NovelToon NovelToon
El Honor De La Villana

El Honor De La Villana

Status: En proceso
Genre:Villana / Poli amor / Brujas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Callenta001

En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.

Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.

Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.

Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.

Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.

Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.

Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.

Esta vez no cometerá los mismos errores.

NovelToon tiene autorización de Callenta001 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 | Lo que no debería existir

El té transcurrió con una normalidad que no era real.

Las tazas se movían con precisión, la conversación fluía entre mi padre y yo. Él hablaba con calma, Kael respondía cuando era necesario, y yo… observaba.

Siempre observaba, pero esta vez, todo se sentía ligeramente desplazado. Como si algo invisible hubiera cambiado de lugar.

Kael estaba más atento de lo habitual. No en un sentido evidente, sino en pequeños detalles: cómo seguía cada movimiento a mi alrededor, cómo su mirada se detenía un segundo más cuando alguien se acercaba demasiado, cómo no se relajaba del todo ni siquiera en silencio.

Lo había notado. No todo, pero lo suficiente. Mi padre, en cambio, no dijo nada y eso era más significativo, porque él nunca dejaba de notar.

Apoyé la taza con cuidado, sin hacer ruido.

—¿Te sucede algo? —preguntó mi padre de pronto, mirándome directamente.

Negué con la cabeza.

—No —respondí con calma.

No insistió más, pero tampoco apartó la mirada de inmediato y eso bastó para confirmármelo. Tenía que ser más cuidadosa.

Cuando el encuentro terminó, no me quedé. No tenía razón para hacerlo, ni intención tampoco.

Caminé por los pasillos del palacio sin un destino fijo, dejando que el silencio reemplazara el murmullo constante que parecía acompañar cada rincón de ese lugar. A esa hora, la mayoría seguía ocupada con actividades, sobre todo ahora con el cumpleaños del rey, lo que hacía que todo se sintiera más… vacío y más adecuado.

Mis pasos se detuvieron frente a una ventana alta. Afuera, el jardín seguía cubierto de nieve, intacto en algunas zonas y marcado en otras. El contraste era claro, como todo últimamente.

Apoyé la mano en el vidrio. Estaba frío, pero no tanto como la sensación que recordaba.

Cerré los ojos un instante.

El baile, el momento exacto en que algo había cambiado. No había sido imaginación y ahora ya no podía ignorarlo.

—No deberías estar sola.

La voz me hizo abrir los ojos, no me sorprendí. No del todo al menos.

Eiden estaba apoyado contra una de las columnas, a unos pasos de distancia. No parecía fuera de lugar ni mucho menos parecía incómodo. Era como si siempre hubiera estado ahí.

—No lo estoy —respondí.

Su mirada se sostuvo en la mía, evaluando la respuesta.

—Depende de cómo lo mires.

No contesté de inmediato, porque no estaba equivocado.

—Viniste a confirmar algo —dije finalmente.

No era una pregunta y él lo sabía. Eiden se separó de la columna, acercándose lo justo.

—Sí —dijo directo y sin rodeos—. Ayer lo sentiste antes que nadie.

—No antes —corregí—. Lo sentí diferente.

Sus ojos se afinaron apenas.

—Explícate.

Lo observé un segundo. Midiendo y calculando mis posibilidades.

—No fue solo una sensación —dije—. Fue… reconocimiento.

Eiden no respondió, pero su atención cambió. Se volvió más intensa.

—Eso implica experiencia —dijo suspicaz.

—Implica repetición —aclaré.

El aire entre nosotros se volvió más denso.

—Eso no es posible —murmuró, más para sí mismo que para mí.

—Muchas cosas no lo son —respondí—. Y aun así ocurren.

Se formó el silencio, más largo esta vez y más cargado.

—Has visto algo —dijo finalmente.

No preguntó… afirmó. Lo miré sin cambiar la expresión.

—Cosas que no deberían existir.

Por primera vez desde que había llegado, Eiden no tuvo una respuesta inmediata. El silencio no fue incómodo, fue necesario.

Eiden me observaba como si intentara reorganizar todo lo que creía saber, como si cada palabra que había dicho no encajara del todo en el mundo que conocía.

Lo entendía, yo había pasado por lo mismo. Pero al haber viajado en el tiempo, ya no había casi nada que pudiera sorprenderme.

—Eso no es algo que se diga a la ligera —dijo finalmente.

—No lo es.

