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Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

El regreso a la oficina en el Rolls-Royce fue un funeral sobre ruedas, un desfile de culpas envuelto en cuero y olor a coche nuevo. El silencio era tan denso que se podía cortar con un cuchillo, pero no un cuchillo de cocina, sino uno de esos de plata que usamos en el desayuno de la infamia esta mañana. Yo manejaba con la vista clavada en el asfalto de Milán, tratando de que los edificios borrosos distrajeran mi mente de la imagen de Alessandra en el asiento trasero.

A través del retrovisor, podía verla pegada a la ventana. Parecía de cristal, como si fuera a romperse si el coche pasaba por un bache. El recuerdo de su piel, de su entrega total bajo el efecto de la afrodisíaco de la vieja Isabella y la fragancia de feromonas, flotaba entre nosotras como un fantasma que no quería irse. Todavía sentía el calor de sus manos en mi nuca y el eco de sus gritos en mis oídos. Era una pesadilla de placer que me quemaba la conciencia.

—Alismeidy —dijo ella al fin, cuando las gomas del Rolls chirriaron suavemente al entrar en el estacionamiento privado de la corporación—. Lo de anoche... lo que pasó en esa cama... fue una violación de nuestra voluntad por parte de mis padres. Fue un asalto biológico. No significa nada. No cambió absolutamente nada entre nosotros.

Yo apreté el volante hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

—Lo que usted diga, jefa —respondí con una frialdad, aunque por dentro me estuviera cayendo a pedazos—. Pero póngase clara en algo: su papá nos acaba de regalar una villa frente al Coliseo y nos puso fecha para el sábado. Nosotras podemos decir que no significa nada, pero para el mundo entero, y para su familia de hienas, ahora somos una pareja de verdad. Mientras tanto, mi mujer está en un apartamento esperándome con una barriga de casi 4 meses, y yo le estoy vendiendo un sueño de terrenos y abogados en Santo Domingo. Este toyo no va a aguantar mucho más sin explotarnos en la cara.

Me bajé y le abrí la puerta. Ella salió con esa elegancia fingida, pero noté cómo dudó un segundo al apoyar el peso, un recordatorio físico de que su cuerpo todavía recordaba mi fuerza. No me miró. Entró al edificio como si fuera a una ejecución.

****************

Mientras yo me hundía en el lujo, las pruebas de vestuario y la mentira más grande de mi vida, en nuestro apartamento la atmósfera era muy distinta. Elizabeth pasaba las tardes sentada en el balcón, mirando hacia la calle con la esperanza de ver el Rolls-Royce aparecer. El sol de la tarde le daba en la cara, pero no lograba quitarle la palidez de la tristeza y la falta de la fragancia mis fermonas.

Doña Altagracia, mi mamá, trataba de animarla con sancocho de siete carnes, jugos de avena con limón y cuentos de cuando nosotros vivíamos en el barrio y no teníamos ni para el pasaje. Pero el instinto de una Omega embarazada no se deja engañar con comida ni con anécdotas.

—Alis no me llama como antes, Doña Altagracia —decía Elizabeth, acariciando su barriga con una ternura que me dolía hasta la distancia—. Me dice que está en el campo, que no hay señal, que los abogados son difíciles... pero su voz suena hueca. Suena como si estuviera escondiendo algo pesado, algo que le quita el aire. Ella es mi Alfa, yo siento su frecuencia, y ahora mismo su frecuencia está en cortocircuito.

—No se me ponga así, mi gringa bella —decía mi mamá, aunque por dentro ella también estaba sospechando que yo andaba en algo raro—. Alis es una Alfa de trabajo, de esas que se fajan por los suyos. Ella está allá resolviendo el futuro de ese nieto mío para que no le falte nada. Usted coma y descanse, que esa muchacha lo que tiene es mucho trote con esos abogados que son unos tiburones.

Pero Elizabeth solo suspiraba. La ausencia de mi olor en la casa la estaba matando lentamente.

****************

Esa tarde, la oficina de Alessandra no parecía un centro de negocios, sino un taller de alta costura parisino. Isabella había enviado a un equipo de modistos con tres opciones de trajes de novia para Alessandra y un traje sastre de corte impecable, hecho de seda blanca y detalles en plata, para mí.

—Póntelo —ordenó Alessandra, señalando el traje que descansaba sobre el sofá de cuero—. Tenemos que fingir que estamos emocionadas. Los fotógrafos de la prensa social vendrán en una hora.

Me metí al vestidor y me puse esa ropa. Era la tela más suave que había tocado en mi vida, pero sentía que me quemaba la piel como si fuera ácido. Al salir, vi a Alessandra. Estaba frente al espejo con un vestido de encaje que debía costar más que el edificio entero. Se veía hermosa, una reina de hielo, pero sus ojos estaban apagados.

—¿Cómo me veo? —preguntó ella, buscando aprobación en la única persona que conocía su verdad.

—Parece una novia de verdad, jefa —dije, ajustándome el saco—. Y yo parezco el Alfa más afortunado del mundo. Lástima que todo esto sea falso y solo de papel.

En ese momento, Isabella entró como un torbellino, criticando el encaje y ajustando mi postura.

—¡Alismeidy! Ponle la mano en la cintura a tu prometida. ¡Anoche no parecías tan tímida! —soltó con una risa malvada, recordándonos el desayuno de la infamia y la trampa del té.

