Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
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Una mujer que no se deja vencer
El salón estaba lleno, Luces cálidas, copas de champagne, vestidos de diseñador y hombres de traje conversando sobre negocios que movían millones.
Era uno de esos eventos donde todo el mundo parecía conocer a todo el mundo Y, como siempre, Alessandro Moretti era uno de los hombres más observados de la noche.
Pero esa vez había algo diferente, no estaba solo. Isabella estaba a su lado.
Elegante, segura, con el cabello rojizo cayendo sobre sus hombros y nuevamente un vestido que no necesitaba demasiados adornos para llamar la atención.
Alessandro no podía dejar de mirarla.
—Deja de mirarme así —murmuró ella.
—¿Así cómo?- Sonrió con picardía.
—Como si quisieras memorizarme y después arrancármelo.
Él sonrió, pero esta vez había una maldad en sus ojos.
—Quizás quiero hacerlo.
Isabella negó con la cabeza, divertida.
—Eres un bruto, solo piensas en cojer.
—Pero si no te quedas atrás, además no tengo culpa que mi mujer sea demasiado hermosa.
Ella iba a responder cuando una voz femenina apareció detrás de ellos.
—Aless.
Él se giró.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Luciana.
La mujer llevaba un vestido rojo y una expresión cuidadosamente ensayada. Alessandro se había arrepentido de meterse con ella, porque era una mujer muy impulsiva.
—Qué sorpresa verte —dijo ella.
Alessandro fue frío.
—No sabía que estabas invitada.
—Yo tampoco sabía que tendría que compartir tu compañía.
Luciana miró a Isabella de arriba abajo.
—Aunque debo admitir que entiendo por qué estás tan ocupado últimamente.
Isabella no respondió, Simplemente tomó su copa.
—Luciana —dijo Alessandro—, compórtate, no vayas a hacer un escándalo.
Ella sonrió.
—¿Qué? Solo estoy siendo amable con tu nueva conquista, que ha durado más de lo que debería.
—¿Quieres marcharte?
Luciana se alejó.
Pero no se fue.
Durante los siguientes minutos se dedicó a observar, a escuchar, esperar y finalmente encontró la oportunidad que buscaba.
Se acercó a Isabella mientras Alessandro conversaba con unos empresarios.
—Debo decirte algo —comentó Luciana.
Isabella la miró tranquilamente.
—Te escucho.
—No todas las mujeres tienen la suerte de encontrar un hombre como Aless.
Silencio.
—Aunque algunas saben perfectamente cómo conseguirlo.
Isabella dejó la copa sobre la mesa.
—¿Quieres decirme algo?
Luciana apretó los labios.
—Solo digo que Aless siempre ha tenido debilidad por las mujeres bonitas y bueno tú entras en esa lista aunque con un nivel bajo. Ha tenido mujeres mucho más hermosas entre esas, yo.
—Dime algo que no sepa.
—Lastimosamente también tiene debilidad por las mujeres interesadas.
Isabella sonrió, no se molestó y no levantó la voz.
—Entonces debes conocerlo bastante bien.
—Muchísimo.
—Qué extraño.
—¿Qué?
—Que después de conocerlo tanto tiempo todavía no hayas entendido que un hombre como Alessandro no necesita que una mujer le quite dinero. Si quisiera compañía, podría pagarla. Si quisiera admiración, podría comprarla Y si quisiera una mujer que dependiera de él, tendría cientos haciendo fila.
Luciana se quedó callada.
Isabella continuó:
—Así que si realmente quieres convencer a alguien de que estoy con él por dinero, tendrás que buscar un argumento mejor.
Algunas personas cercanas comenzaron a prestar atención.
Luciana sintió que estaba perdiendo el control.
—Es muy fácil hablar cuando vistes con sus regalos.
Isabella bajó la mirada hacia su vestido.
Luego volvió a mirarla.
—Este vestido lo compré con mi propio dinero, pero supongo que tú no sabes lo que es vestir con tu propio dinero.
Luciana abrió la boca.
—Y si alguna vez Alessandro me regala algo —continuó Isabella—, será porque quiere hacerlo. No porque yo se lo haya pedido.
Luciana soltó una pequeña risa.
—Qué conveniente.
Isabella sonrió.
—No, querida. Conveniente sería que yo necesitara su dinero. Pero no lo necesito, trabajo y gano mucho dinero, pero me imagino que tampoco sabes lo que significa eso.
La expresión de Luciana cambió.
Había esperado encontrar una mujer insegura, hbía encontrado una mujer que no podía ser provocada.
—Tú no sabes nada de mí —dijo Luciana.
—Y tú tampoco sabes nada de mí.
Isabella tomó nuevamente su copa.
