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LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:966
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En este juego de espejos, nadie es quien dice ser y la moneda está a punto de caer del lado de la justicia... o del caos.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 18

El edificio de la corporación De la Vega se alzaba contra el cielo gris como un monumento al ego de un muerto. Al cruzar el vestíbulo, el silencio era tan denso que podía cortarse con un bisturí. Los empleados, aquellos que aún no habían huido ante la noticia de la quiebra inminente, bajaban la mirada al verme pasar. Ya no era la inversora misteriosa; era la mujer que había provocado el infarto del patriarca y que ahora sostenía las escrituras de sus vidas en su maletín de cuero italiano.

Subí al piso 42, el santuario de Arturo. La oficina olía a tabaco caro y a ese aroma metálico que deja el aire acondicionado cuando funciona a máxima potencia. Me senté tras su escritorio de caoba. Era una sensación extraña: el cuero de la silla aún conservaba la forma de su cuerpo, un fantasma térmico que intentaba reclamar su territorio. Pero yo no estaba allí para recordar; estaba allí para desmantelar.

La junta directiva me esperaba en la sala adyacente. Doce hombres que habían servido a Arturo durante décadas, cómplices silenciosos de cada cimiento de arena y cada soborno bajo la mesa. Al entrar, el aire se cargó de una hostilidad eléctrica.

—Srta. Valerius, esto es un atropello —dijo Garrido, el director financiero, un hombre cuya lealtad a Arturo era tan legendaria como su falta de ética—. La familia está de luto. Arturo no lleva ni doce horas en la morgue y usted pretende ejecutar una toma de posesión hostil.

—No es una pretensión, Garrido. Es un hecho consumado —respondí, dejando caer el dossier legal sobre la mesa de cristal—. El fondo Valerius controla el 51% de las acciones con derecho a voto tras la ejecución de las garantías por impago. Si quieren hablar de luto, háganlo en sus casas. Aquí vamos a hablar de cómo voy a evitar que todos ustedes terminen en la misma celda que Isabella.

El nombre de mi hermana hizo que varios de ellos palidecieran. Sabían que si la fiscalía tiraba del hilo del accidente de Lucía Torres, las irregularidades de la Torre Norte serían solo el principio.

—¿Qué es lo que quiere? —preguntó otro de los directivos, cuya voz temblaba ligeramente.

—Quiero la llave de la caja de seguridad privada de Arturo. La que no figura en los registros oficiales del banco. La que guardaba en el sótano de este mismo edificio.

Garrido intentó protestar, pero le sostuve la mirada con esa frialdad que solo cinco años de aislamiento pueden forjar. Sabía que Arturo guardaba algo más que dinero. Un hombre como él no sobrevive cuarenta años en la cima solo con cemento barato; sobrevive con información. Y yo necesitaba esa información para asegurar que nadie, absolutamente nadie, pudiera disputar mi ascenso.

Media hora después, bajaba al nivel -4 del edificio, acompañada únicamente por el jefe de seguridad, un hombre al que ya había comprado con una promesa de amnistía cuando empezaran las detenciones. El sótano era un búnker de hormigón, frío y desprovisto de la elegancia del resto de la torre.

Frente a mí, una puerta de acero reforzado. La llave que Garrido me entregó a regañadientes giró con un chasquido seco. Al entrar, la luz halógena parpadeó, revelando una habitación pequeña llena de archivadores y una caja fuerte de pie. No había oro, ni fajos de billetes. Solo papel. El verdadero tesoro de los tiranos.

Pasé horas revisando documentos. Contratos firmados en la oscuridad, fotos de políticos en situaciones comprometidas, registros de pagos a jueces... Arturo tenía a media ciudad por la garganta. Pero en el último cajón, encontré una carpeta de color azul oscuro con un sello que me heló la sangre: "Proyecto Fénix - 2020".

Era el año del accidente. El año de mi juicio.

Al abrirla, encontré algo que ni siquiera mi sed de venganza me había permitido imaginar. Había una serie de informes periciales originales del coche que Isabella conducía. Informes que nunca llegaron al juicio. El coche no solo iba a exceso de velocidad; tenía un fallo mecánico en los frenos que la propia constructora De la Vega conocía meses antes. Arturo sabía que el vehículo de su hija era una trampa mortal y no hizo nada por arreglarlo para no admitir el fallo de diseño en la flota de su empresa.

Pero lo peor estaba al final. Una nota escrita a mano por Arturo, fechada el día de mi sentencia: "Marina es el sacrificio necesario. Si Isabella cae, cae el holding. El error de los frenos debe morir con la condena de la menor. La paz tiene un precio".

Sentí una náusea violenta. No solo me habían usado como chivo expiatorio; me habían planificado como una pieza de desecho industrial. Arturo no me entregó por debilidad o por amor a Isabella. Me entregó porque yo era el activo más barato de sacrificar para salvar su balance de resultados.

La metamorfosis del dolor en poder

Cerré la carpeta con las manos temblorosas. El odio que sentía hasta entonces me pareció, de repente, una llama pequeña comparada con el incendio que ardía ahora en mi pecho. Había pasado cinco años creyendo que mi padre me había abandonado por una preferencia ciega hacia mi hermana. La realidad era mucho más cínica: me había liquidado como a una filial en quiebra.

—¿Srta. Valerius? ¿Está bien? —la voz del jefe de seguridad resonó en el búnker.

