Narra la historia de Eliza Valantine, una mujer ruda de los barrios bajos que terminará reencarnando en Ofelia, la villana de secundaria de una novela que leyó. La Ofelia original era una mujer sin dignidad que drogó al protagonista, obligándolo a casarse con ella. Esta nueva Ofelia es una mujer empoderada, ruda y fuerte de pies a cabeza que no necesita usar a un hombre para ascender. No se deja de nadie y no necesita un héroe que la salve; ella es su propio héroe.
Si te gustan las protagonistas poderosas que reparten bofetadas a diestra y siniestra, quédate aquí.
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EL SECUESTRO DE BRUNO
Después de dejar a Sasha en su jardín, dirigí mi auto hacia casa, con la cabeza aún llena de adrenalina. Pero a mitad de camino, vi cuatro hombres que salían de un auto negro grande y se interponían bruscamente en el camino del vehículo de Bruno.
Los cuatro se acercaron rápidamente, abrieron la puerta del conductor y lo obligaron a salir a la fuerza, metiéndolo dentro del auto negro antes de desaparecer por una calle secundaria. Sin pensarlo dos veces, aceleré sigilosamente, manteniéndome a distancia para no ser notada.
El auto los llevó hasta una casa abandonada en las afueras de la ciudad, con ventanas rotas y paredes cubiertas de grafitis. Me estacioné en una esquina, agarré mi cartera donde siempre llevo mi pistola, y me acerqué sigilosamente.
Un hombre estaba en la entrada vigilando de espalda, fumando un cigarrillo. Me acerqué sin hacer ruido y lo golpeé con la culata de la pistola en la nuca, haciéndolo caer inconsciente al suelo. Entré despacio por la puerta abierta.
Dentro, los otros tres hombres estaban rodeando a Bruno, quien estaba amarrado a una silla y llevaba moretones en la cara y el torso.
«¡Así aprenderás a no meterte donde no te llaman, hijo de perra!» gritó uno de ellos, dándole un puñetazo en el estómago.
«¡El viejo Díaz debió dejarme el imperio a mí, no a un mocoso como tú!» añadió otro, levantando un palo para golpearlo.
Sin que se dieran cuenta de mi presencia, apunté la pistola y disparé – uno en el brazo derecho de un hombre, que gritó y se agarró la herida, otro en los dedos de la mano a un segundo, y al tercero le dispuse en la pierna, haciendo que todos soltaran sus armas.
«¡No se muevan! ¡Contra la pared, manos arriba!» les grité con voz firme.
«¿Quién te crees que eres, mujer? ¡Esta no es tu pelea!» intentó decir uno de ellos, pero se calló al ver que mantenía la pistola apuntada a su cabeza.
«La pelea es de mi esposo, así que es mía también», respondí, acercándome a ellos con paso seguro, «¿quién los envió?»
Bruno sonrió al verme llegar, con una mezcla de alivio y admiración en los ojos. Me acerqué a él y lo desaté rápidamente. En cuanto pudo moverse, se lanzó contra los hombres y les dio una paliza contundente – cada golpe cargado de furia por el ataque.
«¡Vamos, rápido!» le dije tomándolo de la mano. Los dos salimos corriendo hasta mi auto y subimos rápidamente, alejándonos de la casa abandonada.
En el camino, Bruno me miró y sonrió.
«Wow… eres muy valiente, Ofelia», dijo, con la voz un poco ronca por los golpes, «todos los días conozco una faceta distinta de ti. Eres hermosa, fuerte y valiente. No necesitas que yo sea el héroe en tu vida – tú eres tu propio héroe.»
Me tomó la cara entre sus manos y me dio un beso apasionado, con lengua, que me hizo estremecer hasta los dedos de los pies. Sus labios eran calientes y dominantes, sus manos se deslizaron por mi cuello hasta mi espalda, presionándome contra él. Le correspondí con igual intensidad, sintiendo cómo mi cuerpo ardía por su tacto. Pero luego lo aparté suavemente, aunque mis manos seguían en su pecho.
«No, Bruno», le dije, mirándolo a los ojos mientras mis dedos trazaban círculos en su piel caliente, «yo no soy fácil. No soy de las que se conquista con besos y palabras bonitas. Estamos casados, pero nunca hemos sido una pareja de verdad – nunca ha habido contacto entre nosotros. Ese beso fue por agradecimiento, pero yo no quiero migajas… yo quiero el plato completo.»
