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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 : El Reloj de Arena

Seis meses después.....

Han pasado ciento ochenta días en los que el mundo exterior no se ha detenido ni un segundo. Zúrich ha visto cómo las hojas doradas del otoño caían para dar paso al blanco sepulcral del invierno, y ahora, los primeros brotes de la primavera intentan asomarse entre el deshielo. Pero para Molly Dumont, el tiempo no es más que un concepto abstracto, una línea plana que se dibuja en un monitor electrónico.

Seis meses de una quietud aterradora. En la habitación 402 de la clínica privada, donde había sido trasladada meses atrás por su seguridad. El aire huele a una mezcla eterna de desinfectante y flores frescas que nunca llegan a marchitarse porque son reemplazadas antes de que caiga el primer pétalo. Especialistas de todo el mundo, desde Houston hasta Tokio, han desfilado por esa alfombra, han revisado los escaneos cerebrales, han ajustado las dosis de los medicamentos y han salido de la habitación con la misma frase grabada en los labios: "Hay que esperar, señor Dumont. El cerebro es un misterio que no obedece a nuestros horarios".

Chloe Vane, tras semanas de una vigilia agotadora en la que apenas comía y dormía en el sofá de la habitación, tuvo que rendirse a la realidad. Sus compromisos en Nueva York, las firmas pendientes y la presión de su propia carrera la obligaron a cruzar el océano de nuevo. Se despidió de Molly con un beso en la frente, prometiéndole que volvería cada mes, y dejó una parte de su alma en aquel hospital. Ahora, sus videollamadas con Julien, son el único puente que la mantiene unida a su "hermana de vida".

Julien Dumont, por su parte, se ha convertido en un fantasma que se divide entre el imponente edificio del holding y la penumbra de la clínica. Su espalda, antes recta como un roble, ahora parece curvada bajo el peso de una responsabilidad que lo sobrepasa.

Es una tarde de martes, y Julien está sentado en su lugar de siempre, al lado de la cama de Molly, sosteniendo un libro que ya no lee. El silencio de la habitación es interrumpido por la vibración insistente de su teléfono personal. Al ver el número, Julien se endereza, sintiendo una punzada de adrenalina que hace mucho no experimentaba. Es el jefe de su nuevo equipo de seguridad privada, hombres que trabajan en las sombras y que no responden ante nadie más que ante él.

—Dime —susurró Julien, alejándose un poco de la cama, como si temiera que Molly pudiera escuchar la suciedad del mundo exterior.

—Señor Dumont, tenemos los resultados finales de la reconstrucción del peritaje —la voz al otro lado era fría, profesional, carente de emoción—. No hubo fallo mecánico en el camión recolector. El sistema de frenado fue manipulado con mucha precisión, activando un bloqueo remoto justo en el cruce del aeropuerto. Fue un trabajo de profesionales, señor. Limpio, caro y letal.

Julien apretó el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.

—¿Tienen un nombre? —preguntó, con la voz cargada de un odio ancestral.

—Solo un rastro, una firma en los bajos fondos de la logística europea. Todo apunta a una red que responde a un solo nombre: Claude.

Julien sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Se apoyó contra la pared fría, cerrando los ojos. Claude. El nombre resonó en su mente como una sentencia de muerte. No era un competidor cualquiera; era una sombra del pasado, alguien que no buscaba dinero, sino la destrucción total de los Dumont.

En ese momento, Julien lo entendió todo. El accidente no fue un error de cálculo, fue el primer movimiento de una guerra que él ya no tenía fuerzas para luchar solo. Miró a su hija, tan frágil bajo la sábana, y sintió una punzada de desesperación. Él ya no tenía la energía de antes. Tenía los recursos, sí; tenía los millones y las influencias, pero su cuerpo era una traición constante.

Flashback Hace un año ....

La oficina del Dr. Markus Manz, uno de los mejores especialistas en Oncología estaba en penumbras, solo iluminada por la luz de una placa de rayos X en la pared. Julien estaba sentado frente a él, impecablemente vestido, sin sospechar que el mundo estaba a punto de volverse negro.

