¿Podrá una señorita de de alta sociedad, y un jardinero hacer que su amor floresca , en medio de tantos impedimentos.?
Esta es la historia de amor de Ricardo y María Claudia. ¡Ven y acompáñame a ver qué pasa!
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Capítulo #15
Siguen pasando los días, y Ricardo no ha podido averiguar nada sobre María Claudia ni su familia.
Encontró a Paula Andrea por Facebook, pero no le contesta ninguno de los mensajes que le ha enviado.
Él sigue con su rutina diaria: de la casa a la universidad, de la universidad a la cafetería, y luego de vuelta a casa para hacer las tareas.
Sus amigos lo han invitado a salir, pero siempre dice que no y saca alguna excusa.
La verdad es que no se atreve, porque sabe que, si lo hace, en cada lugar recordará más a María Claudia…
—Manuela: Oye, Ricardo, ¿qué vas a hacer el domingo?
—Voy a estudiar y a ayudar a mi abuelo con algún oficio que tenga en casa.
—Oye, perdóname, pero ¿acaso tú no te cansas de tanto trabajar y estudiar? Todos los días es la misma rutina. Este domingo es nuestro día libre, ¿por qué no salimos un rato, por favor? Fernando y Lucía están organizando una pequeña reunión en su casa. Vamos, no seas tan terco, acompáñanos, ¿sí? 🥺
—No me hagas esos ojitos, por favor.
Es que me cuesta salir. Solo quiero enfocarme en mis estudios y trabajo, salir adelante y… encontrar a María Claudia.
—Oye, ¿no te parece que ya es hora de pensar en ti? De rehacer tu vida. Ya han pasado cinco meses desde que te conocí y todavía la tal María Claudia no ha aparecido. ¿Piensas envejecer esperándola? 🤨 —dijo esto último con un toque de amargura.
—No. Yo la esperaré, cien años si es necesario. Tengo la esperanza de que algún día regresará…
Y bueno, está bien, te acompañaré el domingo a casa de Fernando y Lucía. Él ya me había invitado; me dijo que la reunión empezaría temprano porque quiere hacer un asado y pasar el día en la piscina.
—¡Bien! Entonces allá nos veremos ese día. Yo llevaré unos pasabocas bien ricos, de los que te gustan 😉
...
Llegó el domingo. Ricardo no estaba muy convencido de ir, pero ya se lo había prometido a Manuela.
—Abuelos, hoy voy a ir a una reunión con mis amigos de la cafetería. Regresaré temprano.
—Está bien, hijo. Me alegra mucho que te hayas animado a salir de nuevo. Llevas meses sin divertirte; no todo es trabajo. Está bien que te distraigas, aún eres joven —dijo su abuela con una sonrisa.
—Sí, Ricardo, está bien que estudies y trabajes, pero también debes divertirte —agregó su abuelo con amabilidad.
—Sí, abuelos. Al principio no quería ir, pero Manuela me convenció, y ahora con sus palabras me terminaron de convencer ustedes también.
Es que me da un poco de sentimiento, porque antes siempre salía con María Claudia, y sé que me dará mucho guayabo salir sin ella…
Su abuelo lo miró con algo de tristeza.
—Hijo, ¿no crees que ya es hora de soltar a la niña María? Eres joven, puedes enamorarte de nuevo…
Ricardo no dijo más. Solo suspiró.
Parecía como si su abuelo se hubiera puesto de acuerdo con Manuela para decirle lo mismo.
Pero él no estaba dispuesto a fijar sus ojos en nadie más. Su corazón seguía enamorado de María, como el primer día, dispuesto a esperarla el tiempo que fuera necesario.
Fue hacia su cuarto y empacó en un pequeño morral una muda de ropa para cambiarse y una pantaloneta para entrar a la piscina.
Se despidió de sus abuelos y, antes de ir a casa de Fernando y Lucía, pasó por un supermercado a comprar algunos mecatos y golosinas para compartir allá con sus amigos.
La reunión estaba muy animada. Todos se divertían: algunos tomaban refrescos, otros cerveza, y la música sonaba de todo tipo. Mientras los hombres se encargaban del asado, las chicas estaban en la piscina.
—Fernando: Ey, Ricardo, ¿y entonces cuándo te vas a animar a salir con Manuela? Se nota que la pobre se muere por ti.
