Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
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Capítulo 18: El consejo que no aprueba este vínculo
El amanecer llegó silencioso, pero no para Arion y Eryndor. Hoy no sería un día común.
El consejo del palacio, formado por figuras poderosas de Alfas y Deltas, había convocado a Eryndor. Y Arion había sido invitado también, bajo la excusa de “acompañarlo como aprendiz y protegido”.
Al entrar al gran salón, Arion sintió el peso de cada detalle: los bancos altos, los tapices antiguos con bordados dorados, y el aire cargado de autoridad que parecía flotar en cada esquina. Los miembros del consejo los miraban con ojos inquisitivos, evaluando cada movimiento. Cada respiración parecía resonar demasiado fuerte en su pecho.
—Eryndor del Ducado de Lysandor —dijo la presidenta del consejo, una Alfa de mirada severa y fría como el mármol—. Hemos recibido informes sobre su vínculo con este joven omega recién llegado. Nos preocupa que… —su voz se interrumpió, y Arion sintió el peso de cada mirada fija sobre él— …este tipo de relación pueda desestabilizar las jerarquías naturales.
El calor volvió a su cuerpo, concentrándose en el pecho y el abdomen, mezclando miedo con un impulso inexplicable de valentía. Cada latido parecía marcar un tambor invisible en la sala.
—Señora —respondió Eryndor, firme y sereno—. Este vínculo no es una amenaza. No es un error. Arion y yo elegimos estar juntos. Y lo hacemos con respeto, paciencia y… cuidado.
Un murmullo recorrió el salón. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Arion sintió que cada palabra de Eryndor lo anclaba, como si su presencia fuera un escudo contra cualquier juicio. Su cuerpo reaccionaba con un calor que no era solo físico: era seguridad, confianza, apoyo.
—Pero… un Enigma y un omega de este tipo… —replicó un Delta de voz grave—. La naturaleza dicta límites. La jerarquía no se rompe.
Arion tragó saliva. La mente le daba vueltas, el miedo y la certeza luchando dentro de él. Finalmente, respiró hondo y habló, con voz temblorosa al principio, pero ganando fuerza con cada palabra:
—Yo… —dudó apenas un instante, sintiendo el calor recorrer su cuerpo como un fuego suave—. Yo quiero estar con Eryndor. No porque deba, ni porque alguien lo diga… sino porque lo elijo. Y no estoy solo en esto.
El silencio se volvió absoluto. Cada mirada del consejo se clavaba en él, pero Arion no se movió. Incluso Eryndor parecía contener la respiración, observando cada gesto con orgullo contenido y una calma que lo sostenía.
—¡Cómo te atreves! —exclamó una voz furiosa desde la banca alta. Pero Arion no retrocedió. Su corazón latía con fuerza, y su cuerpo estaba lleno de esa tensión cálida que lo hacía sentir vivo, seguro y decidido a la vez.
—No me atrevo —respondió, con voz clara y firme—. Yo siento. Y siento que esto es correcto para mí.
Eryndor dio un paso adelante, cubriendo parcialmente a Arion con su presencia. Su sombra parecía protegerlo, pero sin sofocarlo. Los miembros del consejo intercambiaron miradas sorprendidas; incluso ellos, acostumbrados al poder y la jerarquía, no pudieron ignorar la valentía del joven omega.
—Si quieren separarnos —dijo Eryndor, con voz grave y firme—, tendrán que derrotarme primero.
Un murmullo recorrió el salón. Nadie dudaba de la fuerza de un Enigma… pero la determinación de Arion había cambiado la atmósfera. Su elección, pronunciada en voz alta, resonaba como un acto de desafío y verdad.
El omega respiró hondo, sintiendo que su corazón ardía no solo por el calor físico, sino por el orgullo de haberse enfrentado a sus miedos. Por primera vez, comprendió que la valentía no era ausencia de miedo, sino la decisión de seguir adelante a pesar de él.
—No… no podemos —susurró finalmente un miembro del consejo—. Su vínculo es fuerte. Su elección es clara.
Eryndor sonrió suavemente, dejando que su mano rozara apenas la de Arion. Este estrechó los dedos en un gesto silencioso, una promesa de que juntos podían resistir cualquier juicio.
Arion sintió un estremecimiento profundo: su calor interior se transformó en una certeza tranquila. No necesitaba esconderse, no necesitaba retroceder. El amor que sentía no solo lo fortalecía… también le daba coraje, fuerza y confianza.
Mientras las miradas críticas lo rodeaban, Arion comprendió algo profundo: la valentía no era un atributo que le perteneciera solo a los Alfas o a los Enigmas poderosos. Él también podía sostenerse, afirmarse, y elegir su camino.
El consejo permaneció en silencio un momento más, respetando esa elección silenciosa y poderosa. Arion exhaló lentamente, apoyando ligeramente su mano en la de Eryndor, y por un instante, la sala pareció detenerse.
Por primera vez, frente a jerarquías antiguas y ojos críticos, el omega descubrió que su voz tenía peso. Que su deseo de elegir no era frivolidad ni debilidad. Que su vínculo con Eryndor no era un error, sino una fuerza.
Y mientras los últimos murmullos se desvanecían, Arion sintió que podía sostener cualquier mirada, cualquier juicio, siempre que Eryndor estuviera a su lado.
Porque el amor que sentía no solo lo fortalecía… también lo hacía invencible.