Shiro es un soldado el cual no revela nunca emociones, pero al llegar una carta de una desconocida su futuro qué parecía oscuro se ve iluminado por un sentimiento que no sabe de donde proviene ¿descubrira Shiro quien es esa persona o sabrá cual es ese sentido?
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Cosas del pasado
La escena estaba llena de oscuridad. Una tan inmensa que cubría todo.
De repente una niña despertó en una cama.
Era la hija de Akari, la cual antes se encontraba en el bosque.
Ahora en vez del fuerte sonido de la lluvia se escuchaba el crepitar leve del fuego en la chimenea.
Estaba cubierta con mantas, recostada sobre una cama rústica, rodeada de paredes de madera y cestas colgadas con frutas y hierbas.
Al lado de la cama, una mujer de rostro sereno pelaba manzanas con cuidado, con una expresión tranquila que solo dan los años.
Cuando notó que la niña abría los ojos, sonrió.
—Vaya, al fin despiertas.
La niña se incorporó lentamente, aún confundida.
La mujer le ofreció una rodaja de manzana con forma de conejito.
—Estabas empapada y temblando cuando te encontré en el bosque —Y con una sonrisa siguio —Pero eso no importa ahora, come un poco.
La niña dudó, pero tomó la manzana.
La masticó con lentitud, pero al tragar le gusto tanto que se la comio en un parpadeo.
—Yo soy Mirna y ¿Tú?
Pero entonces algo vino a la de la niña.
Su cuerpo se tensó.
Sus ojos se abrieron de golpe.
—¡¿Dónde estas?!
La mujer miro a la niña confundida.
—¿El qué?
—¡El eso! ¡Dónde está!
Se quitó la manta, bajó de la cama de un salto, y salió corriendo por la puerta de madera.
—¡ESPERA! —gritó la mujer mientras la seguia —¡Niña, no salgas así!
Pero la pequeña ya estaba afuera, corriendo descalza por el jardín lleno de hierba mojada y barro seco.
Se arrodilló cerca de un árbol, donde creía haberlo perdido.
Revisó entre las raíces, bajo las hojas, entre el pasto…
—¡No está…! ¡No está…! —dijo mientras sus ojos humedecian.
《Por favor aparece, por favor…》.
Su llanto comenzó a crecer, tanto que incluso el viento callo ante él.
Cuando se rindio comenzó a llorar debajo de un árbol y se abrazó a sí misma desconsolada.
Entonces, la mujer volvió a aparecer por detrás.
Caminaba con paso tranquilo…
Y en sus manos, traía algo envuelto en un tela algo desgastada.
La niña alzó la mirada.
La mujer se agachó junto a ella, con ternura.
—Esto estaba junto a ti cua do te encontre así que decidi recojerlo por si era tuyo.
Desenvolvió la tela… y ahí estaba.
El rompecabezas.
La niña lo miró con los ojos húmedos, como si acabara de recuperar parte de sí misma.
La mujer se lo entregó con cuidado.
—¿Es importante para ti?
La niña asintió, abrazándolo como si fuera un pedazo de su madre.
—Mucho…
La mujer le acarició el cabello con suavidad.
—Entonces no lo perderás otra vez —dijo levantando a la niña.
La escena muestra a Mirna y la niña caminando a casa en un ambiente cálido y acogedor.
[‐‐-]
Años después…
El aroma a pan recién hecho y madera tibia flotaba en el aire.
La niña, ahora una adolescente de mirada serena y melancólica, descendía las escaleras de la cabaña con pasos tranquilos. Llevaba una trenza suelta sobre el hombro y vestía ropas sencillas.
En la cocina, Mirna, ya con más canas en el cabello, estaba arreglando la mesa mientras sacaba algo del horno.
—Buenos días —murmuró la ahora joven.
—Ah, justo a tiempo —respondió Mirna con una sonrisa —Hoy tendremos un invitado especial.
la joven ladeó la cabeza, curiosa.
—¿Quién?
Mirna no alcanzó a responder.
Porque justo entonces, la puerta principal se abrió con un golpe suave.
—¡Mirna! Ya llegué —dijo una voz masculina, con un tono cálido y despreocupado.
La joven giró en seco con sorpresa.
Mirna sonrió y dejó la bandeja sobre la mesa.
—Es bueno que por fin regreses —dijo Mirna mientras se acercaba con una sonrisa en su rostro —Hermano.
la joven entreabrió los labios demasiado impactada.
—¿Hermano?
El hombre era robusto, de barba corta y ojos tranquilos que portaba una mochila en el hombro y tenía ese aire de viajero.
—¿Y tú debes ser la niña misteriosa que salvó mi hermana? —dijo el hombre mientras se quitaba el abrigo y se sentaba a la mesa —Te ves diferente a lo que habia imaginado.
—¿Cómo que diferente? —dijo la adolescente sin entender a que se refería.
Los ojos del hombre se veían de verdadera incertidumbre.
—No lo sabes.
—¿El que?
El hombre suspiró.
—Minna habla mucho de ti en sus cartas.
La joven volteo y miró a Mirna.
—¿De que habla Mirna?
—Es que yo le cuento todo lo que hacemos juntas.
la joven puso las manos en la mesa.
—¡¿Qué?! —dijo con cara desconcertada.
—Bueno eso ya no importa, ven y sientate —dijo Mirna, sirviendo pan y sopa caliente —Y no te preocupes, solo es un viejo hablador.
Durante unos minutos, comieron en silencio, la joven observaba al hombre, aún desconcertada, pero no incómoda.
El hombre fue quien rompió el silencio con una sonrisa:
—Entonces… ¿ya tienes nombre?
La joven bajó la mirada.
El rompecabezas colgaba en una pequeña bolsa atada a su cadera, como siempre.
—No quiero uno —dijo finalmente con voz firme.
—¿No quieres uno? —preguntó el hombre con genuina curiosidad.
—No —dijo la joven sin duda.
Mirna y su hermano intercambiaron una mirada silenciosa.
—Al menos no hasta que recuerde mi pasado o encuentre a mis padres —dijo muy seriamente.
—Bien, entonces… ¿Puedo llamarte mocosa? —dijo el hombre en tono de burla.
—¡¿Eh?! —dijo rápidamente la joven —¡¿Cómo que mocosa viejo sin vergüenza?! —respondió la joven enojada.
—¡¿Cómo que viejo sin vergüenza?! —dijo el hombre molesto.
El hombre intento calmarse.
《No puedo tratar así a una niña pequeña, así que tranquilizante》.
—Mira tal vez sea un viejo, pero no sin vergüenza —dijo el hombre intentando contener su ira —Okey mocosa.
—Entonces… eres un viejo cara dura —dijo sin dudar la joven.
En el ambiente tan hostil solo una persona podia reía, Mirna, quien veía encantada la interacción de los dos.
《Que bien que ya se lleven mejor》.