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La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Promesas que se rompen y un pasado que vuelve

El sol apenas comenzaba a dorar el horizonte cuando abrí los ojos. El aroma a pan recién horneado, frutas frescas y café me recibió antes de bajar las escaleras. Ian ya estaba en la cocina, moviéndose con cuidado. No dijo "hoy paso el día con ustedes". Simplemente sonrió, con esa esperanza tímida que empezaba a ver en él, y señaló la mesa llena.

Me puse mi traje de baño y salí a la terraza. Ian apareció poco después. Llevaba el frasco de protector solar entre las manos. Se detuvo a cierta distancia, respetuoso.

Morana:

—Déjame ayudarte —dijo suavemente—. No diré nada que no me corresponda. Solo… déjame ser útil.

Kim Ian:

Lo dejé que me untara la espalda, sin palabras. Sus manos eran suaves, respetuosas. Cuando terminó, se apartó de inmediato.

—Gracias —dije, sin calidez pero sin dureza—. Los niños despertarán pronto. Quiero que estés aquí cuando lo hagan. No porque te lo ordeno, sino porque ellos te esperan.

Asintió. En ese momento, su teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa. Una y otra vez. Dalila. Ian miró la pantalla, apretó los labios, y lo dejó sobre la mesa, boca abajo. No contestó. No dijo nada. Pero su mandíbula se tensó. Sabíamos que esto no terminaría con un simple rechazo.

Poco después, risas infantiles llenaron el aire. Los niños salieron corriendo hacia la piscina. Nos metimos al agua juntos. Ian jugó con ellos, los levantó, los hizo reír. Por un instante, todo estuvo en su lugar.

Dieguito:

Marita:

Pero el teléfono volvió a sonar. Insistente, implacable. Ian salió del agua, secándose la mano con lentitud. Miró el teléfono, miró a sus hijos, y dudó. Esa duda dolió más que su partida.

—Es Violeta —dijo con voz tensa—. Tiene fiebre muy alta. No sé qué hacer.

—Vete —dije, con voz firme—. Pero recuerda: no se trata de elegir entre ella y nosotros. Se trata de no perderte a ti mismo en medio de dos mundos. Ve. Y cuando sepas dónde está tu lugar, vuelve. No antes.

Se vistió deprisa. Salió corriendo. En el auto, llamó a Marco:

—Necesito un favor. Quédate con ellas en el hospital. No sé cuánto tardaré. Pero no puedo quedarme ahí sin perder lo que estoy reconstruyendo.

Llegó al hospital. Dalila lo esperaba en la sala de urgencias, con los ojos rojos. Al verlo llegar, su expresión cambió: primero alivio, luego algo más oscuro.

—Por fin llegas —dijo, acercándose—. Sabía que no me fallarías. Siempre estás cuando te necesito. Quédate. El médico va a salir pronto. No me dejes sola con esto.

Ian se detuvo. Respiró hondo.

—Dalila, te agradezco lo que hiciste por mí —dijo con calma—. Y te debo la vida. Pero eso no significa que deba destruir a mi familia para pagarte. Mi lugar está con ellos. No te dejo sola: Marco viene. Pero yo me voy.

Dalila se quedó inmóvil. No gritó. No lloró. Solo lo miró alejarse, y entonces una sonrisa lenta, fría y peligrosa se dibujó en sus labios. Sacó su propio teléfono y marcó un número que no había usado en años.

—Ha elegido —murmuró al contestar—. Es hora de que conozca a su verdadera familia.

Mientras tanto, en casa, los niños estaban sentados al borde de la piscina, abrazando sus rodillas.

—Mamá… ¿Volverá? —preguntó Dieguito, con la voz pequeña—. Siempre se va.

Me senté entre ellos, rodeándolos con mis brazos.

—No necesitamos que nadie venga para estar completos —les dije, besando sus cabellos—. Nosotros nos tenemos. Y eso es suficiente. Pero si él vuelve, será porque ha elegido quedarse. No porque se sienta obligado. Y eso valdrá más.

Pasaron dos horas. Tres. El sol empezó a bajar. Yo misma empecé a pensar que quizás no volvería. Que la deuda pesaba más que su voluntad. Pero entonces escuché el motor.

Ian entró por el portón, con bolsas en las manos, el cabello revuelto, pero con paso firme. Los niños se giraron de golpe.

—¡Papá! —gritaron, corriendo hacia él—. ¡Viniste!

Se arrodilló y los abrazó con fuerza, como si temiera que se desvanecieran.

—Perdónenme —dijo, con la voz quebrada—. He sido un padre ausente. No será fácil, y probablemente me equivoque. Pero voy a aprender. Les traje todo lo que les gusta. Y… estoy aquí.

Se levantó y me miró. No suplicó. Solo habló con honestidad.

—Morana… sé que tengo una deuda con Dalila. Y no sé cómo resolverla aún. Pero estoy intentando encontrar el equilibrio. No me pidas que la deje de agradecer, pero sí que te crea a ti. Dame la oportunidad de demostrarte que puedo ser digno de este lugar.

Lo miré a los ojos. No sentí amor. No sentí perdón. Pero reconocí su esfuerzo.

—Ian… no esperes que la Morana que creyó en ti regrese —dije con calma—. Esa parte de mí se quedó atrás. Pero te respeto por intentar. Y mientras tus hijos vean que luchas por ellos, tendrás mi respeto. No esperes más. No lo tengo para darte.

Bajó la cabeza, asintiendo. No pareció derrotado. Pareció entender las reglas.

En ese momento, el timbre de la puerta sonó.

—¿Esperas a alguien? —preguntó Ian, confundido.

—No —dije, y mi voz se tensó—. Voy a ver.

Abrí la puerta. Y el mundo se detuvo. Frente a mí, una mujer de unos cuarenta y ocho años, cabello rojo como el fuego igual al mío, ojos verdes claros, vestida con un traje sastre de seda color crema que rezumaba distinción. Sonreía con ternura, pero sus ojos estaban llenos de algo que no reconocí al principio: alivio, y también dolor.

Madre de Morana:

—Hola, Morana —dijo suavemente—. He venido a buscarte.

Me quedé con la mano aún en el picaporte. No solo sorpresa. Desconfianza. Una frialdad que no esperé sentir ante alguien que decía conocerme.

—¿Quién eres? —dije, con voz firme, sin apartarme de la puerta—. Y ¿cómo sabes mi nombre?

La mujer dio un paso adelante, pero se detuvo cuando crucé la mirada con ella.

—Soy tu madre, hija. Y he venido a llevarte a casa. Donde realmente perteneces.

Una risa seca me escapó. No entré en pánico. No lloré. Solo me puse de pie, más alta, más firme.

—¿Casa? —dije, y mis palabras cayeron como hielo—. La última vez que supe de ti, me a a cambio de tu libertad y una buena dote.

La mujer palideció. Abrió la boca, confundida.

—¿Vendiste? No… eso no es lo que pasó. Tu padre… él te dijo que te abandoné. Pero la verdad es otra. Y necesito que me dejes contártela.

La miré, larga y fría.

—No tengo nada que escuchar. Pero si insistes en hablar… entra. Pero no esperes que te crea cada palabra. Y no esperes que te perdone lo que no entiendo aún.

La dejé pasar. Y en el bolsillo de su abrigo, la mujer apretó un pergamino antiguo con el sello de la familia Miller. Algo me dijo que esta visita no era casual. Y que Dalila, allá donde estuviera, sabía exactamente quién acababa de cruzar mi puerta.

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inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
total 1 replies
Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
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Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
total 1 replies
Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
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