—Esa es la diferencia. Yo no necesito saber quién eres para darme cuenta lo que eres.
Se marchó, Sin gritar, insultos elegantes y Sin mirar atrás.
Lucuana se quedó allí, furiosa.
Había perdido, lo sabía.
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Unos minutos después, Isabella caminaba hacia una de las mesas laterales cuando sintió un tirón.
Luciana pasó demasiado cerca, demasiado rápido Y la mano de Isabella chocó contra el borde de una mesa de cristal.
—¡Ah!
La copa cayó.
Una pequeña herida apareció en su mano, Nada grave, Pero Alessandro lo vio Y algo dentro de él se rompió.
—¿Qué pasó?
Llegó hasta ella en segundos.
—Aless, estoy bien.
Él tomó su mano.
Vio la pequeña herida, Luego levantó la mirada.
Luciana estaba a unos metros, Alessandro caminó hacia ella.
Su rostro había cambiado completamente.
—¿Fuiste tú?
—No sé de qué hablas.
—No me mientas.
—Fue un accidente.
Alessandro dio un paso más.
—Te estoy preguntando por última vez.
—Alessandro...
Isabella intentó detenerlo, Pero él estaba fuera de sí.
—¿La tocaste?
Luciana retrocedió.
—¡No!
Los de furia del hombre dejaron sin palabras a quienes observaban — No vuelvas a acercarte a ella, porque no responderé de mis actos.
Su voz era baja, Mucho más peligrosa que un grito.
—¡Alessandro, no puedes hablarme así!
—Puedo hablarte como quiera, nadie toca a mi mujer.
—¡No le hice nada a tu mujercita!- Luciana contuvo las lágrimas a ella nunca la defendió así.
—Una palabra más...
Luciana guardó silencio.
Alessandro señaló la salida.
—¡Fuera!
—¿Me estás echando?
—Sí.
—¿Por ella?
Alessandro ni siquiera dudó.
—Por ella.
Luciana lo miró con incredulidad.
Y por primera vez comprendió algo que hasta entonces había querido negar.
Alessandro Moretti estaba enamorado. Completamente.
- Me voy Aless, pero algún defecto ha de tener, de lo bueno no dan tanto.
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En el salón comenzaron los murmullos.
—¿Viste cómo reaccionó?
—Nunca lo había visto así.
—Está perdido por ella.
—Definitivamente se enamoró el CEO mujeriego.
—Alessandro Moretti finalmente cayó.
Otro hombre sonrió.
—Elena debe estar dichosa.
Una mujer respondió:
—¿Dichosa? Esa mujer es hermosa.
—Y elegante.
—Y parece que no necesita llamar la atención para tenerla.
Mientras todos hablaban, Alessandro estaba concentrado únicamente en Isabella.
—Déjame ver tu mano.
—Ya te dije que estoy bien.
—No.
—Alessandro...
—No estás bien.
—Es una cortadita, ya no sale sangre.
—Me da igual.
Él llamó a uno de los empleados del lugar.
—Trae un botiquín.
—No hace falta.
—Isa deja de llevarme la contraria.
Isabella lo miró.
Había algo diferente en sus ojos.
No era solamente rabia, Era miedo, Miedo verdadero.
—¿Qué te pasa? Mírame, estoy bien —preguntó ella.
Alessandro respiró profundamente.
—No quiero que nadie te toque.
Isabella se quedó callada.
—Nadie.
Él volvió a mirar su mano.
—No quiero que nadie se acerque a ti con malas intenciones. No quiero que nadie te haga daño.
Isabella suavisó su rostro —Estoy aquí tontito y estoy bien.
—Lo sé, lo se. Solo que ella es una loca
—Enamoras a todas y despues ¿Quieres que no haya consecuencias?
Alessandro negó.
—Si te dejara ¿También pelearían por mi?
Ella lo miró fijamente.
—Yo no sería tan bruta - Isabella mordió su labio, esa respuesta desilusionó al pelinegro - Yo haría una lista de todas las arpías, las matara y las tiraría al océano en costales con piedra.
Él tardó unos segundos en responder, porque no paraba de reír.
—Esa es mi chica.
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Más tarde, cuando regresaron al hotel, Alessandro insistió en revisar nuevamente la herida.
—Ya está limpia.
—Quiero asegurarme.
—Aless, por favor.
Él la miró.
—Quédate unos días.
—¿Aquí?
—Sí.
—Tengo trabajo.
—Puedes descansar.
—No necesito descansar.
—Sí necesitas.
Ella sonrió.
—¿Ahora también decides cuándo descanso?
—Soy tu jefe y si se trata de tu seguridad, sí.
