En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 16: Cuando todo se rompe
El peligro no siempre se anuncia.
No siempre llega con ruido, con advertencias o con señales claras.
A veces se mueve en silencio, observando, esperando, aprendiendo cada detalle antes de atacar.
Y esta vez… el objetivo no era pequeño.
Era Henry Wason.
Y todo lo que lo rodeaba.
Desde hacía días, alguien vigilaba sus movimientos. No era algo improvisado, no era un ataque al azar. Había planificación, paciencia y un interés muy específico en algo que hasta ese momento debía mantenerse en secreto.
Pero los secretos… cuando involucran poder, siempre terminan saliendo a la luz.
Uno de los científicos había hablado.
Tal vez por miedo.
Tal vez por dinero.
O tal vez porque no entendía la gravedad de lo que estaba revelando.
Lo cierto es que habló de más.
Habló de Catalina.
De su estado.
De su cuerpo.
Y de algo que no debería haber sido mencionado jamás.
La máquina.
—¿Una viajera…?
La voz del hombre que escuchaba del otro lado de la comunicación era baja, calculadora, cargada de interés.
—Sí… su alma no está en su cuerpo —respondió el científico, nervioso.
Hubo un silencio.
Uno de esos silencios que no son vacíos… sino peligrosos.
—¿Y dices que él puede verla?
El científico dudó.
Pero respondió.
—Sí…
La sonrisa que apareció en el rostro del desconocido no fue amable.
Fue fría.
Ambiciosa.
—Entonces… eso cambia todo.
Porque ya no se trataba solo de una mujer.
Se trataba de algo mucho más valioso.
Algo que nadie más tenía.
—
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Henry estaba completamente enfocado en otra cosa.
Su mundo giraba alrededor de una sola idea.
Recuperarla.
Había reunido a especialistas, investigadores, mentes brillantes que analizaban datos, teorías, posibilidades. La sala estaba llena de pantallas y gráficos, pero para Henry todo eso era secundario.
—No me importa el costo —dijo con firmeza.
Su voz no era alta.
Pero tenía un peso que nadie se atrevía a ignorar.
—Quiero una solución.
Los presentes intercambiaron miradas.
Uno de ellos habló con cautela.
—Señor, estamos tratando con algo que no comprendemos completamente…
Henry no se sentó.
No dudó.
—Entonces compréndanlo.
El silencio cayó sobre la sala.
—Porque no pienso perderla.
No era una amenaza.
Era una certeza.
Y cuando Henry hablaba así…
no había marcha atrás.
—
Pero mientras él luchaba por traerla de vuelta…
otros ya estaban moviendo sus piezas.
—
El penthouse estaba en calma.
Un silencio extraño se había instalado desde hacía días. Noa y Emiliana trataban de mantener el orden, de sostener la rutina, pero nada era igual sin Catalina.
El lugar se sentía vacío.
Demasiado grande.
Demasiado frío.
—Siento que algo no está bien… —dijo Emiliana en voz baja.
Noa asintió, mirando alrededor.
—Yo también…
No supieron explicar por qué.
Pero lo sentían.
Esa sensación incómoda que recorre el cuerpo antes de que algo malo ocurra.
Y entonces…
pasó.
Un golpe seco resonó en la entrada.
Ambas se quedaron quietas.
—¿Escuchaste eso?
Antes de poder reaccionar, la puerta se abrió con violencia.
El sonido fue fuerte, abrupto, imposible de ignorar.
Hombres.
Vestidos de negro.
Moviéndose rápido.
Sin dudar.
—¿Quiénes son ustedes?
Noa intentó mantenerse firme.
Pero ellos no estaban ahí para hablar.
Uno avanzó directamente hacia el interior.
Otro comenzó a destruir lo que encontraba a su paso.
El ruido de los cristales rompiéndose llenó el espacio.
—¡La máquina!
La palabra fue clara.
Directa.
Y el objetivo también.
Entraron al laboratorio.
Las pantallas explotaron.
Los dispositivos fueron arrancados.
Los cables destrozados sin ningún cuidado.
El sistema que Henry había construido con tanto esfuerzo… desaparecía en segundos.
—¡No!
Noa intentó detenerlos.