—Entonces, ¿por qué decírmelo?

Buena pregunta.

No respondí de inmediato, porque la respuesta real no era algo que pudiera decir en voz alta.

La respuesta requería que yo confiara en él, pero sobre todo, se mostraba mi interés, notaría que lo hacía por conveniencia propia. Por su familia… por su padre concretamente. Ellos tenían el conocimiento que necesitaba.

—Porque tú también lo sentiste —dije, en cambio—. Y no lo ignoraste.

Eiden sostuvo mi mirada un segundo más, evaluando.

—No fue normal —admitió.

—No —coincidí—. No lo fue.

Un leve cambio en el aire interrumpió el momento. No fue un sonido, no fue un movimiento visible. Fue… otra vez esa sensación fría e incorrecta, pero esta vez era más clara.

Ambos lo notamos, lo supe sin necesidad de mirarlo.

Mi atención se desvió lentamente hacia una mesa cercana, junto a la ventana. Sobre ella había varios objetos decorativos: una bandeja de plata, una pequeña figura tallada, un reloj antiguo.

Nada fuera de lugar a simple vista. Di un paso y luego otro, la sensación aumentó.

—¿Lo sientes? —preguntó Eiden en voz baja.

—Sí.

Me detuve frente a la mesa, mis ojos se fijaron en el reloj. Era pequeño, discreto, perfectamente integrado al resto de la decoración. Pero algo en él… no encajaba.

Extendí la mano, sin tocarlo aún. El frío se intensificó, no en la piel, fue… más profundo. Como si algo dentro reaccionara.

—No lo hagas —dijo Eiden.

Demasiado tarde. Mis dedos rozaron el metal y en ese instante todo cambió.

No fue una visión clara, no fue una imagen definida fue… una sensación. Algo antiguo, pesado e incorrecto.

Un susurro sin sonido, un eco que no debería existir.

Retiré la mano de inmediato y el aire volvió a la normalidad, el frío desapareció. Pero la certeza… no.

—Eso… —Eiden dio un paso más cerca— no es normal.

Negué levemente.

—No.

Mis ojos volvieron al reloj. Ahora parecía completamente inofensivo, como si nada hubiera pasado, pero sabía la verdad.

—No es el objeto —dijo Eiden, frunciendo apenas el ceño—. Es algo que lo tocó… o lo marcó.

Lo miré, eso era interesante, muy interesante.

—Tu familia estudia estas cosas, ¿no? —pregunté.

No fue casual, no fue inocente y Eiden lo notó. Por supuesto que lo notó.

—Algunas —respondió con cuidado—. No todas.

—Es suficiente.

El silencio que siguió fue de evaluación y decisión.

—Si lo que dices es cierto —continuó—, entonces esto no empezó aquí.

—No.

—Y tampoco va a terminar aquí.

—No —volví a negar.

Otra pausa se hizo, pero esta vez fue más corta y más clara.

—Necesito hablar con mi hermano —dijo finalmente.

—Hazlo.

Eiden dudó un segundo.

—Y con mi padre.

No reaccioné, pero internamente… eso era exactamente lo que quería.

—Cuando sea el momento —añadió.

Asentí apenas.

—Lo será.

Nos quedamos en silencio unos segundos más, ambos mirando el reloj como si ahora fuera algo completamente distinto.

Porque lo era, ya no era una sospecha, no era solo intuición, ni tampoco era imaginación. Era real y eso… eso lo cambiaba todo.

Me giré finalmente, lista para irme.

—Anya.

Me detuve, pero no volteé.

—Ten cuidado —dijo Eiden.

No sonaba como advertencia, sonaba como certeza.

—Siempre lo tengo —respondí.

Y seguí caminando, porque ahora ya no había duda. Esto no era algo que pudiera ignorar, ni era algo que pudiera evitar.

Era algo que tenía que entender, antes de que fuera demasiado tarde.

1
Quica Romero
Èso dicen todas y a la mera hora, ¡zaz! ahí van de nuevo.😒🫩🤷‍♀️🙎‍♀️
KATHERINE GUILARTE
ame
anais angie paola molina chacon
Me tienes intrigada con tus capítulos!
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?
anais angie paola molina chacon
Disculpa tenía que volver a repetirse el capítulo pero este es de forma distinta al anterior,tienen similitudes pero también cosas que cambiaron
Dannita
¿Quien es esa persona que la observa? y por que sabe tanto
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play