"Dicen que cualquiera persona que venda su alma al diablo tiene su destino asegurando, pero que pasaría si él diablo mismo se niega en aceptarla".
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Enfrentamiento.
Mi padre está amarrado y amordazado en una silla, mientras que está le clava un cuchillo en su pierna y este gime de dolor, estos se percatan de mi presencia y el hombre que la acompaña intenta sacar su arma, pero soy más rápido que el y sacó la mía apuntándolo.
- ¿Qué Mierda está pasando aquí?, habla o le vuelo los sesos.
- Tranquilo.
- Aléjate de él, alza las manos y gírate.
Esta sigue mis instrucciones, pero sin acatar lo último, lo que me impide verificar su identidad.
- Que te gires, ¡entiendes!.
Observó que está gira un par de veces su cabeza, es cómo si lo estuviera considerándolo, aunque al final se decide hacerlo y voltea, dejándome congelado. La reconozco de inmediato, ese cabello y par de ojos son inconfundibles.
- Alexandra, eres tú?.
- ¿Puede ser?
Esta me mira fijamente sin apartar su mirada, es como si me estuviera retando y se queda en total silencio.
- ¿Por qué estás haciendo esto?
Esta piensa un par de segundo y mira al techo.
- Digamos que lo hago para recuperar algo que me pertenece. Además, de cobrar unas cuantas cosas que me debe está escoria.
Esta camina y se dirige hacia donde mi padre se encuentra, se le acerca y vuelve a tomar el cuchillo, aunque está vez se lo coloca en el cuello.
- Aún me pregunto como mi padre podía confiar en ti.
- Alexandra cálmate.
Esta me mira a los ojos y me dice.
- Quien eres tu Santiago D'angelo para ordenarse algo.
Esta después de decir esto, empuña el cuchillo y lo clava en el hombro de mi padre, este lo único que hace es quejarse del dolor.
- Para, no quiero dispararte.
- Y aún crees que tienes posibilidad, mira a tu lado.
Su acompañante me está apuntando en la cabeza, por concentrarme tanto en ella me olvide él.
- Estoy perdiendo la cabeza D'angelo, ¿dónde diablos tienes mis documentos?, habla o te mueres.
Quedó impresionado por las palabras y acciones que está hace, no se asemeja nada a la Alexandra que conocía, no quiero admitir que mi padre pueda que tenga razón. Está al no tener respuesta toma el cuchillo y lo vuelve a clavar en su hombro, lo cual se repite varias veces hasta que mi padre cede y le dice donde se encuentra tras lo que ella tanto busca.
- Está en mi caja fuerte, tomado y vete.
- Viste, si hubieras colaborado desde un inicio nada de esto hubiera pasad.
Habla señalando todo el suelo sucio de sangre.
- Cuál es la contraseña?.
Mi padre se lo dicta y está la abre, toma unos papeles y los mira por encima.
- Ya que tengo en mi poder lo que vine a buscar me retiro, fue un gusto volverlos a ver.
Esta le hace señas a su compañero y este de inmediato se empieza alejar de mí, pero están muy equivocado si piensan que los voy a dejar salir de aquí; me volteo rápidamente haciendo caer su arma y le lanzó un golpe, el cual es esquiva y me contraataca, iba a volver a golpearlo, cuando una bala nos detiene, volteo en el lugar donde fue dispara y puedo observar Alexandra con una pistola en la mano.
- No hay tiempo que perder, ya debemos marcharnos.
- Como digas.
Este le responde y se ubica a su lado, se acercan a la ventana, donde saltan al mismo tiempo, los iba a perseguir pero mi padre se encuentra en muy malas condiciones, debe recibir ayuda médica urgentemente si no quiere morir, tomó mi teléfono y le marcó a Damián.
- Necesito un médico con urgencia y a todos los hombres con urgencia.
- Como ordene.
A los poco segundos este llega con todo lo que pedí, comienzan atender a mi padre.
- Que ha pasado aquí señor, porque tú...
- Ahora no es importante, escuche bien; necesito que capturen vivo a dos personas que se infiltraron, una de ellos es una mujer y el otro un hombre. ¡Comprendieron!
- Yo sabía que había algo raro con esas personas, nos daban buena espina menos la mujer, esos ojos daban escalofríos, no se veían ninguna emoción; era como si estuviera muerta. Sin embargo, mencionaron que era familiares del señor y así mismo la recepción autorizó su entrada, así que únicamente podía hacer lo que me ordenaron.
- No me importa lo que sucedió anteriormente, solamente sigan mis órdenes y ya.
Mis hombres buscaron por horas y no pudieron encontrar rastros de ellos, pero si de más personas en el lugar, me imagino que venía preparada, tengo tanto enojo que reviento la batalla de whisky contra la pared, no entiendo nada de lo que está pasando, porque torturo a mi padre de esa manera y porque estaba tan empañada en encontrar esos papeles, como de lugar necesito saber que está ocurriendo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Después de entrar a la mansión, platico un poco con Benjamín, él estaba muy insistente en saber sobre mi paradero, al no tener otra opción me inventé una excusa.
- Ya dejando de lado estos asuntos, he venido personalmente porque necesito que compruebe algo.
-En que te puedo ayudar.
-Eh, es un asunto que se debe hablar en privado, sin que nadie escuche, tú sabrás.
- Entiendo, podemos hablar en mi despacho.
Bingo.
- Perfecto.
Este me va guiando al lugar, mientras hablando sobre el hecho de las muertes de mis padres, que para el fue un golpe muy duro, que intentó hacer todo lo posible para rescatarme, pero que por su falta de poder, estaba muy limitado y no pudo hacer nada que desde ese día hasta el día de hoy lo siente tanto. Al fin llegamos al despacho y este hace señas para que entre, cuando se percata de la presencia de Maximiliano quiere decir algo, pero lo golpeó en la nuca dejándolo inconsciente, rápidamente entramos y cerramos muy bien, Maximiliano lo coloca en una silla y empieza amarrado y amordazarlo, luego que termina tomó el cuchillo que traía escondido en mi bota y se lo incrustó en la pierna, haciendo que este recupere el conocimiento de inmediato.
- Escucha bien, si no quiere morir dime donde están los documentos que mi padre te envío antes que muriera y no quiero mentiras, porque habrá consecuencias. ¡Capisci!, (comprendes)