—Julien, los resultados de la biopsia no son lo que esperábamos —dijo Markus, bajando la vista hacia los papeles—. Es agresivo. Está en una etapa avanzada.

Julien no parpadeó. Siempre había sido un hombre de hechos.

—¿Cuánto tiempo, Markus? No me des rodeos de médico. Dame cifras.

Markus suspiró, con el dolor de tener que condenar a un amigo.

—Un año, quizás dieciocho meses si el tratamiento funciona. Es terminal, Julien. No hay cirugía que pueda limpiar esto.

Ese fue el día en que el reloj empezó a correr para Julien Dumont. Por eso se había empeñado con una ferocidad casi desesperada en que Molly tomara las riendas del Holding. Quería entrenarla, endurecerla, verla brillar antes de que su propia luz se apagara. Necesitaba que ella fuera fuerte porque él se estaba quedando sin tiempo. Y ahora, con Molly en coma y Claude acechando en las sombras, el tiempo se había convertido en su peor enemigo.

Julien colgó el teléfono. Se acercó a la cama de su hija y le acarició la mano una última vez. Su rostro, surcado por las arrugas del dolor y la enfermedad, se transformó. Ya no había rastro del padre derrotado; ahora había un estratega que sabía que solo le quedaba una carta por jugar, una carta arriesgada, casi suicida, pero la única que podía salvar el legado de Molly.

Necesitaba energía. Necesitaba juventud, ferocidad y una lealtad que no se pudiera comprar con dinero, sino con honor. Necesitaba a alguien que protegiera a Molly de Claude mientras él terminaba de marchitarse.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió con un roce casi imperceptible. Gerard, el asistente personal de Julien —su hombre de confianza durante décadas, el único que conocía cada secreto de la familia Dumont—, entró con un maletín de cuero y una expresión de profunda preocupación. Gerard no era solo un empleado; era el guardián de los silencios de Julien.

—Señor... —llamó Gerard con voz suave,

Julien levantó la mirada, y Gerard retrocedió un paso al ver el fuego de odio mezclado con terror que brillaba en los ojos del anciano.

—Ha sido él, Gerard. Ha sido Claude —dijo Julien con un hilo de voz que cortaba el aire—. El accidente... querían borrarla del mapa. Querían dejarme solo antes de que el cáncer termine el trabajo por ellos.

Gerard cerró la puerta de la habitación con seguro y se acercó a Julien, bajando el tono de voz hasta convertirlo en un susurro urgente.

—Señor Dumont, si Claude está al acecho, esto cambia todas nuestras defensas. Ese hombre no se va a detener ante nada. Sabe que la señorita Molly es su heredera universal y sabe que usted... —Gerard hizo una pausa dolorosa— que usted no tiene mucho tiempo. Perdone la franqueza, señor, pero ¿qué piensa hacer ahora? No podemos seguir fingiendo que ella está de viaje para siempre. Claude no es tonto; tarde o temprano encontrará este lugar. ¿Cómo piensa protegerla si usted ya no tiene las fuerzas para sostener el escudo?

Julien miró a Gerard, y por un segundo, el peso de su enfermedad pareció aplastarlo.

—Tienes razón, Gerard. Mis manos ya tiemblan demasiado para sostener un arma o un imperio solo —respondió Julien, mirando la figura inmóvil de Molly—. Necesito un aliado que Claude no pueda comprar.

Alguien con la ferocidad suficiente para morderle el cuello a cualquiera que se acerque a esta cama. Alguien que tenga tanto que ganar como que perder.

—¿Está sugiriendo lo que creo, señor? —preguntó Gerard con los ojos muy abiertos—. ¿El joven Brunner? Es un riesgo enorme. Él no sabe nada.

—Es el único riesgo que vale la pena correr —sentenció Julien se colocó de pie, ajustándose el saco de su traje con una determinación que no sentía desde hacía meses. Salió de la habitación de la clínica con paso firme, ignorando el dolor en su costado. No regresaría a su mansión, ni iría al holding. Tenía un encuentro que no podía esperar.

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Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
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