Ella no necesita que la rescaten.
Él no cree en el amor.
Luciana Ríos es una mujer que manda. Jefa en su oficina, independiente y acostumbrada a tomar decisiones que otros solo se atreven a sugerir. No depende de apellidos ni de fortunas ajenas… y jamás pensó convertirse en la esposa de nadie.
Alexander Montclair es el hombre más poderoso del continente. Exmilitar, magnate y heredero de un imperio que no admite errores. Frío, reservado y meticuloso, su vida se rige por contratos, reglas y control absoluto.
Un encuentro inesperado los enfrenta.
Un acuerdo los une.
Un matrimonio por contrato lo cambia todo.
Mientras una influencer caída en desgracia intenta recuperar el estatus que perdió, y un exnovio poderoso se consume entre celos, secretos y traiciones, Luciana descubre que ceder el control no siempre significa perder el poder… especialmente cuando el hombre que intenta dominarla es el único capaz de mirarla como un igual.
En un mundo donde el dinero compra silencios y los contratos
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 20
Alexander
No me gusta cuando el silencio cambia de textura.
No es ausencia de ruido; es otra cosa. Es cuando una persona está contigo, pero ya tomó una decisión que no te ha dicho. Luciana estaba así esa mañana. Tranquila. Demasiado. Observando el mar con una calma que no coincidía con lo que yo sabía que se estaba moviendo debajo de la superficie.
La seguridad había aumentado sin que ella lo pidiera. Dos hombres más en perímetro. Cambios sutiles en rutas, tiempos, accesos. Ella lo notó. Por supuesto que lo notó.
—¿Desde cuándo estamos en protocolo reforzado? —preguntó sin mirarme, apoyada en la baranda de la terraza.
No respondí de inmediato. Error.
—Alex —añadió—. No me trates como una variable externa.
Eso sí me hizo girarme.
—Desde que confirmamos que la amenaza ya no es mediática —dije—. Es operativa.
Me observó. Sin miedo. Con atención.
—¿Qué significa exactamente “operativa” en tu mundo?
Respiré hondo. Había pasado años construyendo compartimentos. Lo que se dice. Lo que no. Lo que se comparte. Lo que se protege incluso del afecto. Luciana estaba empezando a empujar esas paredes.
—Significa que alguien activó contactos que no usan abogados ni periodistas —respondí—. Y que no esperan a que uno reaccione.
—¿Rodrigo?
—Rodrigo empujó la ficha —admití—. Pero no es quien ejecuta.
Ella asintió lentamente.
—Entonces no es solo sobre ti —dijo—. Es sobre mí.
No lo negué.
Se giró por fin y me sostuvo la mirada.
—Hay algo que no te he contado —dijo.
Eso fue nuevo. No el hecho en sí. El tono.
—Dímelo.
—No ahora —aclaró—. Antes dime tú algo. Y dime la verdad.
Crucé los brazos.
—¿Qué quieres saber?
—A quién llamaste anoche —dijo—. Y qué significa que “yo esté dentro”.
No me sorprendió que lo supiera. Me sorprendió que lo pidiera así: directa, sin rodeos, sin dramatismo.
—Llamé a alguien de mi pasado —respondí—. Alguien que solo activo cuando el daño potencial deja de ser abstracto.
—¿Militar?
—No exactamente —dije—. Operativo.
No bajó la mirada.
—¿Y eso qué me convierte a mí?
Ahí estuvo el verdadero punto de quiebre.
—En alguien que no voy a dejar fuera —respondí con calma—. Pero tampoco voy a exponer sin que sepas en qué terreno estás pisando.
Luciana se acercó. No invadió mi espacio. Lo compartió.
—Alex… —dijo en voz baja—. Yo no soy inocente. No soy una víctima colateral. Si esto escala, necesito saber si confías en mí como aliada o solo como algo que proteger.
La palabra proteger me atravesó.
—Confío en tu criterio —dije—. Lo que no puedo hacer es permitir que cargues con cosas que no te corresponden.
Sonrió. No fue dulce.
—Eso no lo decides solo.
Silencio.
—Ahora mi parte —añadió—. La filtración no sacó todo. Sacó lo que convenía. Pero hay un elemento de mi pasado que no está en ningún archivo público. Y si alguien lo usa… no me destruye. Pero sí te obliga a tomar decisiones que no sé si estás dispuesto a tomar.
La observé con atención absoluta.
—¿Qué tipo de elemento?
—Uno que me enseñó a negociar con gente peligrosa —respondió—. Y a no deber favores.
Entendí más de lo que dijo explícitamente.
—¿Por qué no me lo contaste antes?
—Porque no quería que me miraras distinto.
Me acerqué esta vez. Despacio.
—Luciana —dije—. Ya te miro distinto. Desde el momento en que decidiste no esconderte.
Sus ojos se suavizaron apenas.
—Entonces escúchame —continuó—. Rodrigo creía que te iba a obligar a reaccionar antes de la boda, que iba a ponerte contra el reloj. Yo voy a moverme primero. No para atacarlo… para dejarlo expuesto.
—Eso va a provocar respuesta —advertí.
—Lo sé.
—Y no va a ser limpia.
—Tampoco lo fue lo que él hizo.
Nos quedamos frente a frente, midiendo fuerzas, no como adversarios, sino como dos personas acostumbradas a liderar.
—Si haces esto —dije finalmente—, lo haces conmigo. Con coordinación. Sin decisiones unilaterales.
—Y si tú activas cosas que no me has explicado…
—Te las explicaré —interrumpí—. Antes de moverlas.
Asintió.
En ese gesto simple entendí algo que no había previsto: no estaba eligiendo entre protegerla o incluirla. Estaba aprendiendo a hacer ambas cosas al mismo tiempo.
Mi teléfono vibró.
Un mensaje nuevo. Breve.
El contacto mordió el anzuelo. Rodrigo cree que el movimiento es tuyo.
Levanté la vista hacia Luciana.
—Se equivocó —dije.
—¿En qué?
—En creer que esta jugada la estoy haciendo yo solo.
Sonrió.
Y por primera vez desde que empezó esta guerra, supe que el error más grave de Rodrigo no había sido subestimarme.
Había sido despertarla a ella.
déjense de tanto juego 🤦🏼♀️
a cuidarse las espaldas /Shy//Slight/