Saena es una madre soltera de 30 años que, en medio del caos, logró salir adelante y convertirse en una médica renombrada, especializada en hematología.
Aunque nunca contó con el apoyo de su familia —nadie la ayudó cuando más lo necesitaba—, Saena siguió luchando por sus sueños, gracias a la ayuda de una desconocida que la apoyó incondicionalmente.
Enrico Villar, de 32 años, es un CEO autoritario y justo, soltero y muy codiciado. Le gusta las fiestas, pero su familia insiste en que encuentre el amor y abandone la vida de soltero.
¿Cómo se cruzarán sus caminos?
¿Nos embarcamos en esta historia?
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Capítulo 8
Todo lo que parecía tranquilo estaba a punto de cambiar el rumbo de esta historia, Helóa se metió en la cabeza que quiere conocer las empresas de los "amigos" que hice en Hudson, como si no bastara el destino muchas veces es traicionero.
De un lado Enrico Villar, un CEO renombrado y exitoso que guarda rencores de su propio hermano, donde
Del otro Miranda Alvarez, una mujer de negocios llena de vida y sueños.
Del otro los padres de Saena.
¿Cómo estas personas distintas van a encontrarse?
Abróchense los cinturones, los ojos y muchos pañuelos, pues la historia será emocionante.
Con los padres de Saena (vuelta en el tiempo)
Siempre fui un hombre rígido, cuando me casé con mi esposa ella era pura y yo también, tuvimos intimidad después del matrimonio esa fue la educación que tuve, no tardó para que Cíntia quedara embarazada y tuvimos a nuestro primer hijo, cuando supe que era un niño respiré aliviado, y cuando ella quedó embarazada nuevamente y nació Saena, me frustré, no quería una hija mujer.
Siempre trabajé, mis padres decían, vigila y no le des mucha libertad, las muchachas deben casarse vírgenes, y así la criamos, pero no tenemos control de los hijos y eso lo aprendí cuando la misma me apareció embarazada y soltera.
No lo soporté, vi mi vida derrumbarse, la mirada de reprobación de mis padres cuando supieron de esta noticia ellos culparon a Cíntia por no saber educar a la niña, nuestro matrimonio entró en crisis, casi fue nuestro fin, y lo que más me dolió fue que mi único hijo se fuera al lado de la traidora.
Sérgio: Pero papá, Saena es una niña.
Padre: Ella va a aprender con los errores.
Sé rígido.
Cíntia: Suegro, eso no está bien.
Padre: No osen darles abrigo, les quito todo.
No supieron educarlos, por eso son rebeldes y creen que pueden hacer todo.
Unos meses después vino una pareja aquí, y mi esposa dijo que Saena estaba muerta, la pareja salió de aquí desconcertada y yo no sabía el motivo, ni siquiera los conocíamos, hicimos lo que mi padre dijo, ignoramos a las personas, pensando que iban a volver.
La última vez que ella vino aquí, ella trajo a una niña linda, sentí mi corazón doler, yo no podía volver ya era tarde y yo la ignoré y le dije que nunca más volviera, que ella estaba muerta, cuando percibí Saena dejó las lágrimas caer abrazó a la niña y se fue, allí yo sabía que había perdido a mi hija y a mi hijo para siempre.
Seguimos un consejo y eso fue la destrucción de una familia, corté lazos y no hablo con mi padre.
Hoy yo pago las consecuencias de mis actos, me arrepiento por haber escuchado a mis padres en la época, y que yo debería haber criado a mis hijos de forma menos rígida, y siempre conversando cerré los ojos e ignoré todo, estamos solos.
Cíntia: ¿Vamos?
Sérgio: No, tengo miedo de descubrir que puedo morir.
Cíntia: No hables así.
El médico ya nos aguarda.
Ellos salen y siguen para un hospital próximo de la casa de ellos, Sérgio estaba muy tenso, luego él fue llamado y ambos entraron juntos.
Médico: ¡Buenos días!
Ambos responden y se sientan.
Médico: Las noticias no son buenas, infelizmente.
Sérgio: ¿Voy a morir?
Cíntia: Deja al médico hablar.
Médico: Sus tasas de glóbulos blancos, están causando una producción excesiva y descontrolada de esas células, eso quiere decir que el señor está con leucemia.
Recientemente llegó una médica hematóloga, la Doctora Jones.
El señor irá a consultar con ella y comenzar a hacer todos los exámenes para comenzar el tratamiento.
Voy a encaminar todo para allá.
Las palabras del médico resuenan en mi cabeza, las lágrimas caen sobre mi rostro que no consigo decir nada, mi esposa sostiene mi mano.
Cíntia: ¿Tiene cura?
Médico: Ella conversará mejor con ustedes.
Sérgio: G.gracias.
Fue la única palabra que salió de mi boca, él pide para aguardar y que luego él vuelve con los papeles y la fecha de la consulta, la pareja queda allí desconcertada con la noticia.
Sérgio: Esto es castigo.
Cíntia: No hables así.
Sérgio: Sí, yo hablo.
¿Mira a dónde llegamos?
¿Dónde están nuestros hijos? Y nuestra n.nieta (habla con la voz embargada por el llanto).
Erramos Cíntia, no debíamos haber hecho aquello, nos dejamos llevar por la rabia y rencores, mi familia no ayudó mucho, no los culpo porque el culpable fui yo.
Cíntia: ¿Crees que fue fácil hacer aquello? Mi consciencia está pesada, recuerdo que yo dije que ella había muerto, y cuando tuvimos la oportunidad de arreglar las cosas, fuimos crueles, nunca voy a perdonar a tus padres, no anulo mi culpa maa ellos tuvieron sí una parcela de culpa por la destrucción de nuestra familia.
Lo que ellos decían es que Sávio iba a volver, y que Saena iba a aprender con los errores, que teníamos que ser duros y darles el hielo, les dimos la espalda.
Hoy yo no sé nada sobre ellos, el dolor y la culpa me consumen, yo intento soportar.
Ellos lloran, el camino de ellos de hoy en adelante no será el mismo y ni fácil.
Cíntia: ¿Te perdonaste?
Sérgio: No, el peso está en mi corazón y a cada día yo muero un poco.
Cíntia: Yo tampoco.
Pero necesitamos intentar.
Si un día tuviéramos la oportunidad de verla y pedir perdón, yo lo haré sin pensar dos veces.
El médico vuelve con los documentos y el nombre del hospital y el horario, ahora ambos van a librar una lucha contra esa enfermedad, y la enfermedad mayor es la del alma, de la consciencia.
¿Cómo lidiar con los fantasmas del pasado?
Una historia mal resuelta.
Una vida en la mano de otra persona.
¿Cómo será ver a la persona que tanto lastimó bien en su frente?
¿Aún hay perdón?
Pero ¿cuál es el precio?
El perdón no cambia el pasado, pero transforma el futuro, liberando a la persona del aprisionamiento del rencor y de la rabia.
Reconocer las propias fallas es fundamental.
Para perdonar, es preciso antes reconocerse como falible y necesitado de misericordia, pues el orgullo impide la apertura para el perdón.
La rabia te hace menor, mientras no consigas perdonarte y vivir en el orgullo las corrientes nunca serán quebradas.
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¿Preparadas?