Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 14
¿ya estás mejor de la fiebre, ¿Cierto? Preguntaba la persona al otro lado del teléfono, Gabriela no sabía que contestar, esa persona sabía todo de ella o eso pensaba ella. Quería respuestás y no iba a dudar en conseguirlas.
—sí. Ya estoy mejor, gracias.
—ah, qué bueno, ¡eso me alegra mucho!
—¿estás feliz por mí?
—¡sí! Saber que... ¡Saber que estás bien es maravilloso!!
—¿en serio?
—¡sí!
—gracias.
—no es nada, bueno, te dejo descansar. Mañana no es día de clases.
—¿cómo sabes eso?
—MA,mañana es sábado. ¿No?
—aaaah, si así parece. ¿Qué bien enterada estás? Ni yo estaba al tanto de qué día era mañana.
—ah, el pajarito que tengo por ahí me mantiene muy informada. Así que, no te preocupes. Sabré las cosas sin problemas.
—creo que si debería preocuparme.
—no tienes por qué. Solo relájate y descansa.
—claro...
—bueno, ahora si me voy. Dulces sueños. Descansa. —cuelga.
—¿qué está pasando? ¿Cómo sabe todo esto? ¿Quién es el pájaro del qué habla?
(en el Futuro)
—Aaaah, otro día más escuchando su voz. Bueno, vamos a hacer la cena. Ja, ja.
(regreso al presente)
—aaaah, creo que mejor hago la tarea y cierro la ventana. -cerro la ventana. —bueno, empecemos por la más fácil y esa es... ¡Ninguna! Ah, ¿pero qué puedo hacer? Carol, Ven sálvame...
Empezó a hacer su tarea como pudo, parecía que salía humo de su cabeza de tanto pensar, pero aun así. La decisión de hacerla y hacerle ver a Clara que no era una tonta. Era su motivación. Lloro unas cuantas veces y gritó por la ayuda de su amiga otra veces más. No sabía si continuar. Su madre abrió la puerta y la vio esforzarse. Sintió un poco de pena por ella. Así que. Entro y le dijo que descansara, que el día de mañana no iría a la escuela. Hasta que vio el calendario en el cuarto de su hija. Vio su teléfono y lo confirmo. El día siguiente era sábado. Algo que había olvidado por completo tras el susto de la fiebre alta de su pequeña. Río un poco, y salió del cuarto, sin antes recordarle que descansará e hiciera la tarea el día de mañana.
Su mamá salió del cuarto riendo por lo sucedido. Ella se quedó viendo su cuaderno. Se recostó en él. Pero recordó el porqué se había enfermado. Así que. Dejo su cuaderno ahí. Y se fue a su cama. Se tapó con su chamarra y abrazo un oso. Que Carol había comprado para su cumpleaños. Pero que no suele usar mucho. Pero esa noche. Lo ameritaba.
Despertó, se sentía genial, al cien por ciento. Al instante entro su mamá. Con el remedio que había recetado el doctor. No quería beberlo. Pues no tenía el mejor de los sabores, según ella. Hasta que lo tomo. No con mucho gusto. Pero después de ver la dulce mirada de su mamá. Termino accediendo.
Llego al comedor después de haberse alistado. Su papá estaba en la mesa. Y pregunto como estaba. Sí se sentía bien. No había podido estar ahí en la mañana por un asunto de su trabajo. Y su querida esposa había olvidado avisarle de que su pequeña se encontraba enferma. Su mamá se disculpó. Dijo que por el miedo y los nervios de punta qué tenía en ese momento. Y que tras pasar todo ese suplicio. Se la paso toda la tarde hablando con la mamá de Carol. Y Olvidó por completo avisarle.
Él sonrió y puso la mano en la cabeza de su hija. Y luego la abrazo y agradeció a Dios que estuviera bien. Eso puso un poco nerviosa a Gabriela. Su papá no era tan cariñoso como se podría llegar a pensar. Pero eran muy pocas las veces que lo era. Y esas eran una de las pocas. Dejo de abrazarla y le dio un beso en la frente. Y después. Empezó el desayuno. Por una extraña razón. Ella se movió por sí misma y le devolvió el abrazo. Y le agradeció por todo lo que había hecho por ella y su mamá. Él sonrió y también le agradeció. Lloraron un poco. Hasta qué...
—buenas! Vine de.... —Carol apareció de repente. —ah...
—... —la mamá de Gabriela, puso su dedo índice sobre sus labios.
—entiendo. —dijo en voz baja.
Pasaron unos minutos, hasta que ambos se calmaron y Gabriela regreso a su asiento, aunque no pudo evitar ponerse roja de la vergüenza. Cuando vio a su amiga.
—tu... —ya en su habitación.
—no vi nada.
—¿en serio?
—sí.
—aaaah, bien.
—ja, ja, ja. ¿En serio te molesta que te haya visto abrazando a tu papá?
—¡Carol!
—¿Qué?
—no me molesta. Solo que... Me hace sentir un poco avergonzada. —hizo la mirada hacia otro lado.
—entiendo. No es normal que tus amigos te vean siendo cariñoso o cariñosa con tus papás. En especial tu papá. ¿Cierto?
—¡eso es lo que estoy diciendo! Yo... No pensé que tú estarías ahí y verías esa escena.
—¿pero qué tiene de malo? Yo soy cariñosa con papá. Le doy masajes en los hombros cuando está estresado. Dice que son los mejores. Porque ya no siente más estrés. Je, je.
—qué bien por ti. ¿Pero no te he ido a encontrar abrazando a tu papá y llorando los dos?
—no..., pero no me molestaría. Eres mi mejor amiga. Y que mi mejor amiga me vea hacerlo y no sentir vergüenza es porque confío en que ella no se lo dirá a nadie. ¿Cierto?
—sí...
—¿ves? Igual yo, no le diré a nadie lo que vi. Ni siquiera a clara. Somos amigas y esto quedará como un secreto entre amigas. ¿Sí?
—está bien... Confío en ti.
—gracias.
—¿Y qué haces por aquí?
—vine a ver como estabas. Solo eso.
—oh, pues como ya viste. Me encuentro muy bien.
—sí. Ya lo vi bien.
—Oye.
—¿sí?
—¿De casualidad no viste un pájaro por el camino?
—¿un pájaro?
—sí.
—uh... vi un montón. Bueno, como unos cuatro nada más. Estaban bonitos.
—¿y en dónde los viste?
—en un video. Lo vi cuando venía para acá. ¿Lo quieres ver?
—no, gracias... —mirada de decepción.
—¿está bien?
Aaaah, quisiera encontrarlo rápido y así poder saber, ¡cómo lo sabe!
—¿Quién? —Carolina la veía con mucha atención.
—¿Eh?