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"El Despertar De La Heredera De Plata"

"El Despertar De La Heredera De Plata"

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna)
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Despertar en época moderna

"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía

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Capítulo 17: La Bandeja de la Traición

El salón principal de la mansión parecía haber perdido el calor de la celebración del día anterior. La luz de las lámparas de éter parpadeaba con una cadencia errática, casi como si el edificio mismo estuviera sintiendo la presión de la tragedia que se cernía sobre los Casas.

​La señora Zabaleta, una mujer cuya postura era tan rígida como un resorte de acero, mantenía las manos cruzadas sobre el regazo. La bandeja roja, cubierta de seda, descansaba entre ellas. No era un regalo; era un instrumento de ejecución social.

​—Lorena —comenzó la mujer, con una voz que pretendía sonar compasiva, pero que solo destilaba frialdad—. Como sabes, nuestra alianza con los Casas y los Vila ha sido un pilar de estabilidad en la Capital. Pero los informes de esta mañana... los registros de la Guardia Imperial en la residencia de tu hermano... son devastadores.

​Lorena mantuvo su expresión impasible, aunque sus dedos se cerraron sobre la mantita que envolvía a Aurora.

​—Los informes son solo acusaciones, señora Zabaleta. Mi hermano está siendo investigado, no condenado.

​La señora Zabaleta levantó una ceja, deslizando la bandeja roja por la mesa de caoba.

—El Gremio no permite "investigaciones" de tal calibre a menos que haya pruebas irrefutables de sabotaje. Mi familia no puede permitirse estar vinculada a una casa que, presuntamente, ha manipulado sellos de seguridad imperiales. Por eso... —hizo una pausa, arrastrando las palabras— hemos decidido activar la cláusula de ruptura del Contrato de Calibración.

​«Ahí está», pensó Lorena, con un vacío helado en el estómago. «No es solo el compromiso de Teodoro. Buscan las patentes de la familia Casas».

​El contrato de Teodoro, su hijo mayor, no era una simple unión amorosa. Incluía el traspaso de derechos sobre las tecnologías de minería de éter que su hermano había desarrollado. Si rompían el contrato ahora, bajo la excusa de la "traición", la familia Zabaleta reclamaría esas patentes como "daños y perjuicios".

​«¡Qué descaro, madre!», la voz de Aurora resonó en su mente, clara y llena de un desprecio impropio de su edad. «Están aquí porque saben que Marco ha bloqueado las cuentas de los Casas. Creen que no tenemos recursos para defender los derechos de propiedad en los tribunales del Gremio».

​Lorena miró a la señora Zabaleta. De repente, la "astucia" de la mujer se volvió clara. Ella no era una visitante preocupada; era una buitre carroñera.

​—El contrato fue firmado con el aval de mi hermano —dijo Lorena, manteniendo una calma sobrenatural—. La anulación requiere una auditoría oficial de la Junta de Patentes. Si rompen el vínculo ahora, sin la firma de mi hermano, estarán violando el estatuto de propiedad privada. ¿Están seguras de que quieren exponer sus propios libros contables ante una auditoría del Gremio?

​La señora Zabaleta palideció ligeramente.

—No seas difícil, Lorena. Es por el bien de tu propio hijo. Teodoro no está en condiciones de dirigir un patrimonio, y menos ahora que su linaje está bajo sospecha. Estamos haciendo esto para proteger a ambas familias.

​—¿Proteger? —Lorena se puso en pie, acercándose a la bandeja roja. No la abrió—. ¿O quizás buscan las patentes de la mina del Norte antes de que el Gremio decida qué hacer con los activos de los Casas?

​La tensión en la sala se volvió eléctrica. Aurora, que hasta ese momento había permanecido en silencio, comenzó a patalear en los brazos de su madre, emitiendo un sonido agudo, casi como una frecuencia de interferencia.

​«Madre, mira el sello de la bandeja», susurró Aurora. «Tiene una huella de cera con el emblema de la familia Vila, no de los Zabaleta. ¡Marco! Él les dio la orden de venir aquí. Él les prometió las patentes a cambio de que ellos apoyen su ascenso en el Consejo de Administración».

​Lorena sintió un mareo momentáneo. «Marco ha vendido a nuestro hijo. Ha vendido el futuro de Teodoro a los Zabaleta para ganar su favor político».

​—Señora Zabaleta —dijo Lorena, levantando la voz, lo suficiente para que los sirvientes en el pasillo pudieran escuchar—, le agradezco su visita. Pero rechazo la anulación. Si su familia desea romper el compromiso, que lo hagan a través de los canales legales. Pero le advierto: si tocan una sola de las patentes de los Casas, haré pública la correspondencia que tengo guardada sobre los "pagos" realizados por el Barón Kaelen a su esposo para facilitar esta transacción.

​La señora Zabaleta se levantó de golpe, con los ojos inyectados en sangre.

—¡Eso es una difamación! ¡No tienes pruebas!

​—Pruebas no. Pero tengo la tecnología para demostrar la autenticidad de los sellos —respondió Lorena, acariciando el colgante de jade que el Príncipe le había regalado a Aurora. Sabía que, si ese colgante funcionaba como Hugo decía, estaba grabando cada palabra que se decía en la sala—. ¿Quiere que el Príncipe Heredero sea el primer juez en revisar esta "negociación"?

​La mujer Zabaleta retrocedió, su máscara de superioridad rompiéndose. Había llegado como una conquistadora y se retiraba con miedo, consciente de que Lorena ya no era la mujer sumisa que aceptaba el destino de su familia con resignación.

​Cuando la mujer salió de la mansión, Lorena se dejó caer en su silla. Había ganado una batalla, pero la guerra apenas comenzaba. Marco no solo la estaba traicionando; estaba liquidando el patrimonio de sus hijos para salvar su propia piel.

​—Tea —susurró Lorena, con la mirada perdida en el vacío—. Quiero que busques a alguien en el mercado negro del Gremio. Alguien que no responda ante Marco. Vamos a recuperar el control de esas patentes. Si él quiere jugar a la política, le enseñaremos cómo funciona la verdadera industria.

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