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EL HEREDERO "PROHIBIDO"

EL HEREDERO "PROHIBIDO"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Embarazo no planeado
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Luiselys Marcano

"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."

NovelToon tiene autorización de Luiselys Marcano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El regreso de la Reina de Hielo

POV: SEBASTIÁN

El hospital ha vuelto a ser mi fortaleza. Me he puesto la máscara de frialdad que me hizo famoso antes de que Elena Valente cruzara mi camino. Mis movimientos en el quirófano son mecánicos, precisos, carentes de cualquier rastro de humanidad. Mi madre y Victoria creen que han ganado, que su "terapia de choque" funcionó y que he vuelto a ser el heredero perfecto.

Pero mienten. Cada vez que cierro los ojos, escucho el latido de ese bebé en el monitor. Cada vez que paso por la sala de descanso, el aroma a jazmín me persigue como un fantasma. El amor por ella está ahí, enterrado bajo capas de orgullo herido y una culpa que me carcome los huesos, pero no puedo permitir que nadie lo vea. Especialmente ella.

—Doctor Alarcón, la junta directiva ha aceptado la petición de la Condesa de Monteclaro —dijo mi secretaria, entrando con un fajo de documentos—. La doctora Elena Monteclaro se reincorpora hoy.

—¿Como directora del ala de obstetricia? —pregunté, apretando la mandíbula. Mi madre me había advertido que los Monteclaro intentarían comprar el hospital sección por sección.

—No, señor. Ella rechazó el cargo. Dice que "un título de sangre no otorga conocimientos de medicina". Ha pedido seguir como residente de tercer año, bajo su supervisión directa... pero con escolta privada y un despacho propio de consulta.

Se me escapó un suspiro. Maldita sea, Elena. Incluso cuando tiene el mundo a sus pies, sigue teniendo esa integridad que me enamoró.

POV: ELENA

Crucé las puertas del Hospital Real con la cabeza en alto. Ya no llevaba el uniforme desgastado de hace una semana. Mi bata blanca ahora era de seda egipcia, impecable, con mi nuevo apellido bordado en letras doradas: Dra. E. Monteclaro. Detrás de mí, a una distancia prudente pero visible, dos hombres de negro custodiaban mis pasos.

—¿Estás segura de esto, hija? —me había preguntado mi madre esta mañana—. Podrías ser la dueña de todo este edificio si quisieras.

—No quiero que digan que soy médica por mi apellido, mamá. Quiero que Sebastián vea, cada día, que la mujer que humilló es mejor cirujana de lo que él jamás será. Y quiero aprender... por mi bebé.

Al llegar a la estación de enfermería, el silencio fue absoluto. Mis antiguos compañeros me miraban con una mezcla de envidia y asombro. Lucía se acercó y me abrazó con fuerza.

—Bienvenida de nuevo, Condesa —susurró con una sonrisa pícara.

—Sigo siendo Elena, Lucía. Solo que ahora tengo mejores abogados —respondí.

—Doctora Monteclaro —la voz de Sebastián sonó a mis espaldas. Era una voz plana, profesional, despojada de cualquier emoción—. Llega dos minutos tarde para la ronda de las ocho. Espero que su nueva condición no afecte su puntualidad.

Me giré lentamente. Él estaba allí, con las manos en los bolsillos de su bata, mirándome con una indiferencia que me dolió más que un grito. Pero no bajé la mirada.

—No volverá a ocurrir, doctor Alarcón —dije con una sonrisa profesional que no llegaba a mis ojos—. ¿Empezamos? Tengo mucho que aprender... y usted tiene mucho que enseñarme, ¿verdad?

POV: SEBASTIÁN

Caminamos por los pasillos. Ella iba un paso detrás de mí, como corresponde a una residente, pero su presencia llenaba todo el espacio. El aire parecía electrizado. Al llegar a la habitación 402, el paciente era un hombre mayor con una arritmia compleja.

—Dígame, doctora Monteclaro, ¿cuál es el protocolo aquí? —pregunté, poniéndola a prueba frente a los otros residentes.

Elena dio un paso al frente. Su explicación fue brillante, impecable, técnica. No falló ni en una coma. Los otros residentes tomaban notas frenéticamente. Cuando terminó, me miró desafiante.

—Excelente —dije, aunque por dentro quería gritarle que la amaba y que me perdonara—. Pero su técnica de sutura en la última cirugía fue... mejorable. Practique en el laboratorio esta tarde. Sola.

—Entendido, doctor.

POV: VICTORIA DE LA VEGA

Me escondí tras una de las columnas del pasillo, viendo cómo Sebastián la trataba con desprecio. Sonreí. Mi plan de sembrar la duda estaba funcionando. Él era frío, ella era orgullosa. Es la receta perfecta para que se destruyan mutuamente.

Sin embargo, vi cómo Sebastián, cuando creía que nadie lo miraba, se quedaba observando la mano de Elena cuando ella escribía en el historial. Sus ojos bajaban a su vientre por una fracción de segundo, con una tristeza infinita, antes de recuperar su máscara de piedra.

—Todavía la quieres, ¿verdad, Sebastián? —susurré para mí misma—. Pero no importa. Si el amor no muere por la duda, morirá por el cansancio.

POV: ELENA

A media tarde, entré en el laboratorio de prácticas. Estaba vacío. Me senté frente al simulador de suturas, pero mis manos empezaron a temblar. El estrés de fingir que no me importaba su frialdad me estaba pasando factura.

Sentí una presencia en la puerta. Era él. No entró, se quedó apoyado en el marco, observándome en silencio.

—La mano izquierda está demasiado alta, Elena —dijo. Su voz ya no era profesional. Era la voz de mi Sebastián. El hombre que me besaba en el invernadero.

—Puedo hacerlo sola, doctor Alarcón —respondí sin mirarlo.

Él caminó hacia mí. Se situó detrás, pero sin tocarme. Podía sentir el calor de su cuerpo, ese calor que solía ser mi refugio.

—Nunca has podido hacer nada sola, Elena. Siempre hemos sido un equipo —susurró. Por un segundo, su mano rozó mi hombro—. Las fotos... sigo pensando en ellas. No puedo evitarlo. Mi mente dice una cosa, pero mi corazón...

—Tu corazón no tiene voz aquí, Sebastián —me giré, quedando a centímetros de su rostro. Mis ojos estaban llenos de lágrimas contenidas—. Me pediste que no te volviera a tocar. Me llamaste mentirosa. Ahora vive con eso. Enséñame medicina, pero no vuelvas a intentar entrar en mi vida.

Me solté de su cercanía y salí del laboratorio, dejándolo solo con su frialdad y su amor silencioso. Al salir, me crucé con mi madre, que venía a buscarme con un sobre en la mano.

—Elena, los resultados del ADN de la sangre de Bernardo han llegado —dijo Elvira con una sonrisa triunfal—. Ese hombre no es nada tuyo. Ni siquiera es tu padre de crianza legal. Te compró en el mercado negro, hija. Y ahora sabemos exactamente quién se la vendió.

La verdad estaba a punto de volverse mucho más oscura

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Angelica Canquiz
me encanta🎁😘🇻🇪
yzil: gracias por tu apoyo soy nueva en esto ☺️👏
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Aurora Rico
Fastidia que siendo profesionista no tengan cerebro, 🤔😤 se necesita 2 dedos de frente para sumar 1+1
yzil: me gusta que interactúen con los personajes ☺️👏
total 1 replies
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