Florence es una chica común de 25 años estudiante de ultimo año de literatura.
Alfred Van-Hansen un viudo de 30 años, él primer ministro más joven de la historia, padre de dos niños pequeños que intenta por todos los medios ser un padre presente y ayudar a gobernar su país.
Un escándalo hace que la vida de ellos se encuentre y nos les queda más remedio que unir sus vidas por el bien de ambos. Pero hay dos condiciones que tambalean en la mente del Primer Ministro que reconsidera donde está puesto.
El amor llega donde menos te lo esperas.
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CAPITULO 16
La pizza del almuerzo no se veía apetitosa, la mañana había comenzado tranquila, había llamado la atención de media escuela y siempre tenía ojos mirando sus acciones. Por más que quiso ignorarlos ellos no la dejaban en paz, aunque no perdía la esperanza, sabía que alguien se iba aburrir, no es que ella tuviera algo interesante que admirar.
Solo porque su esposo era un alto funcionario, no significaba que ella era totalmente interesante.
—Señora ¿Desea algo más?— Foster la alejo de sus pensamientos, este vestía ropa casual para no destacar de los demas—¿Algo que no sea pizza?
—No, solo no tengo hambre.
—No ha desayunado nada está mañana ¿Esta bien?— El chico tomó el atrevimiento de sentarse junto a ella, los pares de ojos que los observaban no fueron ajenos al gesto.
—Si, solo olvídalo Foster, necesito ir a la biblioteca.
Entonces sin siquiera pensarlo, la mano del chico se posó en su frente invadiendo su espacio personal, el estaba completamente concentrado en medirle la temperatura, pero alguna miradas ya formaban chismes sobre ellos.
Florence se separó de él, sintió pesar cuando notó que no sintió la misma atracción que sentía con el primer ministro. No era atracción por el sexo opuesto, era mucho más que eso. Amor dijo en su interior, pero lo negó rotundamente. No podía enamorarse de alguien que apenas le daba los buenos días.
Cuando Foster se dio cuenta de lo que había hecho en lo último que pensó fue en arrepentirse. Aunque la preocupación se notó al observar a su alrededor, se dio cuenta que solo ellos eran conscientes de lo que acababa de pasar.
Entonces apareció a su vista Melanie Pot, una chica hermosa popular de la universidad por sus cuatro calientes hermanos, o eso decían entre los pasillos. Florence se había mantenido alejada de ella desde que había entrado en la facultad pero ahora que ella era un imán de miradas, era obvio que la chica iba a buscarla.
Sin decirle nada, tomo el asiento junto a ella y sacó su laptop.
Florence huyendo de las miradas, tomó su pizza sin comer y lentamente se levantó. Pero la mirada de Melanie se posó sobre ella.
—¿A donde vas?
—¿A la biblioteca?— Dijo insegura de lo que iba a pasar a continuación.
—¿Sabes que es estupido contestar una pregunta con otra pregunta? — La chica se levantó y puso su manos como jarras, era pequeña pero su mirada era intimidante.
—¿Enserio?
Melanie levantó las cejas para soltar una carcajada que contagió a Florence. Foster que se encontraba algo alejado de ellas arrugó el entrecejo dudando si la chica estaba loca.
—Melanie Pot — extendió la mano hacia ella.
—Florence Van-Hansen.
La chica asintió enseñando sus perfectos dientes blancos.
—Creo que en nuestra sala saben quien eres, como que eres famosa desde hace unos días.
Florence asintió sin capaz de responder.
—Señora— intervino Foster pegado al teléfono.— El primer ministro...
Entonces, ella miró a la chica que sonreía en complicidad.
—Nesesito decirte algo importante, pero puede esperar, ve a hablar con tu amado, Julieta. Tu Romeo no tiene ficha de ser paciente.
Dudando de lo que ella mencionaba, tomo el teléfono. Aunque tenía uno propio, sintió una punzada de decepción cuando solo hablaban por medio del personal.
—Albert. — dijo a secas. El llamarla en este horario no era algo común. Y menos en donde se encontraba.
—¿Como estas? ¿ocupada? — La voz del primer ministro sonaba seductora, pero imponente.
—Estoy en la cafetería.
—¿ Algo bueno? La comida de escuela tiene mala fama.
Florence solo río y el silencio se dio poco después, Albert había deseado verla en la mañana, sin embargo se fue tan temprano como para decirle buenos días. Aunque el no entendía su comportamiento supo que la última palabra que ella había dicho lo lastimaba como si ella lo pronunciara una uy otra vez. Aquella voz quebrada nunca iba a salir de su mente.
Pero Florence intentaba leer entre líneas y a la única conclusión que llegó es que Albert necesitaba algo más de ella. Se sintió irritada.
—¿Nesesitas algo, Albert?
Su voz se elevó llamando la atención de todos en la sala y el silencio lleno la cafetería.
NOTA DE LA AUTORA: Muchas gracias a todos de verdad!! no sé cómo agradecerles por aceptar mi novela!!! Estaré siguiendo a las personas que les dan me gusta a mi novela así que si me falta alguien haganmelo saber!!!