Pero fue empujada con fuerza.
Cayó al suelo.
El golpe la dejó sin aire por un momento.
—¡Deténganse!
Emiliana retrocedió, aterrada.
—¿Qué quieren?
Pero ellos no respondieron.
Porque ya sabían exactamente a qué habían venido.
—El cuerpo.
El silencio que siguió fue devastador.
Noa levantó la cabeza.
—No…
Pero ya era tarde.
Entraron a la habitación.
Y ahí estaba Catalina.
Inmóvil.
Frágil.
Sin poder defenderse.
Sin poder resistir.
—¡No la toquen!
Noa se levantó como pudo, corriendo hacia ellos.
Pero no llegó.
Uno de los hombres la detuvo.
—No interfieras.
La levantaron.
Como si no pesara nada.
Como si no fuera una persona.
Y se la llevaron.
—
El silencio que quedó después…
fue insoportable.
Emiliana comenzó a llorar.
Noa, temblando, buscó su teléfono.
—Tenemos que llamarlo…
Sus manos no dejaban de moverse.
Marcó.
Una vez.
Dos.
Tres.
—Contesta…
—
Henry estaba en medio de la reunión cuando su dispositivo vibró.
Algo en su interior cambió antes de siquiera mirar la pantalla.
Atendió.
—¿Sí?
La voz de Noa llegó quebrada.
—Señor… entraron…
Henry no se movió.
—¿Qué?
—La máquina… la destruyeron…
El aire se volvió pesado.
—Y…
Hubo un silencio que lo dijo todo.
—Se llevaron a la señora Catalina…
El mundo se detuvo.
Literalmente.
Henry no respondió.
No gritó.
Pero algo dentro de él…
se rompió.
—Voy para allá.
—
Cuando llegó, el penthouse ya no era el mismo.
Vidrios en el suelo.
Equipos destruidos.
Silencio.
Oscuro.
Pesado.
Noa se acercó.
—Se la llevaron…
Henry recorrió el lugar con la mirada.
Sin emoción visible.
Pero su presencia…
era peligrosa.
—¿Quiénes fueron?
—No lo sabemos…
Su mandíbula se tensó.
—Lo van a saber.
Su voz fue baja.
Pero letal.
—Encuéntrenlos.
No era una orden común.
Era una sentencia.
—
Mientras tanto…
lejos de ahí…
el cuerpo de Catalina era transportado.
Sin cuidado.
Sin respeto.
Como si no valiera nada.
El vehículo avanzaba por un camino oscuro, alejándose de la ciudad.
—¿Qué hacemos con ella?
—Órdenes claras.
El conductor no dudó.
El auto se detuvo.
El lugar era aislado.
Un acantilado.
El viento soplaba con fuerza.
—No sirve sin el alma.
—Entonces no sirve para nadie.
La levantaron.
Y sin detenerse a pensar…
la arrojaron.
El cuerpo cayó.
Perdiéndose en la oscuridad.
Sin ruido.
Sin testigos.
—
En otro lugar…
en otro plano…
Catalina seguía flotando.
Rodeada de luz.
Sin saber.
Sin sentir.
Sin entender…
lo que acababa de pasar.
—
Y en ese mismo instante…
Henry levantó la mirada.
Como si algo dentro de él…
hubiera sentido la pérdida.
Como si, sin pruebas…
supiera que algo estaba mal.
Muy mal.
Porque esta vez…
no solo la había perdido.
Se la habían quitado.
Y eso…
no iba a quedar así.
💕💕💕💕..... 💕💕💕💕..... 💕💕💕💕...
Este capítulo… duele de verdad
Porque cuando todo parecía que podía mejorar…
todo se rompe… de la peor manera
Catalina… indefensa… sola…
y aún así… luchando en otro plano por volver
Y Henry…
llegando tarde…
viendo cómo le arrebatan lo único que ya no quería perder
Esto ya no es solo una historia de amor…
es una batalla…
Una donde el destino, el tiempo y el peligro…
están en contra de ellos
Pero algo es seguro…
esto recién empieza…
Si te gustó, deja tu mensaje
quiero leerte y saber qué sentiste
Con cariño,
Luna Auol 🌸