En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 17: EL HIJO DEL CAOS.
El amanecer en las montañas era de un gris metálico. La bruma cubría los picos como si el mundo se negara a despertar. Frente al grupo, las minas del norte se abrían como una herida en la tierra, un respiro oscuro que exhalaba vapor. Reinders, con Coleman en la espalda, avanzaba al frente. A su lado caminaban Mar, de semblante determinado; Elsa, que sostenía un bastón rúnico que vibraba con energía roja; Estu, impaciente, jugueteando con una esfera de hierro en la palma; y Trok, el enano, que cargaba un martillo doble más grande que su torso. El silencio solo era interrumpido por el eco de los cascos sobre la roca.
—Las galerías están distintas —gruñó Trok—. El aire huele a azufre, y eso no es del mitril. Algo… lo corrompe.
Elsa, que se mantenía alerta, pasó los dedos sobre una piedra ennegrecida. —El maná aquí se ha vuelto pesado, oscuro. Los demonios no solo roban minerales; deforman la esencia misma de la tierra. Coleman habló en la mente de Reinders con su voz firme y antigua:
“Sientes eso, ¿verdad? El pulso bajo tus pies. No es roca. Es un corazón… latiendo.”
Reinders tragó saliva. —Lo siento, sí.
El grupo encendió antorchas encantadas y descendió por los túneles. Cada paso los llevaba más abajo, hasta que el aire se volvió denso y el sonido de los picos se transformó en un eco distante… no humano.
Gritos. Golpes metálicos. Un rugido.
—¡Contacto! —gritó Estu.
De entre la oscuridad emergieron criaturas deformes, de piel negra y ojos incandescentes. Sus cuerpos eran humanoides pero sus brazos terminaban en garras que exhalaban vapor ardiente. Los demonios rasgaban la piedra con facilidad, dejando surcos brillantes como lava líquida.
—¡Prepárense! —rugió Trok mientras alzaba su martillo.
El primer choque fue brutal. Mar avanzó con su espada doble de hielo, cortando en un arco azul, que liberó un viento gélido; Elsa conjuró una barrera de Lava que estalló en fragmentos cuando las garras demoníacas impactaron; y Estu lanzó una serie de ataques con sus armas que hicieron temblar el túnel.
Reinders desenvainó a Coleman, y el metal liberó un resplandor oscuro azulado.
—Vamos, amigo… muéstrales lo que somos.
“Con gusto.”
El primer demonio cayó de un tajo que cortó su núcleo; otro fue atravesado por una estocada directa. Pero la cantidad parecía no disminuir.
—¡Son demasiados! —gritó Mar, cubriéndose mientras su espada ardía.
—¡No son simples demonios! —añadió Elsa—. ¡Alguien los organiza!
Y entonces el aire cambió.
Un aura tan densa que las antorchas se apagaron al instante. Una voz profunda y calmada resonó entre las rocas:
—Así que… tú eres el que tiene la espada del viejo rey.
Los demonios se apartaron, formando un corredor. Desde el fondo de la caverna avanzó una figura alta, vestida con armadura negra hecha de hueso endurecido y fragmentos de obsidiana. Sus ojos eran brasas puras, su presencia, la de un huracán contenido.
—Mi nombre es Endevor, primogénito del señor Valor.
—Su voz sonaba como el choque del metal contra la piedra—. He esperado este momento.
Reinders levantó la espada. —¿El hijo… de Valor?
Endevor sonrió, mostrando colmillos como cuchillas.
—Tu existencia es una ofensa. Esa espada —señaló a Coleman— la necesito. Dentro de ella yace el poder que selló a mi padre… y aunque tenga que derramar tu sangre conseguiré liberarlo.
Un temblor recorrió el suelo. La energía demoníaca se elevó como un huracán, y las paredes comenzaron a resquebrajarse.
Mar dio un paso al frente. —¡Retrocede, monstruo!
Endevor ni siquiera la miró. Solo levantó una mano, y una ola de presión la arrojó contra la pared.
Reinders adoptó su forma runica, se lanzó hacia él, chocando con un poder descomunal. Sus espadas se cruzaron, una de oscuridad contra otra de abismo. El impacto generó un estallido que apagó la luz mágica del túnel.
“Cuidado, Reinders,” advirtió Coleman. “No es como los demás. Este ha nacido del caos mismo.”