Yo puse la mano donde me pidió, sintiendo el calor del cuerpo de Alessandra a través del encaje. Ella se tensó, y por un segundo, el tiempo se detuvo. Nos miramos a través del espejo y vi el miedo puro. Miedo de que este juego se volviera tan real que ya no supiéramos cómo regresar.

Cuando los modistos y la madre se fueron, el silencio regresó, más pesado que antes. Me encerré en mi oficina de "Secretaria Profesional" y miré la invitación de boda que descansaba sobre mi escritorio. Alessandra Valenti & Alismeidy Damiron. El nombre que me habían inventado brillaba en letras de plata, burlándose de mi origen.

Marqué el número de casa con el corazón en la boca.

—¿Hola? ¿Alis? —la voz de Elizabeth sonó tan frágil que sentí que el techo me caía encima.

—Hola, mi cielo... mi gringa bella —dije, tratando de que mi voz no temblara, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas—. Perdona que no llamé antes, es que este pleito por los terrenos del tío se puso feo. El juez pidió una última firma, una última presencia en la capital.

—Alis... te extraño tanto. El bebé no deja de patear hoy, creo que sabe que algo no está bien —dijo Elizabeth, y escuché un sollozo que me desgarró el alma—. ¿Cuándo vuelves de verdad? Ese viaje a Santo Domingo parece eterno. Siento que te estás alejando, que estás en un lugar donde yo no puedo alcanzarte.

—Pronto, gringa, te lo juro por la luz que me alumbra. Solo falta una firma más. Una última firma y todo este lío de abogados y papeles se acaba. Te amo, no lo olvides nunca —mentí, colgando el teléfono antes de que mis propios sollozos me delataran.

Justo cuando estaba tratando de limpiarme las lágrimas, Junior entró a mi oficina caminando como si fuera el dueño de Milán. Venía con un traje que le quedaba apretadito, resaltando sus músculos, y una sonrisa que iba de oreja a oreja.

—¡Oye, hermana! ¿Qué te pasa? Tienes cara de que te pasó un camión de mudanza por encima. ¿Tan dura estuvo la "reunión" con los viejos de la jefa en la mansión? —me soltó, sentándose en mi escritorio con una confianza que me daba ganas de darle un boche.

—Cállate, Junior. Tú no tienes la menor idea del lío en el que estamos metidos —le solté, cerrando la carpeta donde estaba las invitaciones de la boda para que no viera las fotos de la villa en Roma—. Tú sigue jugando a ser "Ejecutivo de Logística" con Sonia, que yo estoy tratando de que no nos maten a todos con esta mentira.

—¡Ay, Alis! No seas tan trágica. Sonia está encantada conmigo. Hoy le ahorré unos cuantos miles de euros negociando con unos transportistas del puerto. Me dice que tengo "talento natural". Si tú te casas con la jefa, nosotros nos coronamos. ¡Imagínate, la familia del barrio viviendo en Roma!

—¡Que no es por dinero, Junior! ¡Es por mi hijo! —le grité, pero él ya estaba distraído mirando su reflejo en el cristal de mi ventana, acomodándose el pelo. Junior era el único que parecía estar disfrutando este naufragio.

La noche empezó a caer sobre la ciudad. El cielo de Milán se puso de un color gris metálico, frío y distante. Estaba sentada sola en mi oficina, rodeada de carpetas, muestras de flores para el banquete y el contrato de la villa frente al Coliseo. Cada objeto era una cadena más.

De repente, se escuchó el clic de la puerta. Alessandra entró. Ya no tenía el vestido de novia, sino su traje de negocios gris, pero se veía agotada. Cerró la puerta con seguro, un gesto que ahora me ponía los pelos de punta después de lo que pasó en la mansión.

Se acercó a mi escritorio y soltó una caja de terciopelo azul. Dentro había dos anillos de diamante que brillaban con una luz ofensiva.

—Mi madre acaba de enviar los anillos. También confirmó que la ceremonia será en la capilla privada de la villa en Roma, no en la finca —dijo con una voz monótona—. Los vestidos, el traje, los invitados de la alta sociedad... todo está listo. No hay vuelta atrás, Alismeidy. O nos casamos este sábado y firmamos ese papel frente al mundo, o el imperio de mi padre se nos cae encima y tú pierdes cualquier oportunidad de proteger a tu hijo de los abogados de la madre de Elizabeth.

Se me quedaron las palabras atoradas. La miré y, por primera vez, no vi a la jefa, sino a una mujer tan atrapada como yo. Pero el brillo nuevo en sus ojos me asustó; no era odio, era algo parecido a la resignación mezclada con una chispa de ese fuego que se encendió anoche con el té.

—Cuatro días, jefa —susurré—. En cuatro días voy a decir el "sí" más mentiroso de la historia.

—Y en cuatro días —respondió ella, dándose la vuelta para salir—, tu vida y la mía dejarán de pertenecernos para siempre.

Me quedé mirando la invitación de plata. La cuenta regresiva había empezado, y en el barrio, Elizabeth seguía esperando a una Alfa que ya se había perdido en los laberintos del poder italiano.

Y lo peor era que, muy en el fondo, el recuerdo de Alessandra en mis brazos anoche no se sentía como un error... se sentía como el comienzo de un lío mucho más grande del que yo podía manejar.

Continuará.... 🔥

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Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
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