diana desaparece.
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—¡Qué hermosa sala! —habla Diana.
Will preparó un banquete para Diana, lo hizo en agradecimiento por su buena caridad, al terminar de almorzar la invito a una copa de vino en su enorme sala.
Will Siempre ha estado solo y le alegra la compañía de Diana.
—¡Me alegra que te guste! —responde poniéndose de pie.
—¡Es increíble que aún no le han solicitado que se vuelva a casar! —habla Diana como si fuera un tema cualquiera.
—¡Ni lo digas, que las paredes escuchan! —habla sonriendo con coquetería Will.
Cosa que a Diana le gusta, por qué estos días Will a estado muy cayado.
—¡Pero no le caería mal a tu hogar un toque femenino! —habla Diana observando todo al rededor.
Will sonríe de lado. Toma un sorbo de su copa de vino, observando la ventana, Will sigue pensando en Eliza, preguntándose si ya se habrá acostado con ese idiota o si ya se besaron con pasión.
Will observa su copa de vino y la mueve, el vino da vueltas en el interior de la copa.
—¡Will!
—¡Si!
—¿Sabes que puedes contar conmigo? ¡Te he vuelto hablar y no respondes.
—¡Perdón...yo simplemente estaba pensando y...!
—¡Prometo ser tu confidente, anda cuéntame! ¡Prometo no decir nada! ¿Que es lo que te tiene así?
Will respira profundo, soltando el aire.
—¡Prometo no decir nada! ¡Es más te lo juro! —levanta la mano en señal de promesa.
Will vuelva a negar y a sonreír. Diana es ahora la que comienza a reír, tiene una enorme sonrisa en el rostro.
—¡Está bien, te lo diré!
Will se da la vuelta, viendo hacia el ventanal, observando la casa a lo lejos de Eliza.
Diana lo observa con una sonrisa en el rostro, determinando su fisionomía, es alto, atractivo, de cabello largo y espalda ancha. Sonríe como una tonta, pero...
—¡Es una mujer! —suelta Will y la sonrisa de Diana desaparece.
Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
💍