Después de caminar durante días moribunda, atormentada y al borde de la muerte, Christine es rescatada por un extraño hombre que la acoge en su tétrica y solitaria casa, ofreciéndole su ayuda desinteresadamente.
Pero pronto se dará cuenta de que todo lo que acontece en ese lugar es de lo más tenebroso y sobrenatural, y de que ese hombre no es quién aparenta ser.
¿Qué insólitos huéspedes habitan aquella morada?
¿Quién se esconde tras ese oscuro hombre?
Y la pregunta más importante:
¿Lograra ella sobrevivir a tantos hechos ocultos?
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Deseo estar a tu lado Williams...
Más allá de a Eternidad...
Cap. 17
Christine estaba echada en la cama, apoyando levemente la espalda sobre la almohada y William sentado junto a ella le palpaba suavemente sus pies.
- Han mejorado mucho desde la última vez que les eché un vistazo, están prácticamente todas cerradas, pronto podrás caminar perfectamente.
Christine volvió la vista de nuevo hacía el níveo y sonriente rostro de William, no estaba acostumbrada a verlo tan alegre y con un color de piel tan vivo. Llevaba así varias horas. Desde que habían vuelto a la casa agarrados de la mano, después de haberse besado de aquella forma tan dulce. Le hacía sentirse viva a ella también.
– He acabado acostumbrándome al dolor, ya es como mi amigo, no me importa que vaya lento.
Dijo devolviéndole la sonrisa.
Él le observó con el ceño fruncido.
- ¿No deseas sanar cuanto antes?
- Si, por supuesto que sí, pero poder caminar sin ningún problema significa en cierto modo que ya estoy preparada para marchar.
William permaneció en silencio unos segundos.
- No sé que es lo que te mantiene a mi lado, pero dudo de que sean las heridas. Hay algo en ti que le da color a esta enorme casa y tú lo sientes tanto como yo.
- Deseo estar a tu lado William.
Algo se encendió en la mirada de William, entornó sus ojos y se acercó poco a poco a ella.
- Repítelo otra vez.
- ¿El qué? - Preguntó ella extrañada.
- Mi nombre.
Se puso roja y bajó la mirada avergonzada.
- William...
Pronunció casi en un siseo...
William sonrió y continuó observándola.
- Yo desearía que estuvieras a mi lado para siempre.
Necesitó tragar saliva con energía para poder respirar. Unas lágrimas manaron por sus mejillas.
Y al instante él se las enjugó con sus frías manos.
- No sabes como desearía que estuvieras a mi lado por el resto de tu vida, pero Christine, tú debes seguir tu camino y no malgastarlo en este tétrico lugar.
- ¿Por qué? ¿Por qué dices eso? Yo quiero estar aquí, no me eches por favor. -Le rogó mientras agarraba con fuerza uno de sus brazos intentando aferrarse a él con todas sus fuerzas para que nada ni nadie pudiera separarlos.
- Tú tienes toda la vida por delante, eres una joven asombrosa y preciosa, y yo soy un viejo al que poco le queda ya por hacer. Nadie sabe el tiempo que me queda.
- No me importa el tiempo que te quede, pero sea lo que sea yo quiero pasarlo a tu lado.
William volvió a cerrar los ojos y descansó su cabeza en el brazo de Christine.
Vamos afuera. Hay que aprovechar el buen tiempo que nos están regalando en esta época tan fría del año.
La hierba le acariciaba las palmas de las manos y la fina piel de los pies.
Christine descansaba sobre la hierba, su cabello reposaba en el suelo esparciéndose en mechones ocres y dorados y su vestido sesteaba descolocándose y levantándose rebeldemente hacia arriba dejando al aire libre parte de sus blanquecinas piernas.
A tan solo unos pocos centímetros yacía el siempre perfecto cuerpo de William.
Sus penetrantes ojos negros la miraban sin expresión exacta simplemente contemplándola.
Su mano rozaba levemente la de Christine. La apoyó sobre la suya dejando caer su peso y sumergiendo de nuevo a Christine en las sensaciones de las pequeñas pero intensas corrientes eléctricas que el cuerpo de este emanaban...
-Tu piel es casi cristalina cuando el sol palpita contra ella.
Christine acercó sus dedos al rostro de William y lentamente recorrió todas sus facciones, la piel al contacto con sus dedos parecía desaparecer, tal y como lo haría una nube al ser movida de un lado a otro, sedosa y esponjosa. En tan solo un segundo un extenso rayo de sol reboto contra su cuerpo y algo extraño ocurrió… La piel de William se convirtió en un espejismo, Christine pudo ver a través de ella, todo le traspasaba como si fuera un fino espejo de cristal a punto de ser fraccionado en cientos de pedazos. Todo, la hierba, los árboles, las piedras, incluso los animales que revoloteaban a su alrededor. Sus imágenes cruzaban la traslúcida silueta de William.
Era un fantasma. Ahora podía verlo. Podía sentirlo.
Christine apoyó su mano sobre el pecho de este y esta pareció casi atravesarle.
- Tu calor me hace sentir vivo. Me caldea. Hacía tanto tiempo no sentía a nadie tan intensamente. Si tuviera corazón este latiría única y exclusivamente por tí.
- El mío ya lo hace por tí. Sé que allá donde vayas cuando transcurra el tiempo, mi tiempo de vida me reuniré contigo.
- No.
Dijo él sonriendo con fuerza...
Tú nunca podrás reunirte conmigo porque yo estaré en el lugar donde siempre debí estar. Donde todas las almas caminan atormentadas y doloridas. El lugar donde los condenados duermen eternamente pagando por sus pecados cometidos, mi cárcel perpetua. En cambio, tú alma vivirá eternamente, junto a las almas imperecederas, junto a los ángeles, que te ampararán y te cuidarán como al mayor de los tesoros celestiales. El destino es justo, y lo justo es que yo arda en el infierno y tú reposes allá arriba apacible, tranquila.
-Si el destino quiere eso, me temo que lo que le falta es justicia… Porque no sería justo que nos separara.
Ni siquiera tuvo tiempo de darse la vuelta para observarle él se movió raudo y se colocó sobre ella, reposando su peso suavemente sobre ella y mirándola frente a frente.
-Christine, la naturaleza dicta los caminos por los que debemos transitar y tan solo hay que seguirlos. Sé que tú eres mi destino, pero, ¿de qué vida? Ya no me queda ninguna.
Christine aprovechó que estaba bajo él para acariciarle sus brazos y seguidamente su espalda y mirarlo a los ojos más cerca que nunca.
- Siento... Que.
- No lo digas...
Le interrumpió William tapándole con dos dedos sus labios...
-Todavía no...
continuará...
hayyy súper mega grandiosa historia.