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Amarte No Estaba En Mi Venganza

Amarte No Estaba En Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Amarte no estaba en mi venganza.
Eliana Morel murió traicionada por el hombre que amaba y abandonada por la familia que juró protegerla. Hasta su último aliento creyó que su desgracia había sido solo mala suerte… sin saber que todo había sido cuidadosamente planeado.
Cuando despierta en el pasado, con los recuerdos intactos y el corazón sellado, Eliana entiende que la vida le ha concedido una segunda oportunidad. No para amar. No para perdonar.
Sino para vengarse.
Fría, inteligente y decidida, comienza a mover las piezas con precisión, dejando que quienes la destruyeron caigan por su propio peso. Pero su plan perfecto se tambalea con la aparición de Adrien Valtier, un hombre que no pertenece a su pasado y que parece ver más allá de su máscara de hielo.
Mientras la venganza avanza y los secretos salen a la luz, Eliana deberá enfrentar la única batalla que no había previsto:
la de un corazón que juró no volver a sentir.
Porque en esta segunda vida, amar…
no estaba en su venganza.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cara a cara con lo inevitable

La noche estaba demasiado quieta.

Era el tipo de silencio que precede a las tormentas: pesado, expectante, como si la ciudad entera contuviera la respiración. Ella caminaba sola, alejándose del refugio sin mirar atrás. Cada paso era una ruptura silenciosa con todo lo que había creído seguro. El medallón colgaba pesado sobre su pecho, inusualmente frío, como si también estuviera esperando el siguiente movimiento.

No sabía a dónde iba.

Solo sabía que no podía quedarse.

El aire nocturno le raspaba los pulmones. Sentía el cuerpo agotado, los músculos tensos, la mente saturada de verdades a medias y decisiones que aún no había tomado. Apenas había avanzado unas cuantas cuadras cuando el dolor llegó.

No fue un golpe repentino.

Fue una invasión lenta y profunda.

Cayó de rodillas en medio de la acera desierta, con un jadeo ahogado. El medallón ardió con violencia, esta vez desde dentro hacia afuera. Un fuego oscuro se expandió por sus venas, arqueándole la espalda mientras un grito escapaba de su garganta.

—Así que este es el precio… —susurró entre dientes, clavando las uñas en el pavimento.

La advertencia de Elian regresó con crudeza: el poder siempre cobra.

Cerró los ojos, respirando con dificultad, luchando por mantenerse consciente. Entonces lo sintió.

No como una amenaza.

No como un simple recuerdo.

Como una presencia.

—Levántate.

Abrió los ojos de golpe.

Él estaba allí.

No como sombra. No como voz en su mente. Real. De pie frente a ella, bajo la luz tenue y parpadeante de una farola rota. Era él… y al mismo tiempo no lo era.

Sus rasgos seguían siendo los mismos que había amado una vez: la línea de la mandíbula, la forma de sus ojos, esa boca que había besado tantas veces. Pero había algo distinto en su mirada: una profundidad oscura, infinita, como si hubiera visto abismos que ningún humano debería contemplar.

—No te acerques —dijo ella, intentando ponerse de pie con las piernas temblorosas.

Él no se movió.

—Sigues ordenándome cosas —respondió con una leve sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Eso no ha cambiado.

El corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas.

—Tú… tú no deberías poder estar aquí —susurró.

—Y aun así, aquí estoy —dijo él con calma—. Porque me llamaste.

—Yo no te llamé.

—Lo hiciste —respondió, dando un paso lento hacia ella—. Cuando decidiste no huir. Cuando aceptaste lo que eres ahora.

Ella negó con la cabeza, retrocediendo hasta que su espalda chocó contra una pared fría.

—No te acepto así.

Él inclinó ligeramente la cabeza, observándola con esa nueva intensidad que la desestabilizaba.

—No vine a que me aceptes —dijo—. Vine a advertirte.

El dolor volvió a recorrerle el cuerpo en oleadas. Se apoyó contra la pared, respirando con dificultad.

—¿Advertirme de qué? —preguntó.

Él la miró con algo que parecía casi tristeza.

—De ellos —respondió—. De los que dicen protegerte mientras te esconden la verdad.

—Ya lo sé —dijo ella, con la voz ronca—. Ya vi la traición de Iria.

—No toda.

Sus palabras le helaron la sangre.

—¿Qué más no sé?

Él levantó la mano, dudando un instante antes de bajarla sin tocarla.

—Que no soy el único que cruzó.

El mundo pareció detenerse por completo.

—¿Qué significa eso? —susurró ella.

—Significa que hay otros como yo —dijo él—. Algunos peores. Algunos mucho más antiguos. Y todos te sienten. Todos te buscan.

El medallón comenzó a vibrar con fuerza contra su pecho.

—Porque tú eres el eje —continuó—. Sin ti, no pueden mantenerse aquí. Sin mí… no pueden encontrarte tan fácilmente.

Ella lo miró, horrorizada.

—Entonces todo esto… —dijo, con la voz quebrada—. ¿La explosión, el despertar, el vínculo…?

—Fue el inicio —confirmó él—. El primer movimiento de una partida mucho más grande.

Se acercó un poco más, lo suficiente para que ella sintiera su presencia como un eco doloroso en el pecho.

—Y ahora hay bandos formándose —añadió—. Algunos quieren usarte como arma. Otros quieren destruirte antes de que despiertes del todo. Y unos pocos… quieren reclamarte como suya.

—¿Y tú? —preguntó ella, con la voz temblorosa—. ¿Qué quieres tú?

Él la miró largamente, en silencio.

—Quiero que sobrevivas —dijo al fin—. Incluso si eso significa que termines odiándome.

Las lágrimas le nublaron la vista.

—No tienes derecho a decidir eso por mí.

—Lo sé —respondió él con suavidad—. Por eso esta vez no me quedaré.

Retrocedió un paso, y la oscuridad pareció abrazarlo.

—Cuando vuelva —continuó—, no será para salvarte… sino para enfrentar lo que decidas ser.

El medallón ardió con un pulso final, casi doloroso.

—Y cuando eso ocurra —añadió—, ya no estaré de tu lado por amor.

El aire se quebró como cristal.

Y él desapareció.

Ella cayó al suelo, exhausta, con el cuerpo temblando y el corazón desbocado. Permaneció allí largo rato, intentando procesar cómo algo podía doler tanto y, al mismo tiempo, darle una claridad brutal.

Se incorporó lentamente, apoyándose en la pared.

Miró sus manos. Sentía el poder latiendo bajo su piel. Sentía el vínculo. Pero por primera vez… también sentía voluntad propia.

—No voy a ser tu ancla —susurró hacia la noche vacía—. Ni la de nadie.

El medallón se calmó, casi como si la escuchara.

Ella comenzó a caminar de nuevo, con paso más firme.

Porque ahora sabía la verdad completa:

La guerra no era por el mundo…

era por ella.

Y esta vez,

no pensaba pertenecer a ningún bando.

1
Claudia Kassar
Necesito las razones del porque esta pasando todo esto
Alondra BMY
me encanta esa trama
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