Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Noche loca (3/3)
Las palabras de aquel sujeto hasta ahora desconocido, le hicieron enojar un poco.
Lo que llegó después fue aún peor.
—Eres la mujer perfecta para ser mi esposa, o quizás mi amante— dice él y Alexandra se alejó del sujeto y le dio una bofetada que le hizo girar la cara de un lado.
Eso no enojó al hombre, sino que se le fue encima a la valiente Caperucita roja y le plantó un beso en los labios que la hizo delirar.
Acto seguido, sin romper el beso la llevó a un sofá de la habitación, le levanta hermoso vestido y la comenzó a tocar, en el acto sintió algunas armas y pociones que ella tenía debajo del vestido y las lanzó a un lado sin romperlas.
Parece ser que aquella Caperucita roja no es una presa fácil. Es una belleza peligrosa.
Alexandra en vez de enojarse por el atrevimiento del sujeto, con unas de sus manos tocó el prominente bulto del hombre y lo apretó con sutileza.
Eso hizo que el sujeto lanzara un gemido de placer, aquella atrevida Caperucita, se estaba metiendo en terreno peligroso.
La Caperucita no estaba en quedarse con las ganas que ese sujeto le estaba provocando, sino que llevó al sujeto al límite. De todos modos no tienes planes de conseguir un marido.
El hombre estaba desesperado y sus besos subieron de intensidad.
Sus manos ya estaban recorriendo terrenos prohibidos, y pensaba detenerse, pero la dama en cuestión no cooperaba en lo absoluto, y su lobo sin querer había liberado algunas feromonas.
Cómo hombre de bien que es, trató de negociar su rendición, no quiere faltarle el respeto a aquella delicada y peligrosa mujer, no es ese tipo de persona.
—Hermosa, no quiero faltarte el respeto, dejemos esto hasta aquí— trato de negociar el sujeto, pero, la dama no quería ceder.
—De ninguna manera, ya hemos llegado hasta aquí, y no voy a retroceder, después de hoy, cada quien seguirá su vida— dice ella un poco agitada.
Cómo no había un acuerdo entre ellos el sujeto con un movimiento de manos se transporta hasta la habitación que tiene el palacio, y fue directo a la cama.
Allí dio rienda suelta a la pasión de su corazón y la cosa se puso en realidad caliente.
La habitación estaba llena de sonidos lujuriosos, de dos personas que se entregaban a sus deseos prohibidos.
Sus mentes no pensaban en nada más que satisfacer sus deseos primitivos. Ambos ponían de su parte para hacer agradable el momento.
Mientras estos dos estaban en lo suyo.
En la fiesta de Alexandra las dos personas de confianza del hombre misterioso tenían orden de cubrir la ausencia de los dos.
Ambos con ayuda de un hechizo de transformación, se habían preparado para cubrir la ausencia de los dos escurridizos amantes.
El nombre de confianza de aquel hombre, quien lleva por nombre Octavio, estaba con una sonrisa maliciosa en los labios.
De manera curiosa había entrado al lugar y olió el olor a feromonas del alfa, porque sí, ese hombre misterioso era Rowan Nabil emperador alfa del imperio de Nabil.
Su compañera con una mirada le pidió discreción con el asunto, puesto que, no se sabe si el tío de Rowan tenga algún aliado entre los presentes.
Por lo que tras poner nuevamente todo en orden en la habitación, los dos retiraron la barrera que realizó Alexandra y se fueron a cubrir a los dos que faltaban en la fiesta.
No fue hasta después de la tres de la mañana cuando el alfa avisó a sus dos personas de confianza para que entraran a la habitación del desastre, allí estaba Alexandra dormida y agitada.
Aquel sujeto le había hecho gritar no se sabe cuántas veces. Su garganta estaba totalmente afectada.
La pobre se desmayó luego del sexto clímax y se quedó dormida.
Aquel sujeto sintió pena por ella y después que ella se durmió, la limpió y le colocó su vestido, el cual por fortuna no lo había roto, eso fue lo único sensato que hicieron esa noche.
Los tres mediante el enlace mental se pusieron a dialogar fuera de la puerta para darle privacidad a Alexandra mientras duerme.
—Alfa, la joven parece una muerta, ¿no me digas que la mataste? apesta a chucho— dice Octavio y el alfa lo mira mal.
Él no dice nada, y solo le pide a los dos cuidar de la puerta, hasta que todos los invitados se vayan de la fiesta.
Luego se fue de ahí como si nada.
La fiesta terminó casi al salir el sol, y los invitados se fueron todos felices, y pasados de copas, algunos de esos habían logrado hacer negocios con el marqués y el emperador.
La familia Zalazar nunca interactuó con otros invitados y se fueron para su lugar de vivienda.
Las dos serpientes estaban enojadas, Alexandra no sufrió ningún daño y estaba como si nada en la fiesta.
Parece que esos hombres no hicieron bien su trabajo, y solo tomaron el dinero y se largaron.
Sin saber que esos dos estaban en el mundo de los muertos.
Por su parte, Alexandra al descansar suficiente despertó con la claridad del día y al hacerlo se levanta desde dónde está y al hacerlo casi cae al suelo, tiene un terrible dolor entre sus partes íntimas.
—Por la barba de Santa Claus, me destrozó ese animal— grita ella para luego poco a poco empezar a caminar.
Ella se apresuró a entrar en su habitación, y por fortuna ningún empleo la había visto.
Al estar en la comodidad de su habitación, se lanzó a la cama y se durmió otra vez.
Su cuerpo estaba cansado, cada músculo le exigía descanso.
Pero no durmió mucho, ya que las tripas se le movieron y le dio una hambre feroz.
Como si Eloisa supiera sobre su hambre, entró a su habitación sosteniendo un desayuno delicioso, para qué le levanté el ánimo a su hija, puesto que, la vio tomando algunas copas y supone que ha de tener resaca.
Sin saber que quien tomaba era otra persona y no su hija.
—Buen día florecita, es hora de levantarte de esa cama, no vaya a hacer que se te peguen las sábanas en el cuerpo — grita Eloisa a todo pulmón.
Alexandra como pudo se incorporó en la cama con pereza, aún sentía un poco de incomodidad en su parte íntima, su magia aún no había eliminado del todo el dolor. Tenía un dolor en el hombro derecho, como si le hubieran clavado un perro el colmillo algunas veces.
Su madre dejó el desayuno en la mesa de la habitación y fue a abrir las cortinas.
Cuándo entró la luz a la habitación Alexandra arruga el entrecejo con un poco de incomodidad, su madre lo noto y se burló de ella.
—Supuse que tenías resaca, te vi tomar algunas copas y te traje algo de comer para que la resaca no te afecte tanto, al final de cuenta, era tu primera vez— dice ella entre risas y Alexandra se sonroja.
Lo último era una verdad que debe de ocultarse, si se sabe que anoche le dieron como puerta que no cierra, la cosa estaría complicada.
*
*Nos vemos pronto
Feliz inicio de semana, felices reyes
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.