Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
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capitulo 18
El viento golpeaba con fuerza la terraza.
El helicóptero hacía un ruido ensordecedor.
Mía apenas podía pensar.
Joseph seguía detrás de ella.
El arma apoyada.
El cuerpo rígido.
—Joseph… —susurró— ¿qué estás haciendo…?
Él no respondió.
Solo sonrió.
Renzo, frente a ellos, dio un paso.
—Soltala —dijo con voz baja, peligrosa.
Joseph ladeó la cabeza.
—¿Y si no quiero?
—Esto es entre vos y yo.
—No —rió—. Esto es gracias a ella.
Mía frunció el ceño.
—¿De qué hablan…?
Nadie le respondió.
El silencio fue peor.
Renzo dio otro paso.
—Te dije que la soltaras.
Joseph apretó el arma contra su cabeza.
—Un paso más… y se termina todo.
Mía se tensó.
—Joseph… basta…
Pero él ya no la escuchaba.
O no quería hacerlo.
Renzo apretó los dientes.
—No te conviene hacer esto.
Joseph sonrió más.
—Ya lo hice.
Y disparó.
BANG.
—¡RENZO!
Esta vez el grito salió sin control.
Renzo se quedó quieto.
Sus ojos abiertos.
Confundidos.
Luego su cuerpo cayó de rodillas.
—Ahh…
Su mano fue directo a su abdomen.
La sangre empezó a salir.
—Mierda…
Respiró con dificultad.
Pero levantó la mirada.
Y la buscó.
—Mía…
Ella lo miraba.
Pálida.
Temblando.
—¿Qué hiciste? —le dijo a Joseph— ¡¿qué hiciste?!
Joseph ni se inmutó.
—Todavía falta.
Y la empujó.
—¡NO!
El cuerpo de Mía desapareció del borde.
El vacío la tragó.
Pero en el último segundo…
se sostuvo.
Sus manos se aferraron.
Su cuerpo quedó colgando.
Silencio.
Solo el viento.
Sus brazos temblaban.
No gritó.
No dijo nada.
Solo respiraba rápido.
Sus ojos abiertos.
Fijos.
Abajo.
Después…
arriba.
Renzo
De rodillas.
Sangrando.
Pero la ve.
Y todo cambia.
—No… no… no…
Niega con la cabeza.
—No me hagas esto…
Se levanta de golpe.
—¡MÍA!
Corre.
Sin pensar.
Sin medir.
El dolor lo atraviesa.
—Mierda…
Pero sigue.
Llega al borde.
Se tira al suelo.
Se estira.
—Mírame.
Su voz ahora es distinta.
Firme.
Directa.
Ella lo mira.
No dice nada.
—Dame la mano.
Mía niega apenas.
—No…
—Sí.
—No voy a poder…
—¡Sí vas a poder!
Su voz se quiebra de bronca.
—No te voy a dejar caer, ¿me escuchaste?
Ella traga saliva.
Sus dedos resbalan un poco.
—Renzo…
—Dame la mano.
Más firme.
Más cerca.
Más real.
Mía respira hondo.
Suelta una mano.
La levanta.
Tiembla.
Renzo se estira más.
—Un poco más…
Sus dedos se tocan.
Se escapan.
—Mierda…
—Renzo…
—Otra vez.
Se inclina más.
Ignorando el dolor.
—Dáme tu mano
Ella lo intenta.
Otra vez.
Y esta vez—
La agarra.
Fuerte.
—¡Te tengo!
Mía cierra los ojos.
—No me sueltes…
—Ni muerto.
Empieza a tirar.
Su cuerpo no responde bien.
—Subí…
Aprieta los dientes.
—Subí, carajo…
La herida sangra más.
—Vamos…
Mía intenta ayudarse.
—No puedo…
—Sí podés.
Tira más fuerte.
—Conmigo.
Un último esfuerzo.
—¡Ahora!
Y la levanta.
Mía cae sobre la terraza.
Directo sobre él.
Ambos respiran agitados.
Joseph (desde el helicóptero)
Observa la escena.
Sonríe.
—Qué romántico…
Mira a Hanna.
—Disfrutalo mientras dure.
Hanna lo fulmina con la mirada.
—Te voy a matar.
Joseph se ríe.
—Hacelo.
El helicóptero se eleva.
Y se va.
En la terraza
Mía no se mueve.
Sigue sobre Renzo.
Respirando rápido.
—Pensé… pensé que…
No termina la frase.
Renzo la sostiene.
Fuerte.
—No.
Respira con dificultad.
—No te ibas a caer.
Mía lo mira.
—Estás sangrando…
—No es nada.
—Te dispararon…
—Estoy bien.
Mentira.
Pero no le importa.
Mía traga saliva.
—¿Por qué hiciste eso…?
Renzo la mira.
Directo.
Sin escapar.
—¿En serio me lo preguntás?
Silencio.
—Porque SOS la mujer que Amo
La frase cae pesada.
Intensa.
Peligrosa.
Pero también…
real.
Mía no sabe qué decir.
Porque en ese momento…
no suena como posesión.
Suena como verdad.
Hanna se acerca.
—Tenemos que sacarlo de acá ya.
—No —dice Renzo.
—Renzo, estás perdiendo sangre.
—No.
Mira a Mía.
—Primero ella.
Mía niega.
—No, vos—
—Primero vos.
La mira fijo.
—Siempre.
Silencio.
El viento sigue.
Pero algo cambió.
Porque ya no es solo peligro.
Ahora también hay algo más.
Más profundo.
Más complicado.
Más imposible de ignorar.