«No soy de las que comen migajas – tendrás que trabajar mucho para conquistarme. No soy una presa fácil», continué, acercándome a su oído y mordiéndolo suavemente.
«Las mujeres somos el sexo fuerte», dije con una sonrisa segura de sí misma, «Adán se dejó arrastrar por Eva – eso significa una cosa: que nosotras tenemos el poder sobre ustedes. Y a mí me gusta ser la que domina. ¿Entiendes, mi amor?»
«Regresemos a casa», concluí, volviendo la mirada hacia el camino mientras pasaba una mano por su pierna de arriba abajo, sintiendo cómo se tensaba bajo mi tacto.
Bruno me respondió, con la voz más grave y los ojos oscuros de deseo: «No fue solo por agradecimiento, Ofelia. Pero estoy de acuerdo – iremos a paso lento, mi reina. Pero te advierto… cuando llegue el momento, no podré contenerme.»
Llegamos a casa y ayudé a Bruno a desabrocharse la camisa, viendo los moretones en su torso. Mis dedos recorrieron su piel con cuidado, haciendo que él suspirara. Lo ayudé a sentarse en el sofá, pero sin que él lo esperara, me senté sobre él, rodeándole la cintura con mis piernas.
«Déjame cuidarte», le susurré antes de besarlo de nuevo – esta vez con una intensidad brutal y seductora. Mis labios mordían los suyos, mis manos se deslizaban por su pecho y su espalda, mientras el agarraba mis caderas con fuerza, presionándome contra él. Sentí cómo su deseo se hacía evidente, y sonreí contra sus labios antes de separarme lentamente.
«Como te dije – yo siempre tengo el control», le susurré al oído, mientras le bajaba la cremallera de sus pantalones con los dedos, «pero hoy… hoy te daré un anticipo de lo que te espera.»
Mis manos exploraron su cuerpo con seguridad, provocándolo, llevándolo al límite del deseo antes de parar de golpe. Me levanté de encima suyo y le dije: «Me iré a dormir. Si te portas bien, mañana tal vez tenga más ganas de jugar.»
Me dirigí hacia las escaleras, moviendo las caderas con gracia, sabiendo que él me miraba. Bruno se tocó el labio con los dedos y sonrió, hablando para sí mismo:
«Dios mío… qué mujer. Ella sin duda es una femme fatale. Con ese beso y sus manos me ha arrastrado a lo más profundo. Nunca había sentido tanto deseo – mi cuerpo está en llamas por ella. Mierda, ya perdí ante esta mujer. Cuando me drogaron y pasé esa noche con ella, no sentí nada – ella era fría y sin experiencia. Pero ahora es tan diferente… es una diosa de la pasión que me vuelve loco. Ya no puedo aguantar mucho más.»
Se levantó y llamó a su asistente por teléfono:
«Necesito que investigues a esos cuatro hombres del secuestro – todos los detalles. Quiero saber quién está detrás de esto», dijo con voz seria, cambiando por completo de actitud.
Bruno tenía un secreto que nadie conocía: era un agente especial del servicio de inteligencia, conocido en los círculos ocultos como «El Búho Negro». Su fachada de gran CEO de Díaz Fashion Group era solo una cobertura para sus misiones secretas.
Mientras esperaba la llamada de su asistente, el sirviente de la casa entró apresurado:
«Señor Bruno, ya investigué un poco – los hombres fueron enviados por un matón de los barrios bajos. Es amigo de su cuarto tío, César Díaz – es un hijo ilegítimo del abuelo que nunca aceptó que le dieran el poder a usted. Dice que el legado le pertenece a él y quiere acabar con usted para quedarse con todo el imperio familiar.»
Bruno cerró los ojos por un instante, con la mandíbula tensada. Sabía que su tío César había estado tramando algo desde hacía tiempo, pero nunca pensó que llegaría a secuestrarlo. Ahora no solo tenía que proteger a su familia y la compañía– sino también a la mujer que estaba conquistando su corazón y su cuerpo con cada movimiento.
palabras de la autora:
El idiota que la traicionó en su otra vida definitivamente estaba loco, quién es su sano juicio va a traicionar a una mujer así. Bruno jura que la va a proteger ¿Se los dicen ustedes o se los digo yo?
🙏🙏