—¡Entonces aprenderá a morir como todos! —rugió Reinders, liberando una onda rúnica.
La pelea se volvió un remolino de acero y energía. Endevor era más rápido de lo imaginable; cada golpe suyo deshacía el aire, cada movimiento dejaba grietas en la roca.
Elsa, Mar y Estu combatían mientras tanto con hordas demoníacas que no cesaban.
Estu, jadeando, lanzó un torrente de estacas metálicas: —¡No se acaban! ¡No se acaban! Elsa giró su espada envuelta en llamas. —¡Concéntrense! ¡Reinders necesita tiempo! Mar mantenía una barrera helada que se agrietaba con cada embate. —¡No podemos resistir mucho más!
En el centro de la mina, Reinders ya sangraba por el labio, su respiración era agitada. Endevor lo observaba con curiosidad. —Tienes valor. Pero tienes que aprender a lucharcon todo desde el principio.
Reinders sonrió, temblando. —Estoy dándolo todo. Eso es más que suficiente.
La espada Coleman se iluminó con un resplandor azulado y oscuro, revelando fuego azul. Un torbellino de fuego emergió del filo, creando una forma de dragón espectral que rugió con furia. Reinders avanzó, cortando el aire con golpes tan rápidos que la vista no podía seguirlos. Endevor retrocedió por primera vez, sorprendido.
—Así que conoces su primer canto. Interesante… —murmuró el demonio.
Entonces, con una sonrisa terrible, extendió su brazo y murmuró algo en una lengua arcaica. El suelo tembló. Desde las sombras, columnas de energía roja ascendieron y atraparon a Reinders por los tobillos.
Coleman chilló en su mente: “¡Es un sello demoníaco, no puedo—!”
Un golpe vino como un relámpago. Endevor lo golpeó en el pecho con una lanza de energía oscura, arrojándolo contra la pared. Reinders cayó de rodillas, la espada humeante a su lado.
—Te dije que te capturaría vivo —susurró Endevor.
Mar gritó su nombre, lanzando un rayo gélido que partió en dos a un demonio. Elsa se abalanzó con furia, pero Endevor agitó su mano y una muralla de tierra los separó.
—¡No! ¡Reinders! —Estu lanzó una sierra metálica, pero el demonio lo disipó con un simple gesto.
Endevor se inclinó sobre el joven y posó una mano sobre el mango de Coleman. La espada rugió en protesta.
“¡No me toques, engendro del abismo!”
El demonio soltó una carcajada. —Oh, así que sí hablas. Cuánto más interesante será descifrarte. —Con un movimiento rápido, una cadena negra surgió de su brazo y envolvió a Reinders, aprisionándolo.
—¡Coleman! —gritó Reinders, tratando de liberarse.
“Lo siento… no puedo romper esto…”
Trok, viendo el panorama, gritó: —¡Retirada! ¡Ahora! ¡No lo lograremos si seguimos!
Mar se resistió, con lágrimas ardiendo en los ojos. —¡No lo voy a dejar! ¡Nunca lo haré!
—¡Si morimos todos, su sacrificio no servirá de nada!
—rugió el enano, tomándola del brazo—. ¡Reinders no se iría sin ti, mujer!
Elsa conjuró una barrera de lava que bloqueó temporalmente el túnel mientras retrocedían. Estu lanzó un último ataque que explotó, cubriendo la retirada con piedra y chispas.
Desde la oscuridad, la voz de Endevor resonó, profunda y triunfante:
—Dile a tu comunidad… que el hijo del caos ha despertado. Valor pronto caminará otra vez.
Las chicas huyeron entre lágrimas, arrastradas por Trok, con el eco de la risa demoníaca persiguiéndolas por los túneles. En la distancia, Ertad Triber los recibió con el estruendo de puertas cerrándose y forjas encendiéndose en alarma. La ciudad subterránea, que hasta hacía poco vibraba con trabajo y orgullo, ahora temblaba con miedo.
Y en algún punto profundo de las minas, encadenado por sellos demoníacos, Reinders abrió lentamente los ojos entre la oscuridad. Su pecho ardía, Coleman seguía junto a él, resonando débilmente.
“No temas… aún no hemos terminado.”
El joven sonrió, exhausto, mientras la sombra del demonio lo observaba con curiosidad.
—Obtendré lo que busco, humano. Y cuando lo tenga… mi padre regresará.