Me puse de pie, alisando mi traje negro. Elena Valerius no sentía dolor. Elena Valerius solo veía oportunidades.

—Estoy perfectamente —respondí, guardando la carpeta azul en mi maletín—. Avise a la prensa. Quiero una rueda de prensa en el vestíbulo principal en una hora.

—¿Sobre qué, señora?

—Sobre la justicia. Esa que Arturo De la Vega creía que podía archivar en un sótano.

El anuncio al mundo

El vestíbulo estaba abarrotado. Las cámaras de televisión brillaban como ojos de insecto bajo las luces led. Subí al pequeño estrado, la carpeta azul bajo el brazo. Vi a Beatriz entre la multitud, oculta tras unas gafas oscuras, intentando mantener una dignidad que ya no le pertenecía.

—Ciudadanos, empleados y accionistas —comencé, mi voz proyectándose con una autoridad que hizo callar hasta al fotógrafo más ruidoso—. Hoy he tomado posesión formal de De la Vega Constructions. Y mi primer acto como presidenta no será anunciar dividendos, sino entregar a la fiscalía las pruebas de un crimen que ha durado cinco años.

Saqué los informes de los frenos. Los flashes estallaron.

—Arturo De la Vega no solo permitió que una joven muriera en la carretera. Permitió que su propia hija, Marina De la Vega, fuera condenada injustamente para ocultar un fallo de fabricación que habría arruinado su empresa. Hoy, entrego estas pruebas para que se limpie el nombre de Marina y para que los verdaderos responsables, vivos o muertos, rindan cuentas ante la historia.

El estruendo mediático fue instantáneo. Gritos, preguntas, el caos total. Pero mi mirada estaba fija en Beatriz. Ella lo sabía. Al ver la carpeta azul, su rostro se desmoronó. Ella siempre lo supo. Sabía que su hija pequeña era inocente y dejó que se pudriera en una celda para no perder sus diamantes.

Esa noche, regresé al ático. Julián me esperaba con una botella de vino y una expresión de asombro.

—Lo has hecho —dijo él—. Has limpiado tu nombre. El fiscal ya ha emitido un comunicado diciendo que se revisará tu condena con carácter de urgencia. Eres libre, Marina. Realmente libre.

Me acerqué a la ventana, mirando las luces de la ciudad. El nombre de Marina De la Vega volvía a la luz, pero ella ya no vivía en mi cuerpo.

—Marina es libre, Julián. Pero Elena Valerius es la que tiene que gobernar este desastre. La limpieza apenas empieza. Arturo tenía secretos sobre media ciudad. Si quiero sobrevivir a estos 40 capítulos de nuestra historia, no puedo limitarme a ser una víctima resarcida. Tengo que ser la mujer que controle esos secretos.

Julián me miró con una mezcla de admiración y temor. Sabía que la mujer que salió de la cárcel ya no existía, y que la que estaba frente a él era algo nuevo, algo forjado en el crisol de la traición absoluta.

—¿Qué vas a hacer con la carpeta de los secretos de Arturo? —preguntó.

—Lo que él no tuvo el valor de hacer —respondí, mirando el resplandor de la torre corporativa—. Usarlos para construir un mundo donde nadie vuelva a ser sacrificado por un error de cálculo. Pero primero... —hice una pausa, una sonrisa gélida apareciendo en mis labios— ...tengo que visitar a Isabella en la cárcel. Quiero ser la primera en enseñarle los nuevos informes periciales. Quiero ver su cara cuando se dé cuenta de que su padre la amaba tanto que estaba dispuesto a dejarla conducir un coche que sabía que no frenaría.

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Hope Mag Vasquez
Wuaoooo!!!! hasta cuándo el tablero va a dejar de moverse /Frown//Frown/
Hope Mag Vasquez
Unas joyitas los de la Vegas..... se hicieron millonarios sobre bases de algodón
Hope Mag Vasquez
Quien sabe... a lo mejor sigue siendo estúpida.....
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Muy bonita la novela, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Wow mas mentiras, quien es realmente el padre del niño, y que pasara con Julian y Marina?
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay tantos secretos entre todos que ya me late que son todos unos desgraciados infelices peleando como buitres
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuantas cosas ocultas mas tendrán que salir a la luz, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay cuantas cosas mas saldrán a la luz 😭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Chuta, de quien eres hija Marina? 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta muy buena e intrigante 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
No entiendo porque Sebastian es su nieto, si Federico es el esposo de Isabella, pero el niño es con otra mujer 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Ese hijo a de ser la recluta que escribía cartas que nunca se enviaron 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado se a de están quemando en el infierno, nunca quisieron a nadie, ya que la vieja sabía todo igual 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin estas haciendo justicia, por ti, por Lucía y todos los que han sido estafados 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que pasara ahora, se mataran, oh Julian intervendra
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Trabajando juntos lo lograron, falta la zorra de Usabelja y su madre 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que desgraciado este viejo de Arturo, cree que hará tonta a Elena 🤣🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bien Elena aprendiste con la mejor Maestra que jamas te unieras imaginado y con Julian de apoyo hará un gran equipo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno que Julian acepto aliarse con ella, asi se dará cuenta realmente quienes son esos desgraciados sin escrúpulos 🤭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Yo creo que Julian ya sabía eso, ojalá se unan para acabar con esos desgraciados y también porque no enamorarse 🤭👏👏👏
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