Isabella negó con la cabeza.
—Voy a irme a casa.
Alessandro se quedó inmóvil.
—¿A casa?
—Sí.
—¿Ahora?
—Mañana.
—¿Por qué?
—Porque necesito estar unos días tranquila, me estás pidiendo que descanse y he pasado un largo tiempo fuera de casa.
Él intentó ocultar su incomodidad.
—Puedo ir contigo y de paso conozco...
—No.
—¿Por qué?
—Porque necesitas trabajar.
—Puedo trabajar desde cualquier lugar.
—Alessandro...
Él suspiró.
No quería discutir.
Pero aquella respuesta le despertó nuevamente todas las dudas que había intentado controlar.
Isabella desaparecía, Recibía llamadas que no explicaba. Tenía una vida que él no conocía, ahora quería marcharse y temía profundamente lo que un detective pudiese encontrar.
No sospechaba de ningún hombre en particular. Pero estaba convencido de que había algo.
Alguien o Algo que ella protegía.
—Está bien, Isa ve y abandóname —dijo finalmente.
Pero su mirada decía exactamente lo contrario.
Isabella soltó una risilla, parecía un pequeño.
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Al día siguiente, Isabella salió temprano.
Tomó su bolso, se despidió de Alessandro y subió al vehículo.
Mientras avanzaba hacia casa, intentó relajarse.
Necesitaba unos días lejos de todo. Lejos de los eventos, De los negocios, De los celos De Alessandro.
Pero el destino parecía tener otros planes.
Al detenerse en un semáforo, vio un automóvil conocido.
Frunció el ceño.
Adriano.
El hombre la reconoció inmediatamente, bajó del vehículo.
—Isabella.
Ella bajó la ventana.
—Adriano.
Él sonrió.
—No sabía que estabas por aquí.
—Voy de camino a casa.
—¿Tienes unos minutos?
—No.
Adriano soltó una pequeña risa.
—Sigues igual.
—¿Igual cómo?
—Difícil de alcanzar.
Isabella negó con la cabeza y sonrió.
—Cuídate, Adriano.
El semáforo cambió.
El vehículo avanzó.
Adriano se quedó mirando cómo se alejaba Y no pudo evitar sonreír.
No había dejado de quererla.
Desde otro automóvil, alguien había visto toda la escena.
Victoria, esta sacó su teléfono.
Tomó varias fotografías.
Isabella hablando con Adriano, Adriano acercándose al vehículo.
La sonrisa de ambos.
No necesitaba saber qué habían hablado, solo necesitaba que Alessandro creyera que había algo más.
Abrió el chat, Seleccionó las fotografías.
Y escribió:
“Creo que deberías saber con quién se encontró Isabella.”
Envió.
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Alessandro estaba en su oficina cuando recibió el mensaje.
Lo abrió sin pensar demasiado.
Entonces vio la primera fotografía. Su expresión cambió, Abrió la segunda, Luego la tercera.
El teléfono quedó inmóvil en su mano.
Matteo, que estaba frente a él, lo observó.
—¿Qué pasó?
Alessandro no respondió.
—¿Alessandro?
Él levantó lentamente la mirada, Sus ojos estaban oscuros.
—Adriano.
Matteo entendió inmediatamente.
—¿Qué hizo?
Alessandro dejó el teléfono sobre el escritorio.
—Está buscándola.
—Eso ya lo sabíamos - Dijo Matteo viendo las fotos.
—No.
Alessandro tomó nuevamente el teléfono.
—Corrijo, no la está buscando.
Miró las fotografías.
—La está persiguiendo.
Matteo suspiró.
—No hagas una locura, ella ha dejado claro con quién quiere estar y te lo ha demostrado.
Alessandro se puso de pie.
—No voy a hacer ninguna locura.
Tomó las llaves.
—Voy a hablar con él.
—¿Y si esto es exactamente lo que todos quieren?
Alessandro se detuvo.
La duda apareció en su rostro.
Matteo se acercó.
—Piénsalo. Victoria te manda las fotos y Adriano parece pasar en ellas.
Alessandro apretó la mandíbula.
—¿Crees que están trabajando juntos?
—No lo sé.
—Yo sí sé algo.
—¿Qué?
Alessandro miró nuevamente las fotografías.
—Nadie va a jugar conmigo.
Guardó el teléfono en el bolsillo.
—Y mucho menos con ella.
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A varios kilómetros de allí, Isabella llegó finalmente a casa.
Bajó del vehículo, Respiró profundamente.
Por primera vez en días sintió que podía estar tranquila.
Sin saber que, dos hombres estaban a punto de enfrentarse por ella Y que una mujer había decidido convertir los celos de Alessandro en un arma.