El señor Sekussu no kami (dios del sexo), es virgen. Es un anfitrión del club Sheisin y su primera clienta es Gala Reiko, una mujer mayor y muy rica, que viene al club despechada por la traición de su novio.
Él empieza ese día como acompañante, los llamados hosto, por pura desesperación. Ishikawa Nao, es el verdadero nombre del señor Sekussu y en su primera noche la señora Reiko lo escoge y lo besa, pero él la trata mal. Ella se va después de romperle la boca y llora en su casa por el desprecio.
Despues de esa noche Nao empieza a encontrarse con Reiko Gala en sueños cada noche sin faltar una y se convierte en su amante. Con el tiempo se enamora. Ella sueña lo mismo pero no ve la cara del hombre. Así pasan dos años hasta que se encuentran de nuevo y Nao, cansado de esperar, decide que ya es hora de ir a por ella.
¿Quieres saber porqué se encuentran en la dimensión de los sueños tras una puerta dorada?.
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Dame tu número
Capítulo 18
Por eso es que se presentó en su club y esperó hasta que lo vio llegar con su amigo. Se dio el tiempo de observarlo mientras bajaba por la calle. Era aún más hermoso de lo que recordaba ese dichoso hombre. Era más alto que casi cualquier otro hombre de los que conocía. Atlético, elegante en el andar, de ese tipo de personas a las que todo lo que llevan les queda bien.
Iba con un abrigo largo color beige que le sentaba perfecto a su cuerpo y su piel. Se aproximó a las escaleras del Sheisin, sin ver al grupo que lo esperaba justo enfrente, riendo y jugando con el otro hombre como si fueran amigos muy cercanos. Como no la miró, tuvo que gritar y su voz salió quizá más dura de lo que hubiera querido.
—¡Señor Sekkusu!. Nos volvemos a encontrar.
Él se dio la vuelta y fue como si hubiera quedado congelado. La miró larga y profundamente, sin reaccionar, tal era la sorpresa. Y efectivamente, el último lugar donde Nao hubiera esperado encontrarla era justo en la puerta de su trabajo. Creo que nunca volvería por allí, y se estaba dando el trabajo de buscarla, pero ahora había llegado hasta él.
La mujer aparecía preciosa e imponente, allí parada frente a ellos, con su abrigo rojo y su pelo flotando como un halo alrededor de su cara. Era pequeñita, pero el aura que despedía la rodeaba dándole ese aire de poder. Había venido con todo. Su asistente a un paso por detrás, el chofer parado al lado de una limusina y cuatro guardaespaldas enormes y de ropaje negro, rodeándola.
Kai se quedó paralizado. No tenía idea de a qué venía la señora, pero viendo la compañía, pensó que era posible que buscaran a Nao para terminar lo que empezaron hace dos años. No sabía cómo proteger a su amigo, así que se le pegó a un lado y apoyó una mano en su hombro, para que todos supieran que no estaba solo. Pero no era necesario.
La señora Reiko no quería hacerle daño, al menos de momento. En cuanto lo vio, se quedó prendida en su mirada y lo que vio en él no fue lo mismo que la primera vez, Ya no estaba aquel chico tímido y avergonzado que la había empujado y gritado, como un niño rabioso con una pataleta. Ahora había allí un hombre, enorme y con una nueva energía, casi parecida a la suya. ¿Ha crecido?.
Nao se adelantó despacio, pues no quería que los guaruras lo agredieran, pero deseaba estar más cerca y mirarla bien. Quería también que viera en sus ojos lo que sentía ahora. Él no era bueno con las palabras, pero podía ser capaz de transmitirle lo que estaba en su corazón. Él le pertenecía completamente a ella y deseaba que lo supiera. Reiko hizo un gesto para que sus hombres le dejaran acercar.
—Sekkusu no kami. ¿Cómo has estado dios del sexo?.
—Nao.
—¿Qué?.
—Me llamo Nao. —Su voz era suave y masculina. Por alguna razón a ella la hacía temblar un poco, pero no iba a dejar que él lo viera. Puso mala cara.
—Como sea. No es que quiera recordar tu nombre. De hecho no quisiera acordarme de ti, pero lamentablemente cuando te vi en la pastelería recordé todo. No me siento bien, así que vine a terminarlo. —La miró intensamente. Él no quería terminar nada, sino empezarlo.
—¿Me vas a pegar otra vez? —Él soltó eso a bocajarro. Si ella se quedaba tranquila con eso, iba a permitir que le pegara todo lo que quisiera.
—En otro momento de mi vida, seguramente sí. Ahora quiero hacerlo distinto porque pegarte no me ayuda. Te di de patadas hace dos años y no funcionó porque igual me sentí mal y al verte de nuevo me di cuenta de que tenía esta espina clavada muy dentro.
Nao se cruzó de brazos como intentando protegerse, pues lo que dijo le dolió y le hizo sentir un poco de culpa. Iba a hablar para disculparse, pero ella no lo dejó ni empezar.