—¿Qué cosas dices tú, Fernando? Manuela y yo solo somos amigos y nada más.
—Eso no es lo que sus ojos dicen —replicó Fernando en tono burlón, dándole un pequeño golpe en el hombro—. Anímate, mijo. Mírala, es muy bonita, y ustedes hacen buena pareja.
¿O no, Silvio? ¿Tú qué dices?
—Silvio: Sí, yo pienso igual que Fernando, amigo. Inténtalo, nada pierdes. Mira, yo estoy con mi novia aquí, Fernando también… y tú y Manuela son los únicos solteros.
—Por favor, ya no insistan. Mi corazón le pertenece a otra mujer.
Y ya, vamos a servir el asado, que tengo hambre. Hoy no desayuné.
Sirvieron el asado y luego llamaron a las chicas para que salieran del agua.
Todas llevaban bikinis muy lindos 👙🩱.
Estaban Fernando con Lucía, Silvio con Caterine y un par de parejas más, invitados de Lucía.
Ricardo y Manuela eran la pareja de “amigos”.
Mientras comían, Ricardo intentaba mirar a Manuela de una forma diferente, pero no podía.
Su mente y su corazón ya tenían dueña, y esa era María Claudia Montero Sandoval.
Entre chistes y risas terminaron de comer. Luego todos entraron al agua: algunos nadaban, otros tomaban cerveza 🍻.
Más tarde, decidieron salir para bailar, cada quien con su pareja.
Obviamente, a Manuela le tocó con Ricardo, y ella estaba feliz, pues las cervezas ya le estaban haciendo efecto en la cabeza.
Bailaron salsa, bachata, reguetón, champeta y vallenato 💃🕺.
De repente sonó un vallenato romántico de Nelson Velásquez, titulado “Entrégame tu amor.”
Manuela tomó el micrófono y comenzó a cantar desde la segunda parte de la canción:
🎶
“Confieso que muero cada vez que te despides con un beso en la mejilla,
la vida se me vuelve maravilla,
y compro un chocolate para calmar las ganas de besarte…
Recuerda que me alegré al saber que me contaste
que tu novia te engañaba;
fue la primera vez que tu tristeza me refrescaba el alma,
sabía que yo te consolaría…
Pero en cambio tú has pensado perdonarla por su error,
mientras ella daña tu vida,
yo estoy loca por tu amor…”
🎶
Todos quedaron boquiabiertos 😮 y aplaudieron 👏👏, no solo porque Manuela tenía una voz muy linda, sino por la dedicatoria que acababa de hacerle a Ricardo.
Este último estaba aún más sorprendido.
Los demás siguieron bailando, fingiendo no haber escuchado nada, para que Manuela pudiera hablar con Ricardo.
—No sé qué decirte, Manuela… estoy sorprendido.
—No me digas nada. Solo quiero que sepas que te quiero mucho, que me gustas, y que estoy dispuesta a esperar a que estés listo y decidas rehacer tu vida.
Soy consciente de que no sientes lo mismo, pero estoy dispuesta a esperar…
—Perdóname, Manuela. Eres una chica muy linda, inteligente, con muchas cualidades. Cualquier hombre querría tenerte a su lado, pero…
—¿Cualquier hombre menos tú, verdad? 🥺
¿Sabes qué? Olvida todo lo que te he dicho. Sigamos siendo amigos, ¿sí? Me conformaré con eso.
Manuela abrazó a Ricardo con todas sus fuerzas.
Él le correspondió y la besó en la frente… pero ella no aguantó más y se adueñó de su boca.
Lo besó con fuerza y dulzura.
Él intentó corresponderle, pero después de unos segundos reaccionó.
—No, Manuela… esto no puede ser. Yo amo a María Claudia, y la amaré siempre.
Y salió de allí como una flecha, se despidió de sus amigos y se marchó.
Manuela quedó muy triste, pero a la vez satisfecha… porque había podido probar los besos de Ricardo, tal como tanto lo había soñado.
Ricardo tomó un taxi y se dirigió directo a su casa. Algunas lágrimas escaparon de sus ojos al pensar que le había sido infiel a su amada.
Aunque fue Manuela quien lo besó, él se sentía culpable… porque, por un momento, intentó corresponderle.