—Fuiste un cabrón. Y un idiota. No me merecía eso y bueno, nadie lo merece. Yo había bebido un poco, lo estaba pasando mal ese día y vine aquí buscando un poco de amor y compañía, sin más. Porque ese era tu jodido trabajo y porque eso es lo que hacen aquí, y si yo no te gustaba o te daba asco solo tenías que poner límites amablemente y yo no te hubiera tocado ni besado. —Todo esto lo decía Gala de carrerilla y empujando un dedo sobre el pecho duro de él, pretendiendo resultar amenazante. En realidad a Nao le causaba más ternura que otra cosa verla así. — Aunque no es la costumbre besar a un anfitrión o intimar físicamente, lo sé. También sé que soy una señora mayor y…
Estaba emocionado de tenerla tan cerca y ella no tenía miedo de pegarse a su cara para hablarle a pesar de la diferencia de altura. Ella se empinaba un poco y él que no era nada tonto se inclinó ligeramente hacia detrás, de modo que ella perdió el equilibrio y cayó sobre él. No le quedó de otra que sujetarse a su cuerpo y su cara quedó estampada en el tórax del hombre. Rápidamente, él la abrazó, sin apretarla, como el que sujeta un pajarillo temblón y frágil en las manos.
—No eres una señora mayor y no me das asco en absoluto. Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida. Yo era un niño estúpido en mi primer día y me porté como un maldito imbécil. Y te agredí porque me asusté de lo que sentí cuando me besaste. Tienes toda la razón en decir que fui un cabrón, pero ya no lo soy.
La Reiko perdió el pie y perdió la voz. Estar incrustada en el pecho de ese hombre la dejó sin habla y solo pudo tratar de respirar sin ahogarse por la avalancha de emociones que sintió en su cuerpo y en su corazón. El olor de él le resultó conocido. Pero no podía ser, estaba alucinando. Era imposible que fuera real, pero al mismo tiempo sabía que lo era, inexplicablemente. Ese hombre olía exactamente como el hombre de su sueño.
—Suéltame ya… —Le pidió bajito.
—Si… ya voy…—Eso decía él, pero no la soltaba, la acunaba como si fuera una niña entre sus brazos enormes y ella se dejaba. Se sentía flojita, desmadejada. No podía hacer nada más que quedarse ahí y Nao lo supo y se aprovechó.
—No me sueltas…
—Ya casi. Casi. —Pero no.
Kai, los guaruras, el chofer y Chihiro, no sabían dónde mirar, ni qué hacer. Permanecieron quietos dejándolos ser. Era lo mejor.
La Reiko estaba portándose raro, y eso era obvio. Jamás se dejaba tocar y mucho menos por un hombre al que todos sabían que le guardaba inquina. El único que quizá entendió lo que pasaba fue el otro hosto, que sabía bien del hechizo encantador que ejercía Nao sobre los demás, aun sin intentarlo.
—Ven, quédate esta noche conmigo aquí. No quiero estar con otras mujeres hoy. Solo te quiero a ti —El bello hombre le hablaba al oído para que solo ella escuchara.
—No puedo, no, no.
—Quédate, solo un rato. No quiero que gastes dinero, yo pagaré todo lo que bebas. Solo quiero estar contigo hoy. Te extrañaba tanto. —Con la nariz le frotaba cerca del cuello y ella sentía el aliento caliente de su boca, pero no comprendía cómo era posible que él le estuviera diciendo todo eso. Ella había venido preparada para la guerra, no para el amor.
—Es que, no sé. No estoy preparada para esto.
—Entiendo. Entonces dime dónde puedo verte. Mañana iré a por ti. —Él comprendía que no debía presionarla más si no quería que saliera corriendo sin mirar atrás.
—Mañana no sé…
—Señora Reiko, no huyas más de mí. Me disculparé mil veces contigo si es necesario, pero no me apartes de ti. Ahora que has vuelto, déjame estar contigo y compensarte. —Se puso serio con ella, porque no estaba consiguiendo lo que quería y Nao no era alguien que cediera fácilmente cuando deseaba algo, mucho menos cuando lo que deseaba con todas sus fuerzas era justamente a ella.
—De acuerdo —murmuró. —Te llamaré mañana.
Dicho esto se despegó de él con un poco de dificultad, pues el enamorado no quería liberarla, y estaba en modo pulpo. Se fue casi corriendo con pequeños saltos de vuelta al coche. El chofer ágilmente ya tenía la puerta abierta y Chihiro la seguía. Pero él la llamó al grito y casi se va de boca del susto.
—¡Señora Reiko!. Su número. —reclamó él y ya se acercaba con el móvil en la mano extendida, decidido a conseguir el contacto de ella. No se le iba a escapar, no señor. La muy ladina se marchaba sin dejar señas para volver a encontrar y eso no iba a pasar.
—Chihiro! —nombró a su secretaria. Ella entendió y le dio una tarjeta al chico, con una inclinación y extendiendo las dos manos al frente, entregándosela formalmente. Como si fuera un negocio. Nao miró la tarjeta y de igual forma se acercó a ella pasando al lado de la asistente.
—Dámelo tú. —le pidió volviendo a extenderle el móvil. Ella lo miro con fastidio, pero aceptó y le marcó su personal. Él llamó y cuando sonó el teléfono de la señora Reiko cortó la llamada. Gala no podía creer que fuera ten descarado y persistente. Sin mirarlo más, tironeó de la puerta de la limusina para cerrarla y dar por terminado el encuentro.
A Nao le importaba u pimiento el desplante, pues y tenía lo que quería por ahora, y su sonrisa se volvió tan ancha como un río. La comitiva de la mujer partió mientras él saltaba de vuelta hacia donde estaba Kai parado, tan feliz como si le hubiese tocado la lotería.